domingo, 31 de mayo de 2026

MES DE MARÍA MEXICANO o sea LAS FLORES DE MAYO CONSAGRADAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA. (1868). DÍA 31.

 


Por Lucio Marmolejo.

Decretado por Lllmo. Sr. Lic. D. Clemente de Jesús Munguía, Obispo de Michoacán, así lo decretó y firmó. México 26 de Diciembre de 1851.

Librería de Rosa y Bouret, 18 calle San José el Real 18. 1868. Propiedad de los editores.


DIA TREINTA Y UNO: 31 de mayo.

 

    


Visita a la Imagen de NUESTRA SEÑORA DE ZAPOPAN, que se venera en su Santuario, extramuros de la ciudad de Guadalajara.

 

   La célebre y portentosa Imagen de Nuestra Señora de Zapopan, es el amparo y refugio de la opulenta ciudad de Guadalajara, y en más de trescientos años que tiene de veneración de aquellos habitantes, nunca ha desatendido sus ruegos, ni despreciado sus súplicas; antes bien las ha despachado favorablemente, aun a costa de asombrosos prodigios, según vamos a ver luego.

   Trajo esta Imagen de España el R. P. Fr. Antonio Segovia, y la llevó consigo en todas sus penosas peregrinaciones durante la conquista y después de ella, y siempre experimentó su benéfico patrocinio. El año de 1541 fundó, en compañía de Nicolás de Bobadilla, la villa de Zapopan, que hoy puede considerarse como un arrabal de Guadalajara, y colocó en el templo la portentosa Imagen: desde luego comenzó, por medio de prodigios, a conciliarse la veneración de toda la comarca, y a los cien años, es decir, en 1641, mandó el Ilmo. Sr. Obispo de Guadalajara, D. Jua n Ruiz Colmenero, levantar acerca de ellos un a información jurídica. Con esto se aumentaba cada día más la devoción de los habitantes de Guadalajara, quienes, no contentos ya con el primitivo templo, determinaron fabricarle otro aún más suntuoso, y es el bello Santuario en que hoy se venera; hubo algunas dificultades en su fábrica; pero al fin fue solemnemente dedicado por el lllmo. Señor D. Nicolás Gómez de Cervantes, en el mes de Setiembre de 1729. Cada día han ido adornando los devotos de la Señora más y más el templo, y no contentos todavía con esto, fundaron en el año de 1816 un Colegio de Misioneros Apostólicos, a expensas de la Sra. Doña María Barrena y Vizcarra, para los mayores cultos de Nuestra Señora de Zapopan.

   Es la Santa Imagen de escultura, de poco menos de vara y media de alto, de hermosa proporción y talle bien formado: su advocación es de la Expectación, por otro nombre de la 0; misterio que se, celebra solemnemente el día 18 de Diciembre. El año de 1754 fue jurada por la ciudad de Guadalajara patrona contra las tempestades, y desde entonces comenzó la costumbre de llevarla anualmente a la Santa Iglesia Catedral el 13 o 14 de Junio, volviéndola a su Santuario el 4 o 5 de Octubre, y en ambas procesiones manifiesta aquella hermosa capital su devoción con grandes demostraciones de regocijo.

  Ya indicamos que María en la invocación de esta Santa Imagen, ha obrado por todo el obispado de Guadalajara tan admirables como numerosos portentos, los que, en su mayor parte, han sido jurídicamente autenticados por los lllmo. Sres. Obispos dé la diócesis: el «Zodiaco Mariano» refiere varios, y de ellos y de allí extractamos los siguientes:

   Llevaron una ocasión la Santa Imagen por todo el Obispado, para solicitar limosnas para su culto, y habiendo llegado al pueblo de Jochitlan, estaba en él un indio ciego desde su nacimiento, el cual, lleno de confianza en la Santísima Virgen, se hizo llevar a su presencia, y habiéndose hecho tocar los ojos con la Santísima Imagen, se halló en el acto con la vista de que jamás había disfrutado.

   Yendo la Santa Imagen en la peregrinación, 0salió una mañana de Jolapan, y se levantó una tempestad terrible que inundó todos los alrededores; pero no cayó ni una gota de agua sobre la Imagen ni sobre los que la llevaban: llegaron al rio Zacatengo, y en sus riberas había muchas personas detenidas por venir el rio muy crecido y ser muy impetuoso: entonces los conductores de la Imagen, por un impulso superior, se arrojaron al rio sin atender a su rápida corriente, y luego que entró en él esta verdadera arca del Nuevo Testamento, detuvo su ímpetu, y todos los que estaban detenidos pasaron sin temor alguno.



