jueves, 24 de septiembre de 2026

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED — 24 de septiembre.

 




   Entre las florecientes religiosísimas familias que bajo el timbre y nombre de la serenísima Reina de los ángeles María santísima, Madre de Dios, militan en la Iglesia católica, con soberano acuerdo la santidad del papa Paulo V en la bula Inter omnes vitæ regularis ordines, llamó a la Reina de los ángeles María santísima, primera y verdadera instituidora y fundadora del real orden que en la Iglesia católica milita, con la invocación y timbre de Nuestra Señora de la Merced, Redención de cautivos: para que así como las ilustres religiones de san Francisco, santo Domingo y otras reconocen a sus santísimos patriarcas por inmediatos y primeros instituidores y verdaderos fundadores, la ínclita, real y militar orden de María santísima de la Merced, a la misma Reina de los ángeles, no por disposición humana , sí por especial gracia con que la Reina de los ángeles quiso tener tales hijos, reconociéndose por su verdadera Madre y fundadora. Habiendo ella manifestado ser ésta su voluntad, cuando de ella, como de primera causa, apareciéndose a los bienaventurados Pedro Nolasco, Raimundo de Peñafort y al clarísimo rey D. Jaime I de Aragón, les hizo constar que de ella, como de principio, emanaba la ínclita, real y militar religión de Nuestra Señora de la Merced, Redención de cautivos, como de la relación de la siguiente revelación de muchos sumos pontífices con muchos dones y gracias aprobada, y de la santa Iglesia con solemne culto ilustrada, constará.

 

 

   Hallábase la mayor y más feliz parte de España del cruel y tirano dominio mahometano oprimida: tenían los bárbaros (enemigos del santísimo nombre de Jesucristo) a innumerables cristianos en crueles mazmorras encerrados, afligiéndoles y atormentándoles para hacerles negar la verdad de nuestra santa fe católica; y como eran muchos los que desmayaban y faltaban a la constancia de la fe, lloraba la perdición de sus hijos nuestra madre la Iglesia católica; mas no faltaron en ella santísimos varones que, lastimados de la perdición de tantas almas, con mortificaciones y penitencias ofrecían con vivas lágrimas sus oraciones y súplicas a Dios, para que piadoso aplicase el remedio a tanto mal. Y así como los lastimosos clamores de los hijos de Israel fueron de Dios oídos para el remedio de las aflicciones y penas que padecían en la esclavitud de Egipto, así la deprecación de aquellos purísimos varones fué oída, no solamente de Dios, sino también de su Madre, María santísima, que no pudiendo contener sus piadosísimas entrañas a tan lastimosas súplicas, se inclinó a aplicar el remedio, como lo verificó el suceso. Estaba la piadosísima Reina de los ángeles, María santísima, en el trono de su majestad (donde, y en compañía de su preciosísimo Hijo Cristo, Señor nuestro, goza eternas glorias), mirando las penas, miserias y calamidades que en la bárbara esclavitud padecían los pobres cautivos cristianos, y conmovida la clementísima Reina de los ángeles de tantas miserias y calamidades, piadosa, así para consolar las lágrimas de la católica Iglesia como para obviar no se perdiesen tantas almas que a vista del cruel, duro y tirano rigor sarracénico desfallecían y faltaban a la constancia de la fe, aplicó para remedio de tanto mal la obra de caridad más perfecta, como es la redención. Y para ejecutar este su tan fino amor y dar principio a tan perfecta obra, que había de destruir la tirana servitud, eligió a tres esclarecidos ejecutores, siendo el norte con que se habían de gobernar la misericordia de quien les mandaba y gobernaba, que era la misma Reina de los ángeles, bajando visiblemente del cielo a declararles su voluntad, que era de fundar una religión con el título de su piísima misericordia, disponiéndolo maravillosamente del siguiente modo:

 


