sábado, 19 de septiembre de 2026

NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE. —19 de septiembre.

 


 El 19 de septiembre de 1846, en La Salette, en los Alpes franceses, la Santísima Virgen se le apareció a dos pastorcitos, Maximino Giraud, que contaba a la sazón 9 años y remplazaba a un pastor de Pierre Selme que se hallaba enfermo, y Melania Calvat, de 14 años de edad. Los dos niños eran ignorantes y provenientes de familias muy pobres de Corps, una aldea cercana. Pocos días antes, no se conocían. A ellos fue que la Reina de los Cielos escogió para desbordar Su Corazón doloroso y «anunciar una gran noticia».

  

   A mediados de septiembre, un campesino de los Ablandins, Pedro Selme, tiene a su pastor enfermo. Desciende al pueblo de Corps, a la casa de su amigo, el carretero Giraud, y le dice: «Préstame a tu Maximino por algunos días…».  «¿Memín, pastor? ¡Es muy descuidado para eso…»!

 

   Discuten, transigen… y el 14 de septiembre tenemos al joven Maximino en los Ablandins. El 17, ve a Melania en la aldea. El 18, van a guardar sus rebaños en los terrenos comunales, en el monte Le Planeau. Por la tarde, Maximino busca entablar conversación. Melania se muestra remisa. Descubren, no obstante, un punto común: los dos son de Corps. Quedan en volver juntos al mismo lugar al día siguiente.

 

   Así pues, el sábado 19 de septiembre de 1846, temprano, los dos niños cruzan las pendientes del monte, cada uno llevando sus cuatro vacas. Maximino, además, su cabra y su perro Loulou. El sol resplandece sobre los pastos. A mitad de la jornada, el Ángelus suena allá abajo en el campanario de la iglesia de la aldea. Entonces los pastores conducen sus vacas a “La fuente de las bestias”, una pequeña represa que forma el arroyuelo que baja por la quebrada del Seiza. Después las llevan hacia una pradera llamada “Le Chômoir”, en las laderas del monte Gargas. Hace calor, las bestias se ponen a rumiar.

 

   Maximino y Melania suben un pequeño valle hasta “La fuente de los hombres”. Junto a la fuente toman su frugal comida: pan con un trozo de queso de la región. Otros pequeños pastores que “guardan” más abajo se les unen y charlan entre ellos. Después de su partida, Maximino y Melania cruzan el arroyo y descienden unos pasos hasta dos bancos de piedras apiladas, cerca de la hondonada seca de una fuente agotada: “La pequeña fuente”. Melania pone su pequeño talego en el suelo, y Maximino su blusa y merienda sobre una piedra.

 

   Contrariamente a su costumbre, los dos niños se tumban sobre la hierba… y se duermen. Hace buen tiempo al sol de este fin de verano, no hay una nube en el cielo. Al rumor del arroyo se añade además la calma y el silencio de la montaña. Pasa el tiempo…

  

   ¡Bruscamente, Melania se despierta y sacude a Maximino! «¡Mémin, Mémin, rápido, vamos a ver nuestras vacas... ¡No sé dónde están!». Rápidamente suben la pendiente opuesta al Gargas. Al volverse, perciben todo el pastizal: sus vacas están allá, rumiando plácidamente. Los dos pastores se tranquilizan. Melania comienza a descender. A media pendiente, se queda inmóvil y asustada, deja caer su garrote: «¡Mémin, ven a ver, allá, una claridad!».

  

   Cerca de la pequeña fuente, sobre uno de los bancos de piedra… un globo de fuego: «Es como si el sol se hubiera caído allí». Pero el sol continúa brillando en un cielo sin nubes. Maximino acude gritando: «¿Dónde está? ¿Dónde está?». Melania señala con el dedo hacia el fondo del barranco donde ellos habían estado durmiendo. Maximino se acerca a ella, paralizada de miedo, y le dice: «¡Vamos, coge tu garrote! Yo tengo el mío y le daré un buen golpe si nos hace algo». La claridad se mueve, gira sobre sí misma. Les faltan palabras a los dos niños para indicar la impresión de vida que irradia este globo de fuego. 




   En él una mujer aparece, sentada, la cara oculta entre sus manos, los codos apoyados sobre las rodillas, en una actitud de profunda tristeza.

  

 Fragmento de roca donde la Virgen se sentó al comienzo de su aparición.