   Un hombre, por grandes infortunios que le habían sucedido, salió desesperado de su casa sin saber a dónde ir, y estando ya en el campo, intentó por varias veces ahorcarse o precipitarse al fondo de una profunda barranca; pero todas ellas se le apareció la Santísima Virgen, y le impidió que verificara tan diabólico intento. Estando ya muy entrada la noche, se encontró el hombre en Zapopan, de cuya prodigiosa Imagen ni tenía noticia: comunicó cuanto le había sucedido al cura, el cual procuró consolarlo, y lo llevó al Santuario a que hiciera oración; y en el momento que vio la Imagen, reconoció, tan asombrado como agradecido, que aquella habia sido su libertadora, y se encontró armado de heroica paciencia para soportar 0sus trabajos, que terminaron en breve.

   Andaba un muchacho jugando, y habiéndolo arrojado por tierra un carruaje, le pasaron las ruedas por la cabeza, y se la magullaron completamente, en término de sacarle los ojos de sus órbitas, y quedando muerto a juicio de todos; pero llevado ante la Santísima Imagen, al punto resucitó, volviendo a su lugar los ojos y quedando enteramente sano.



   Otros innumerables prodigios podríamos referir; pero nos hemos extendido mucho: el que guste, puede leerlos en el «Zodiaco Mariano» concluyamos, pues, dando muchas gracias a Dios, que así sabe glorificar a su Santísima Madre, y confiando mucho en que la Virgen poderosísima nos dará virtud en esta vida y salvación en la otra.

 

VIDA DE MARÍA

Coronación de María.




 

   No contento el Dios Omnipotente con recibir a María en la gloria con la pompa y magnificencia extraordinaria que le concedió en su gloriosa Asunción, dispuso coronarla como Soberana Emperatriz de todo lo criado. Manda que todos los moradores del cielo se humillen delante de María, y el Padre Eterno la corona como a su Hija, el Divino Verbo como a su Madre, y el Espíritu Santo como a su Esposa, haciéndola desde luego la depositaría de todos los dones del cielo, el conducto por donde se comunica la divina gracia, y glorificándola tanto, que todas las inteligencias creadas del cielo y de la tierra, se empeñarán en vano por comprender su gloria.

 

GLORIA DE MARÍA

María, hermoso Laurel.

(Laurus nobilis)

 



Los ilustres guerreros, los Césares, los emperadores, han ceñido sus frentes con el hermoso follaje del laurel; queriendo simbolizar con esto su inmarcesible gloria. ¿Cómo, pues, no ceñir con él la frente de María, para representarnos la gloria, poco menos que infinita, que recibió en su coronación en el cielo? La ceñiremos, pues, con el laurel; pero confesando que es un símil muy pobre, una expresión muy débil de la gloría que posee María Santísima en el cielo; porque ¿cómo representarla con alegorías humanas, cuando los ángeles no podrían encontrar una conveniente? Pero ya que no tenemos más, representémonos hoy a María coronada con frescos laureles, tomando posesión del Imperio del cielo y de la tierra, y confesémonos regocijados los últimos y más indignos de sus súbditos.

 



ORACIÓN


   ¡Poderosísima Virgen María, Emperatriz del cielo y de la tierra, Reina y Soberana de todo lo criado y Madre, Señora y Abogada nuestra! anonadados al contemplar tu elevada grandeza, recordamos hoy llenos de júbilo la excelsa gloria a que fuiste exaltada el día de tu coronación en el cielo, y confesándonos los más viles y despreciables pecadores en tu augusta presencia, nos postramos a tus reales plantas, reconocemos, alabamos y bendecimos tu maternal bondad, que no obstante tu elevada grandeza y nuestra suma pequeñez, te dignas atendernos y favorecernos, y aun nos permites te llamemos con el dulce nombre de Madre. ¡Oh Gran Señora! auxílianos, para, que correspondamos a tan grande y singular favor: protéjanos en todo como a la dichosa ciudad de Guadalajara por medio de tu Santa Imagen de Zapopan, y fuertes así contra los ataques de nuestros tres enemigos capitales, observaremos en esta vida los preceptos de la divina ley de tu Santísimo Hijo, y a la hora de la muerte, con tu poderosa asistencia, te iremos a proclamar en el cielo nuestra augusta Soberana y nuestra tierna Madre. Amén.