   Florecía en aquella ocasión en la nobilísima ciudad de Barcelona, cabeza del principado de Cataluña, en santidad y virtud san Pedro Nolasco, de nación francés, nacido en el lugar de las Puellas, cercano a la ciudad de Carcasona, hijo de padres ilustres, de la nobilísima casa de los condes de Bles. Estaba entonces en aquella tierra muy extendida la herejía albigense; y hallándose el santo joven muy adornado de todas virtudes, y aborreciendo todo género de herejía, se resolvió para apartarse de ella a dejar su casa, padres y parientes; y para ejecutar su santo intento vendió su rico patrimonio, y recogido lo que había sacado de él, con todas sus riquezas, se puso en camino, que le tomó para el principado de Cataluña, y entrando en él, fué su primer cuidado ir a visitar aquel religiosísimo y angelical santuario de la Reina de los ángeles, la Virgen santísima de Monserrate, donde empleando días y noches en fervorosa oración satisfizo al voto que tenía hecho. Cumplido esto, se fué a la ciudad de Barcelona, donde por lo esclarecido de sus virtudes, acompañadas de la nobleza de su sangre, fué magnificentísimamente del ínclito y clarísimo rey D. Jaime de Aragón acariciado y hospedado. Era entonces el rey D. Jaime (digno de eterna memoria entre los esclarecidos reyes de Aragón) obedecido, jurado y aclamado en la nobilísima ciudad de Barcelona, en la cual era grande la estimación que se hacía de la persona de san Pedro Nolasco, viendo las obras tan heroicas de caridad en que se ejercitaba, a quien gustosamente oía el rey, siempre que san Pedro Nolasco le hablaba de la redención de cautivos; y tanto se encendía el magnánimo rey en el amor de los cautivos, que lleno de piedad todo era discurrir cómo había de destruir y aniquilar a los sarracenos para librar de sus manos a los pobres cristianos cautivos. Concordes los dos para este tan realzado fin, resolvieron aplicarse cada uno de por sí a la consecución de él, valiéndose cada uno de sus medios; y así, cuando el esclarecido rey con sus fuerzas belicosas opugnaba los lugares y castillos de los moros, estaba san Pedro Nolasco en fervorosa oración, contemplando y llorando los trabajos y calamidades que en la mísera esclavitud los miserables cautivos padecían, y como verdadero imitador de nuestro Redentor Jesucristo sentía sus penas, no como ajenas, sí como propias, como lo verificó bien su ardiente caridad; pues habiendo consumido todo cuanto tenía por la redención de muchos, no una vez sola se entregó en rehenes para dar libertad a muchos más.

 


   Alentaba y fomentaba los ánimos de estos dos héroes, del ínclito rey y de san Pedro Nolasco, viéndoles ejercitados en tan excelente piedad, san Raimundo de Peñafort, que graduado en ambos derechos estaba entonces resplandeciendo el ardentísimo celo de su caridad y virtud en consolar a los enfermos de los hospitales, en enseñar a los ignorantes y en convertir herejes, judíos y sarracenos; por cuyas heroicas obras, y su grande doctrina mereció verse colocado en el puesto de canónigo en la ilustre y santa iglesia catedral de Barcelona; y asimismo el prudente rey le eligió por su grande santidad y sabiduría para su confesor. Viéndose san Raimundo constituido confesor del ínclito rey (a quien también san Pedro Nolasco fiaba la dirección de su alma, habiéndole hecho participante en el secreto de la confesión de sus fervorosos y píos deseos), tomó por su cuenta alentar los píos ánimos de los dos para la consecución de tan realzado fin, como era la libertad de los pobres cautivos cristianos; y así tanto en el secreto de la confesión con sus exhortaciones, como en lo público de sus sermones con pías y santas palabras les alentaba y animaba a la redención de los pobres cautivos; y tanto con sus vivas razones enfervorizó los ánimos del esclarecido rey y de san Pedro Nolasco a esta piedad, que no sólo san Pedro Nolasco, sino también el mismo rey en sus retretes, se empleaban en fervorosa oración, suplicando a Dios y a la Reina de los ángeles, María santísima, y demás santos, en particular a los patrones de la ilustre ciudad de Barcelona, les inspirasen y favoreciesen con medios para poder copiosamente cumplir con esta obra de caridad. Y oyendo el Padre celestial y Padre de misericordia, Dios, nuestro Señor, tan pías súplicas, clementísimo remuneró tan fervorosos deseos con el favor tan grande que fué darles la ilustre religión de la Merced, ejecutándose su fundación con este maravilloso modo.