   La Bella Señora se levanta. Ellos no han dicho una sola palabra. Ella les habla en francés: «¡Acercaos, hijos míos, no tengáis miedo, estoy aquí para contaros una gran noticia!». Entonces, descienden hacia ella. La miran, ella no cesa de llorar: «Parecía una madre a quien sus hijos habían pegado y se había refugiado en la montaña para llorar». 





   La Bella Señora es de gran estatura y toda de luz. Está vestida como las mujeres de la región: vestido largo, un gran delantal a la cintura, pañuelo cruzado y anudado en la espalda, gorra de campesina. Rosas coronan su cabeza, bordean su pañuelo y adornan sus zapatos. En su frente una luz brilla como una diadema. Sobre sus hombros pesa una gran cadena. Una cadena más fina sostiene sobre su pecho un crucifijo deslumbrante, con un martillo a un lado y al otro unas tenazas.

  


   «Ha llorado durante todo el tiempo que nos ha hablado». Juntos, o separados, los dos niños repiten las mismas palabras con ligeras variantes que no afectan al sentido. Y esto, cualesquiera que sean sus interlocutores: peregrinos o simples curiosos, personalidades civiles o eclesiásticas, investigadores o periodistas. Que sean favorables, lleven buenas intenciones o no, he aquí lo que ellos nos han trasmitido:

  

   «Acercaos, hijos míos, no tengáis miedo, estoy aquí para contaros una gran noticia».

  

   «La escuchamos, no pensamos en nada».

  


   «Si mi pueblo no quiere someterse, me veo obligada a dejar caer el brazo de mi Hijo. Es tan fuerte y tan pesado que no puedo sostenerlo más. ¡Hace tanto tiempo que sufro por vosotros! Si quiero que mi Hijo no os abandone, estoy encargada de rogarte sin cesar por vosotros, y vosotros no hacéis caso. Por más que recéis, por más que hagáis, jamás podréis recompensar el dolor que he asumido por vosotros. Os he dado seis días para trabajar; me he reservado el séptimo, ¡y no se quiere conceder! Esto es lo que hace tan pesado el brazo de mi Hijo. Y también los que conducen los carros no saben jurar sin poner en medio el nombre de mi Hijo. Son las dos cosas que hacen tan pesado el brazo de mi Hijo. Si la cosecha se pierde, sólo es por vuestra culpa. Os lo hice ver el año pasado con las patatas, ¡y no hicisteis caso! Al contrario, cuando las encontrabais estropeadas, jurabais, metiendo en medio el nombre de mi Hijo. Van a seguir pudriéndose, y este año, por Navidad, no habrá más». La palabra “pommes de terre” (patatas, en el francés parisino) intriga a Melania. En el dialecto de la región se dice de otra forma (“là truffà”). La palabra “pommes” evoca para ella el fruto del manzano. Ella se vuelve a Maximino para pedirle una explicación. Pero la Señora se adelanta: 

   «¿No comprendéis, hijos míos? Os lo voy a decir de otra manera». La Bella Señora repite en el dialecto de Corps desde “si la cosecha se pierde...” (Si la recolta se gasta nei rien qué per vous aoutres. Vous laiéou fa véire l'an passa per là truffà), y ya prosigue todo su mensaje en este dialecto: «Si tenéis trigo, no debéis sembrarlo. Todo lo que sembréis, lo comerán los bichos, y lo que salga se quedará en polvo cuando se trille. Vendrá una gran hambre. Antes de que llegue el hambre, a los niños menores de siete años les dará un temblor y morirán en los brazos de las personas que los tengan. Los demás harán penitencia por el hambre. Las nueces saldrán vanas, las uvas se pudrirán» (Si ava de bla, foou pas lou semena… Si vous avez du blé, il ne faut pas le semer. Tout ce que vous sèmerez, les bêtes le mangeront, et ce qui viendra tombera en poussière quand vous le battrez).

  





   De repente, aunque la Bella Señora continúa hablando, sólo Maximino la oye, Melania la ve mover los labios, pero no oye nada. Unos instantes más tarde sucede lo contrario: Melania puede escucharla, mientras que Maximino no oye nada, y se entretiene haciendo girar su sombrero en una punta de su cayado mientras que con el otro extremo lanzaba pequeñas piedras. «¡Ninguna tocó los pies de la Bella Señora!», dirá algunos días más tarde. 

   «Ella me contó algo diciéndome: “No dirás esto ni esto”. Después no entendí nada, y durante este tiempo, yo me entretenía».