 

ORACIÓN

Que se dirá todos los días antes de la meditación.

 

   Advierte, alma mía, que estás en la presencia de Dios, mas íntimamente presente a Su Majestad, que a ti misma. Está mirando él Señor todos tus pensamientos, afectos y movimientos interior y exteriormente. Lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más: pobre, miserable é inmunda, con la abominable lepra de todos los pecados con que has ofendido hasta aquí su infinita bondad. Pero el Señor, obligado del peso de su misma infinita misericordia, desea más que tú misma darte el perdón general de todas tus culpas y el logro de esta meditación. ¿Qué hicieras, si supieras que era la última de tu vida? Puede ser que no tengas otra de tiempo tan oportuno. Ahora puedes conseguir con un pequé de corazón, lo que no conseguirán con eterno llanto los condenados en el infierno, que es el perdón de tus pecados. Alerta, pues: no pierdas tiempo tan precioso, por amor de Dios.

 

   Creo, Señor, que estáis íntimamente presente a mi corazón. Os doy las gracias por los innumerables beneficios que he recibido, y recibo en cada instante, de vuestra infinita liberalidad y misericordia, especialmente porque me habéis conservado hasta aquí la vida, habiendo yo merecido tantas veces las penas del infierno por mis pecados. Concededme, Padre amorosísimo, un corazón agradecido a vuestras grandes misericordias, y el logro de esta meditación, a mayor honra y gloria vuestra y bien de mi alma. Esté yo en vuestra divina presencia con la humildad, atención y reverencia de alma y cuerpo que corresponde en una vilísima criatura, cual yo soy, que tantas veces os ha despreciado con ofenderos en vuestra misma presencia. Detesto de todo corazón mis pasadas ingratitudes; las aborrezco, por ser ofensas de vuestra infinita bondad: me pesa en el alma de haberos ofendido, por ser quien sois. Quisiera deshacer todos mis pecados, por ser desprecio de un Dios infinitamente bueno. Dadme, Criador y Dueño mío amabilísimo, verdadera contrición de todos mis pecados, y propósito firmísimo de la enmienda.

 

   Bien conozco que no hay en mí otra cosa que la nada, y sobre la nada el pecado. No soy en vuestra divina presencia más que un condenado, y condenado tan innumerables veces, cuantas he repetido las ofensas de vuestra infinita bondad. Compadeceos, Dios mío, de mis tinieblas: no permitáis que pierda tiempo tan oportuno. Enseñadme a tener oración; regid mi memoria; alumbrad mi entendimiento; moved mi voluntad. Obligaos de vuestra misma bondad y de los méritos infinitos de vuestra Santísima vida, pasión y muerte, y de los méritos é intercesión de vuestra Santísima Madre. Poned, Señora, en mi corazón aquellos pensamientos, afectos y determinaciones que son del agrado de vuestro Santísimo Hijo.

 


MEDITACIÓN

 

1°—Contemplemos la espléndida magnificencia del Señor, que premió de un modo tan grandioso las relevantes virtudes de su Santísima Madre, coronándola en el cielo como Reina de todas las criaturas, y solo inferior a su Divina Majestad.

 

2º—Consideremos cuán grande, cuán sublime y excelsa es la gloria de que María disfruta en su elevado trono, colocado a la diestra del de su Santísimo Hijo, y alegrémonos en gran manera al pensar que su poder es proporcional a su gloria, y que lo empleará en favor nuestro, como una Madre en favor de sus hijos.

 

3º—Proclamemos a María con todo nuestro corazón, como a nuestra Reina y Señora, y honrémonos, confesándonos sus súbditos y esclavos, confiando mucho en su favor y rogándole por la mediación de la milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Zapopan, que nos ampare y proteja como a la dichosa ciudad de Guadalajara.

 

ORACIÓN

Que se dirá todos los días después de la Meditación.

 

   ¡Clementísimo Dios y Señor de mi corazón! ¡dulcísimo Jesús mío! ¡sacramentado dueño de mi alma! Os doy las gracias con todo el afecto de mi pobre corazón, porque me habéis concedido este tiempo para que medite. Perdonad, Señor, las distracciones, negligencias, flojedad y todos los demás defectos en que he incurrido en esta Meditación: quedo en ella convencido.... y resuelto.... Conozco que todos mis pecados, aunque tan enormes, no pueden extinguir vuestra infinita bondad: en ella espero firmemente que me habéis de ayudar con vuestra gracia, para que eternamente os ame, os sirva, conozca y ponga por obra vuestra santísima voluntad. Asi lo espero de vuestra infinita piedad y misericordia, y de los méritos y poderosísima intercesión de vuestra Santísima Madre.

 

—Ave María.

 

CANTO





   Subió, por fin, María

Mas allá de los astros rutilantes,

Y se sentó en su trono de diamantes

Cerca, muy cerca, del Señor del día.

 

   A sus pies se postraron

Ángeles y querubes inmortales,

Y todas las criaturas celestiales

Como a su augusta Reina la aclamaron.

 

   Entonces el Padre Eterno

Puso en sus sienes la imperial corona,

Que a sus augustas plantas eslabona

Los cielos y la tierra y el infierno.

 

   También como a su Madre

Le colocó sobre su hermosa frente

Espléndida corona refulgente

Él Hijo Eterno del Eterno Padre.

 

   Y al término llegada

De su glorioso y singular destino,

La coronó el Espíritu Divino

Como a su tierna Esposa inmaculada.

 

   Al mirar gloria tanta,

Los ángeles de amor se estremecieron,

Y sus labios purísimos pusieron

Donde puso su pie la Virgen Santa.

 

   Nosotros humillemos

Nuestra cabeza altiva y orgullosa,

Y a esta Virgen tan grande y poderosa,

Señora y Reina nuestra confesemos.

 

PRÁCTICA PARA MAÑANA

 

Recibir Sacramentalmente el adorable cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, y si hubiere algún obstáculo invencible, al menos comulgar espiritualmente.

 

 

 


sábado, 30 de mayo de 2026

MES DE MARÍA MEXICANO o sea LAS FLORES DE MAYO CONSAGRADAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA. (1868). DÍA 30.

 


Por Lucio Marmolejo.

Decretado por Lllmo. Sr. Lic. D. Clemente de Jesús Munguía, Obispo de Michoacán, así lo decretó y firmó. México 26 de Diciembre de 1851.

Librería de Rosa y Bouret, 18 calle San José el Real 18. 1868. Propiedad de los editores.




DIA TREINTA: 30 de mayo.

 



Visita a la Imagen de NUESTRA SEÑORA DEL ZAPE, que se venera en la iglesia del pueblo de este nombre.

 

Esta Santa Imagen, que algunos suelen llamar Nuestra Señora de los Mártires, por los religiosos que murieron en la sublevación de los Tepehuanes, es sin duda la más venerada de todo el Estado y Diócesis de Durango, siendo muchos los peregrinos que constantemente la visitan.



         He aquí su historia:

   Estaba en las misiones de Tepehuana el Padre Juan del Valle, que era devotísimo de la Santísima Virgen, y la celebraba siempre con cuanta magnificencia podía: para más promover el culto de la Señora, mandó hacer a México una bellísima Imagen suya el año de 1616, y preparó entonces la fiesta con mayor solemnidad, para colocar la Santísima Imagen en la iglesia del pueblo del Zape. Pero sobrevino la espantosa sublevación de los indios tepehuanesa, y en 18 de Noviembre del citado año 1616, entraron a dicho pueblo, dieron muerte a todos los misioneros, y destruyeron la Santa Imagen, ultrajándola mucho y arrojándola por fin despedazada en un pozo. Sabiendo esto un capitán que se hallaba en Guanacebí, hizo voto a Dios de que, si le libraba de los indios, mandaría hacer otra Imagen de la Santísima Virgen, y la adornaría cuanto pudiese. Esta Imagen a quien se consagra este día, fue hecha, en efecto, en cumplimiento del voto, y colocada con gran pompa en la iglesia del pueblo del Zape tan luego como calmó la tempestad, siendo desde luego el amparo y consuelo de aquel pueblo y sus contornos y de todo el Estado de Durango; de suerte que, según dijimos, esta iglesia es el Santuario más venerado de todo él.

   El autor del «Zodiaco Mariano» asegura ser muchos los prodigios obrados por medio de esta Soberana Imagen; de sanidades de enfermedades peligrosas, de haberse libertado muchos caminantes de inminentes peligros, y otros varios que no especificamos por no haberlos encontrado descritos.