  

   Así la Bella Señora habló en secreto a Maximino y luego a Melania, y de nuevo los dos juntos escuchan sus palabras: 

   «Si se convierten, las piedras y las rocas se cambiarán en montones de trigo y las patatas se encontrarán sembradas por las tierras. ¿Hacéis bien vuestra oración, hijos míos?».

  

   «No muy bien, Señora», responden los dos niños.

     

   «¡Ah! Hijos míos, hay que hacerla bien, por la noche y por la mañana. Cuando no podáis más, rezad al menos un padrenuestro y un avemaría, pero cuando podáis, rezad más. Durante el verano no van a misa más que unas ancianas. Los demás trabajan el domingo, todo el verano. En invierno, cuando no saben qué hacer; no van a misa más que para burlarse de la religión. En Cuaresma van a la carnicería como perros. ¿No habéis visto trigo estropeado, hijos míos?».

  

   «No, Señora», responden.

  

   Entonces ella se dirige a Maximino: «Pero tú, mi pequeño, tienes que haberlo visto una vez, en Coin, con tu padre. El dueño del campo dijo a tu padre que fuera a ver su trigo estropeado. Y fuisteis allá, tomasteis dos o tres espigas de trigo en vuestras manos las frotasteis, y todo se quedó en polvo. Después, al regresar; como a media hora de Corps, tu padre te dio un pedazo de pan, diciéndote: “¡Toma, hijo mío, come todavía pan este año que no sé quién lo comerá al año que viene si el trigo sigue así!”».

  

   Maximino responde: «Ah sí, es verdad, Señora, ahora me acuerdo, lo había olvidado».

  

   Y la Bella Señora concluye, no en el dialecto, sino en francés: «Bien, hijos míos, hacedlo saber a todo mi pueblo».

 

Obispo Filiberto de Bruillard



   El 19 de septiembre de 1851, Mons. Filiberto de Bruillard, Obispo de Grenoble, publica finalmente su “carta pastoral”. He aquí el párrafo esencial:

   «Juzgamos que la aparición de la Santísima Virgen a dos pastores, el 19 de septiembre de 1846, en una montaña de la cadena de los Alpes, situada en la parroquia de La Salette, del arciprestazgo de Corps, contiene en sí todas las características de la verdad, y que los fieles tienen fundamento para creerla indudable y cierta».

 

   La resonancia de esta carta pastoral es considerable. Numerosos obispos la hacen leer en las parroquias de sus diócesis. La prensa se hace eco en favor o en contra. Es traducida a numerosas lenguas y aparece notoriamente en el Osservatore Romano de 4 de junio de 1852. Cartas de felicitación afluyen al Obispo de Grenoble.

  

   La experiencia y el sentido pastoral de Filiberto de Bruillard no se detienen aquí. El 1 de mayo de 1852, publica una nueva carta pastoral anunciando la construcción de un santuario sobre la montaña de La Salette y la creación de un cuerpo de misioneros diocesanos que él denomina “Misioneros de Nuestra Señora de La Salette”. Y añade: «La Santa Virgen se apareció en La Salette para el universo entero, ¿quién puede dudarlo?». El futuro iba a confirmar y sobrepasar estas expectativas, el relevo estaba asegurado, se puede decir que Maximino y Melania han cumplido su misión.

  


   El Santuario de Nuestra Señora de La Salette está situado en plena montaña, a 1800 mts. de altitud en los Alpes franceses. De la atención del Santuario y su hospedería es responsable la Asociación de Peregrinos de La Salette por encargo de la diócesis de Grenoble. Los Misioneros y las Hermanas de Nuestra Señora de La Salette aseguran la animación y el funcionamiento, ayudados por capellanes, sacerdotes religiosos o diocesanos, religiosas, laicos asociados y por empleados asalariados y voluntarios.

 

   El 24 de agosto de 1852, Su Santidad Pío IX, concedió que fuera privilegiado el Altar Mayor del templo de La Salette; el 7 de septiembre fundó la Asociación de Nuestra Señora Reconciliadora de La Salette. La Hermandad Misionera de La Salette, los SALETINOS, cuyos frutos fueron y son muy provechosos para la Iglesia y para las Misiones. León XIII elevó el santuario al rango de Basílica y decretó la coronación canónica de “Nuestra Señora de La Salette”, efectuada por el Cardenal de París, el día 21 de Agosto de 1879. Nuestra Señora reveló en La Salette dos secretos, uno a Melania y otro a Maximino. El secreto dado a Melania constituye lo que comúnmente se conoce como “el Secreto de la Salette”. Un extracto del mismo fué publicado en 1879 por Melania, con imprimátur del Obispo de Lecce, Italia. En 1922 se dio a conocer el texto completo, con Licencia del Rvdo. Padre Alberto Lepidi O.P., Maestro del Sagrado Palacio y Asistente Perpetuo de la Congregación del Santo Oficio; y el 22 de Febrero de 1943 le fué concedida Misa propia a esta advocación.



ORACIÓN


 

   Oh Señor Jesucristo, que por tu Preciosa Sangre reconciliaste al mundo con Dios Padre, y te dignaste constituir a tu Santísima Madre Reconciliadora de los pecadores: concédenos te suplicamos, que, por la piadosa intercesión de la misma Bienaventurada Virgen María, conseguir el perdón de nuestros pecados. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

AGREGA TUS INTENCIONES Y REZAREMOS POR ELLAS... ROSARIO MES DE SEPTIEMBRE DEL 2026. DÍA 19.

 


MES DE SEPTIEMBRE, DEDICADO A LOS “DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA Y A SAN MIGUEL ARCÁNGEL”.


HOY: —LA APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE SALETTE Y SAN JENARO, OBISPO Y MÁRTIR.

 

LA APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE SALETTE.

 

Los niños pastores Maximino, de once años y Melanie, de quince, vieron a la Virgen María, el día 19 de septiembre de 1846, en una meseta montañosa al sudeste de Francia, cerca del poblado de la Salette. Estaban cuidando del ganado, tarea habitual de Melanie, pero para Maximino era todo nuevo. El día era muy caluroso y los dos acordaron en comer su almuerzo a la sombra. Se quedaron dormidos y al despertar el ganado no estaba. Lo encontraron pastando plácidamente. Volvieron a recoger sus utensilios en el lugar del almuerzo y vieron un globo luminoso. Vieron a una Señora que estaba sentada en una enorme piedra. Estaba amargamente llorando y el rostro lo tenía entre sus manos. La Señora se levantó y les dijo que no tuvieran miedo de ella y que les iba a comunicar importantes noticias para toda la humanidad. Al principio nadie les creyó. Pero el párroco de la Salette se quedó muy impresionado por el relato. Los niños fueron una y otra vez interrogados y siempre narraban lo mismo. Surgió una fuente cerca del lugar donde la Señora se había aparecido. El Obispo de la Salette encargó a dos teólogos la investigación de la aparición y de todas las curaciones de enfermos que desde entonces se producían cerca del pueblo. Después de 5 años de una rigurosa investigación, el obispo de Grenoble, Monseñor Philibert de Bruillard, reconoce la autenticidad de la Aparición. Finalmente, el Papa Pío IX aprobó la devoción a Nuestra Señora de la Salette.

 


 

SAN JENARO, OBISPO Y MÁRTIR.

 

Fué natural de Benevento y el eclesiástico más ejemplar de todo el clero, por lo cual, cuando vacó la silla episcopal de Benevento, le aclamaron obispo el pueblo y el clero, si bien no quiso aceptar el sagrado cargo hasta que el Sumo Pontífice le obligó por obediencia. Estando preso el diácono Sosio, fué San Jenaro a consolarle, y el gobernador de Campania le mandó sacrificar a los dioses; mas, negándose el Santo obispo, le hizo arrojar a un horno encendido, del que salió ileso. Puesto después en el potro, le arrancaron los nervios, y lo echaron en el anfiteatro, donde los leones, tigres y otras fieras se arrojaron a sus pies, lamiéndoselos. Viendo el tirano que esto servía para confusión de los infieles, dispuso se le corte la cabeza, lo que se ejecutó en la plaza Vulcana, el día 19 de Septiembre, hacia el fin del tercer siglo.

 


 

—Y en otras partes se hace la fiesta y la conmemoración de otros muchos santos Mártires, Confesores y santas Vírgenes.

 

Alabado y glorificado sea Dios eternamente.

 

 

DOLOROSA y llorosa, oh Virgen María, estás al pie de la cruz del Señor Jesús. Tu Hijo Redentor. Oh Virgen Madre de Dios, Aquél a quien el mundo entero no puede contener, siendo Autor de la vida hecho hombre, sufre este suplicio de la cruz.

 

BENDECID al Señor todos vosotros, Ángeles suyos; vosotros los poderosos que ejecutáis sus órdenes, prontos a obedecer la voz de sus mandatos. Bendice, alma mía, al Señor: y bendigan todas mis entrañas su santo nombre.