 

 

VIDA DE MARÍA

Asunción de la Santísima Virgen.




Murió María, y su cadáver Sacratísimo está ya depositado en un lúgubre sepulcro; pero ¿qué será posible que allí permanezca hasta el día de la resurrección general? Él cuerpo que llevó en su seno al Redentor, el cuerpo que alimentó con la leche de sus purísimos pechos al Hijo del Altísimo, el cuerpo castísimo de María, cuya pureza superó a la de los espíritus celestiales, ¿podrá ser pasto de gusanos? ¿podrá ser vuelto a la tierra de que fue formado? ¡Oh! no, mil veces no: Dios extiende su omnipotente mano sobre ese cuerpo, María resucita, sale triunfante del sepulcro; es asunta al cielo, y toma posesión de un trono muy cerca del solio de la Santísima Trinidad.

 

IMM0RTALIDAD DE MARÍA

María, inmarcesible Siempreviva.

(Aizóon canariense)

 



La planta de la siempreviva, según lo indica su mismo nombre, permanece fresca y lozana en todas las estaciones del año; jamás pierde el jugo de sus hojas, nunca se aja, ni se marchita: he aquí por qué los poetas la han escogido con muy justa razón, para simbolizar la inmortalidad. Nosotros representémonos hoy a María como lozana siempre viva, inmortal, porque su santísimo cuerpo jamás se marchitó; inmortal porque vive y vivirá en el cielo, que es la mansión de los vivientes, por toda una eternidad: inmortal, porque su memoria no se acabará jamás entre los hombres que la proclamamos nuestra vida, nuestro amparo y nuestra felicidad, porque es nuestra Madre.

 



ORACIÓN

 

   ¡Sacratísima Virgen María, Madre y Señora nuestra! llenos de admiración te contemplamos hoy resucitada y asumpta al cielo en cuerpo y alma, para tomar posesión del trono sublime de que te hicieron digna tus heroicas virtudes. Los espíritus celestiales se ven unos a otros llenos de admiración, y se preguntan asombrados: ¿quién es esta que sube del desierto, hermosa como la Luna, escogida como el Sol, y terrible como un ejército en orden de batalla? Por esa única y singular prerrogativa que te concedió el Señor, te suplicamos humildemente, que nuestras almas suban al cielo, así como tú subiste en cuerpo y alma, para alabarte y bendecirte en aquella mansión de las eternas delicias por todos los siglos. Amén.

 

ORACIÓN

Que se dirá todos los días antes de la meditación.

 

   Advierte, alma mía, que estás en la presencia de Dios, mas íntimamente presente a Su Majestad, que a ti misma. Está mirando él Señor todos tus pensamientos, afectos y movimientos interior y exteriormente. Lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más: pobre, miserable é inmunda, con la abominable lepra de todos los pecados con que has ofendido hasta aquí su infinita bondad. Pero el Señor, obligado del peso de su misma infinita misericordia, desea más que tú misma darte el perdón general de todas tus culpas y el logro de esta meditación. ¿Qué hicieras, si supieras que era la última de tu vida? Puede ser que no tengas otra de tiempo tan oportuno. Ahora puedes conseguir con un pequé de corazón, lo que no conseguirán con eterno llanto los condenados en el infierno, que es el perdón de tus pecados. Alerta, pues: no pierdas tiempo tan precioso, por amor de Dios.

 

   Creo, Señor, que estáis íntimamente presente a mi corazón. Os doy las gracias por los innumerables beneficios que he recibido, y recibo en cada instante, de vuestra infinita liberalidad y misericordia, especialmente porque me habéis conservado hasta aquí la vida, habiendo yo merecido tantas veces las penas del infierno por mis pecados. Concededme, Padre amorosísimo, un corazón agradecido a vuestras grandes misericordias, y el logro de esta meditación, a mayor honra y gloria vuestra y bien de mi alma. Esté yo en vuestra divina presencia con la humildad, atención y reverencia de alma y cuerpo que corresponde en una vilísima criatura, cual yo soy, que tantas veces os ha despreciado con ofenderos en vuestra misma presencia. Detesto de todo corazón mis pasadas ingratitudes; las aborrezco, por ser ofensas de vuestra infinita bondad: me pesa en el alma de haberos ofendido, por ser quien sois. Quisiera deshacer todos mis pecados, por ser desprecio de un Dios infinitamente bueno. Dadme, Criador y Dueño mío amabilísimo, verdadera contrición de todos mis pecados, y propósito firmísimo de la enmienda.