 

 

Rezaremos pidiendo, este mes de septiembre, en reparación a las cinco especies de ofensas que se profieren a nuestra Madre Santísima y que son:

 

 

1—Blasfemias contra la Inmaculada Concepción.

 

2—Blasfemias contra su virginidad.

 

3—Blasfemias contra su maternidad divina, rechazando al mismo tiempo reconocerla como Madre de los hombres.

 

4—Blasfemias de aquellos que buscan públicamente sembrar en los corazones de los niños la indiferencia o el menosprecio, o hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada.

 

5—Las ofensas de aquellos que la ultrajan directamente en sus santas imágenes.

 

 

ORACIÓN:

 

Te rogamos, oh Señor Jesucristo, permitas que tu Madre, la Santísima Virgen María, cuya santa alma fue traspasada por la espada del dolor en la hora de tu Pasión, implore tu misericordia sobre nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

 

 

Las intenciones y pedidos de este mes de septiembre en nuestro rezo del Santo Rosario en este grupo a nuestra Madre Santísima, serán:

 

—Por la curación de nuestro cuerpo, pero en forma especial por la de nuestras almas.

—Por las vocaciones Sacerdotales y religiosas.

—Por los buenos sacerdotes.

—Por la salud de mi suegro.

—Por la mía y la de mi esposo.

—Por la salud de mi cuñado Oscar, por su pronta recuperación, por mi hermana y mis sobrinos. 

—Por la salud de mis hermanas: Yolanda y Karina, también de mis cuñados: Deme, Oscar y Marcos.

—Por mis sobrinos/as en general y por sus familias.

—Gracias infinitas a María Santísima, por favores recibidos en mi familia.

—Por los estudios de mis hijos Matías y Fátima.

—Por la entrevista de trabajo que tendrá mi hija, Madrecita Santísima bendice a quienes hicieron posible esto, tu más que nadie lo sabes.

—Por los estudios de mi yerno Hugo y mi nuera Brisa.

—Por mis nietos: Santiaguito, Facundito y Ángeles, para que María Santísima me los cuide y me los proteja en su salud.

—Por mi hija Lara y mi yerno Nico.

—Por la salud de Marta Bonastre, por mi consuegra.

—Por mis nietos que no pudieron conocer este mundo.

—Por mis vecinas Angélica y Lucy, que siempre están pendientes de las necesidades de los demás.

—Por muchas familias católicas.

—Por el mal momento que todavía estamos pasando y porque pronto podamos salir de ella.

—Por todas aquellas personas que nos ayudaron y ayudan en forma económica en esta Argentina en la cual no la estamos pasando muy bien.

—Por la salud de nuestra amiga Marta Mezzi y por su familia.

—Por el Señor Alexander Toledo y familia.

—Por la amiga María de los Ángeles Casusso y familia.

—Por nuestra amiga Ángela Suarez, por el descanso eterno de su esposo y por su familia.

—Por Luis Fernando Peñafiel Espinosa y familia.

— Por Marina Mtz y familia.

— Por Jessé Ramos y familia.

—Por Lidieth Bolaños y familia.

—Por el amigo Hernán Pablo Rossi y familia.

—Por la amiga Beatriz Gil y toda su familia.

—Por Carlos Tarazona Perez y familia.

—Por Cristian Díaz Colodrero y familia.

—Por Rascon Gabriela y familia.

—Por Alicia de Jesús y familia.

—Por Susana Jasso y familia.

—Por el amigo Jor Veliz y familia.

—Por Jessica Yoguez, por su esposo y toda su familia.

—Por la Señora Ana Abregu Mussatti y familia.

—Por la salud de la amiga Sandra Rosa Lopez Saenz.

—Por Pedro Salazar Astudillo que, desde Ecuador, nos pide por su salud (tumor benigno en hipófisis) y por empleo.

—Pedimos por la salud de Gerardo Suárez que está internado en el hospital por coma diabético, hermano de nuestro hermano en la fe Rodrigo Suárez.

—Por el alma de la esposa de nuestro amigo Oscar Méndez, por su nietita Rebeca para que siga mejorando en su salud, también por él y toda su familia.

—Gracias infinitas a María Santísima por la finalización exitosa de la quimio de Gabriel, amigo de mi hijo.

—Por los niños que viven en esta guerra maldita desatada por unos locos desquiciados.

—Por si mi olvido de algunos les digo que María Santísima ¡no! Asique también están en nuestras oraciones.

—Por las Benditas Almas del Purgatorio, por la más necesitada de ese lugar, en especial por las de mis padres, mis abuelitos, mis tíos, mis tías, mi prima Mirian, sobrinita Romina, mi nieta María Agustina, mi compadre Fausto, doña Juana y don Eduardo Ibarra, por Zulma, Teresa, Lalo, Eduardo y por la abuela Juana.

—Por el descanso eterno de mi hermana Irma y mi cuñado Arnaldo.

—Por el descanso eterno del alma de mi suegra Delia Esther Acosta, que encuentre la paz junto a Nuestro Señor.

—Por aquellos que quieren seguir atados al demonio del Gaucho Gil.

—Por muchos argentinos, que, como nosotros, les cuesta tener comidas hoy en sus mesas.

—Por la familia y los matrimonios.

—Por todas aquellas personas que nos siguen en nuestros grupos, ya nuestra Madre Santísima que conoce el corazón de cada uno de nosotros lo sabe y seguramente lo va a tener en cuenta.

—Por los católicos perseguidos en el mundo por defender nuestra FE.

—Por nuestra Argentina, por sus jubilados que la están pasando muy mal, por los discapacitados y sus familias que tienen que salir a pedir que se le tengan en cuenta, por los residentes del hospital Garraham.

—Por la SALUD ARGENTINA que también está todo mal.

—Por todos los POLITICOS ARGENTINOS y por nuestro PRESIDENTE, a quienes no le interesa para NADA el pueblo y menos LOS POBRES.

—Rezamos por el alma de Francisco I y por la persona del Papa León XIV y por nuestra Siempre Santa Iglesia Católica.

—Por los que nos piden que recemos por ellos y por sus intenciones.

 

—Hacemos nuestras intenciones personales a María …

 

 

ORACIÓN:

 

Oh Dios, en cuya Pasión fue traspasada con una espada de dolor el alma dulcísima de la gloriosa Virgen y Madre María, según la profecía de Simón: concede propicio que, después de venerar su transverberación y sus dolores, por los gloriosos méritos, suplicas e intercesión de todos los Santos fieles en acompañarla junto a la cruz, consigamos el efecto feliz de tu Pasión.

 

 

—REZAMOS HOY SÁBADO LOS…

 

 

MISTERIOS GLORIOSOS

 

1—La Resurrección en gloria de Nuestro Señor Jesucristo. Fruto: La Fe.

 

2—La ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los cielos. Fruto: La Esperanza y el deseo del Cielo.

 

3—La Venida del Espíritu Santo sobre María Santísima y los Apóstoles. Fruto: La Caridad y los Dones del Espíritu Santo.

 

4—La Asunción de María Santísima en cuerpo y alma al cielo. Fruto: La gracia de una buena muerte.

 

5—La Coronación de María Santísima como Reina y Señora de todo lo creado. Fruto: La verdadera devoción a la Santísima Virgen.

 

 

 

ORACIÓN FINAL:

 

 

Acuérdate de nosotros, oh Virgen Madre de Dios, cuando te halles en presencia del Señor, diciéndole cosas buenas para nosotros, y que aparte de nosotros su indignación.

 

Oh Dios, que, con admirable orden distribuyes los diversos empleos de los Ángeles y de los hombres: concede propicio que sea en la tierra custodiada nuestra vida por aquéllos que te asisten siempre en el cielo. Por Nuestro Señor. Amén. 

 

ORACIONES A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

 

San Miguel Arcángel,

defiéndenos en la batalla.

Sé nuestro amparo

contra las perversidad y asechanzas

del demonio.

 

Reprímale Dios, pedimos suplicantes,

y tu príncipe de la milicia celestial

arroja al infierno con el divino poder

a Satanás y a los otros espíritus malignos

que andan dispersos por el mundo

para la perdición de las almas.

Amén.

 


 

Para pedir la protección del Cielo:

 

Oh gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas, guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los rebeldes espíritus infernales. Humildemente te rogamos, te digne librar de todo mal a los que a ti recurrimos con confianza; que tu favor nos ampare, tu fortaleza nos defienda y que, mediante tu incomparable protección adelantemos cada vez más en el servicio del Señor; que tu virtud nos esfuerce todos los días de nuestra vida, especialmente en el trance de la muerte, para que, defendidos por tu poder del infernal dragón y de todas sus asechanzas, cuando salgamos de este mundo seamos presentados por tí, libres de toda culpa, ante la Divina Majestad.

Amén.

 

 

 


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