 

   Bien conozco que no hay en mí otra cosa que la nada, y sobre la nada el pecado. No soy en vuestra divina presencia más que un condenado, y condenado tan innumerables veces, cuantas he repetido las ofensas de vuestra infinita bondad. Compadeceos, Dios mío, de mis tinieblas: no permitáis que pierda tiempo tan oportuno. Enseñadme a tener oración; regid mi memoria; alumbrad mi entendimiento; moved mi voluntad. Obligaos de vuestra misma bondad y de los méritos infinitos de vuestra Santísima vida, pasión y muerte, y de los méritos é intercesión de vuestra Santísima Madre. Poned, Señora, en mi corazón aquellos pensamientos, afectos y determinaciones que son del agrado de vuestro Santísimo Hijo.

 


MEDITACIÓN

 

1°—Meditemos en la gloriosa Asunción al cielo de la Santísima Virgen María: contemplémosla resucitada triunfante, que salió del sepulcro y fue elevada majestuosamente al cielo, en alas de los espíritus celestiales, y démosle los más afectuosos parabienes por tan extraordinario y singular honor. 

 

2º—Demos humildes y rendidas gracias a Dios Nuestro Señor, por este nuevo y magnífico don de su omnipotencia infinita en favor de María Santísima, pues quiso glorificar, no solamente su purísima alma, sino también su sagrado cuerpo, no permitiendo que esperase la resurrección universal para ir al cielo.

 

3º—Pongamos a la vista de la misma Gran Señora todos estos singulares honores que Dios le concedió, y pidámosle por ellos que nos mire con ojos de misericordia, que nos proteja en las adversidades, que nos defienda en las tentaciones, y que nos salve a la hora de nuestra muerte.

 


ORACIÓN

Que se dirá todos los días después de la Meditación.

 

   ¡Clementísimo Dios y Señor de mi corazón! ¡dulcísimo Jesús mío! ¡sacramentado dueño de mi alma! Os doy las gracias con todo el afecto de mi pobre corazón, porque me habéis concedido este tiempo para que medite. Perdonad, Señor, las distracciones, negligencias, flojedad y todos los demás defectos en que he incurrido en esta Meditación: quedo en ella convencido.... y resuelto.... Conozco que todos mis pecados, aunque tan enormes, no pueden extinguir vuestra infinita bondad: en ella espero firmemente que me habéis de ayudar con vuestra gracia, para que eternamente os ame, os sirva, conozca y ponga por obra vuestra santísima voluntad. Asi lo espero de vuestra infinita piedad y misericordia, y de los méritos y poderosísima intercesión de vuestra Santísima Madre.

 

—Ave María.


CANTO

 


   Se alzó la Virgen como el Sol radiante

Y su sepulcro lúgubre dejó,

Y la luz de su cuerpo fulgurante

Del arcángel la vista deslumbró.

 

   Se alzó como se alza vencedora

La palma entre las flores del jardín,

Y postrado a los pies de su Señora,

Se humilló en su presencia el querubín.

 

   Vinieron los espíritus del cielo

Cual pueblo ante caudillo triunfador,

Y a la Virgen alzaron desde el suelo

Hasta cerca del trono del Señor.

      

   Los ángeles de asombro se extasiaban

Al contemplar tan singular Mujer,

Y unos a otros luego preguntaban

Quién aquella Criatura podría ser.

 

   ¿Quién es, decían, quién es esta Criatura

Bella como de aurora el arrebol,

Como la Luna y las estrellas pura,

Brillante y escogida como el Sol?

 

   ¿Quién es esta que sube del desierto

En brazos de su Amado y su Señor,

Que abandonando su sepulcro yerto

Viene á reinar á la eternal mansión?

 

 

   ¡Ah! la Madre de Dios es la que sube,

Que sobre cielo y tierra va a reinar:

Por eso encima de una blanca nube,

En el espacio la miráis vagar;

 

Por eso veis que a recibirla viene

Hasta la tierra el eternal Jehová,

Y la conduce al trono que le tiene

Junto a su solio preparado ya.

 

PRÁCTICA PARA MAÑANA


La tercera parte del Rosario de misterios gloriosos.

      

 

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