 




   En las calendas de agosto, primero de dicho mes, dedicado a san Pedro Ad-vincula, en el año 1218, gobernando la Iglesia de Dios la santidad de Honorio III, para librar de la fiera esclavitud sarracena a los pobres cristianos cautivos fué enviada de Dios desde el empíreo la Reina de los ángeles, María santísima, a la ilustre ciudad de Barcelona, y acompañada de muchos celestiales espíritus y grande concurso de santos y santas, y entre ellos el apóstol san Pedro y Santiago, patrón de España, san Cucufate, san Severo, san Paciano, santa Madrona y santa Eulalia, patrones de Barcelona, visible y corporalmente en el punto de la media noche bajó, se apareció y manifestó a san Pedro Nolasco, empleado en fervorosa oración y contemplación; y lleno el santo y humilde siervo de Dios de gozo y alegría por el favor de tan admirable y gloriosa presencia, mereció oír de la misma boca de la Reina de los ángeles estas palabras: «Yo, hijo, soy la Madre del Hijo de Dios, que por la salud y libertad del género humano derramó su sangre y padeció cruel muerte; vengo, pues, a buscar hombres, para que a ejemplo de mi Hijo pongan sus almas por la salud y libertad de otras almas que no la tienen; y siendo ésta la caridad más acepta a mi Hijo, será para mí muy agradable, si en honor mío se funda una religión, cuyos hijos con fe viva y verdadera y perfecta caridad, pues no la puede haber mayor, rediman a los cautivos cristianos del poder y tiranía de los turcos, y ofreciéndose ocasión, en que de otro modo no se puedan librar, se queden en rehenes por la libertad de los cautivos. Declaróte, hijo, esta mi voluntad; porque te advierto que cuando tú con vivas lágrimas solicitabas por medio de la oración el remedio de los cautivos, recogías limosnas y los redimías, presenté yo tus súplicas a mi Hijo, el cual se dignó, para consuelo tuyo y para instituir esta religión, con especial título mío, bajase del cielo; y a ti, Pedro, te elegí, porque tú has de ser la piedra fundamental sobre la cual se ha de edificar esta mi religión.» 


   Concluido este razonamiento fervoroso y humilde, respondió san Pedro Nolasco a la Reina de los ángeles, diciendo: «Con viva fe creo, Señora, que vos sois la Madre de Dios vivo, que habéis bajado a este mundo para remedio de los que miserablemente padecen la bárbara esclavitud. Pero decidme, Señora: ¿quién soy yo para que vaya a los bárbaros enemigos de vuestro santísimo Hijo, y saque de sus crueles mazmorras a los cristianos cautivos?» 

   «No temas, Pedro (le dijo la Reina de los ángeles), que yo te asistiré en todo; y para que lo creas, y en señal de que te elijo, verás con brevedad cumplido cuanto te he dicho, y se gloriarán los hijos o hijas de esta mi religión en vestir hábitos blancos del modo que a mí me ves vestida.» Dicho esto, desapareció la Reina de los ángeles, subiéndose al trono de su gloria.

 


   Tan soberanamente favorecido san Pedro Nolasco con lo que con sus propios ojos vi o y oyó con sus oídos, perseveró hasta el amanecer en fervorosa oración, meditando y contemplando tan celestial favor. Amanecido el día, con presuroso cuidado fué en busca de su confesor san Raimundo de Peñafort para darle cuenta de la admirable visión. Hallado y postrado a sus pies, apenas empezó a manifestar la celestial visión y el precepto divino de fundar el nuevo orden, suspenso y lleno de admiración san Raimundo, le interrumpió sus palabras, diciéndole que también él había tenido la misma visión aquella noche, habiendo sido favorecido de la Reina de los ángeles y oído de su boca el precepto en que le mandaba que para la construcción y consecución de tan grande obra pusiese todo su cuidado, y que con todas veras aplicase todo su estudio para que con la eficacia de sus sermones alentase los corazones de los católicos a una obra de tan grande caridad; y así, que gozoso y agradecido a tan celestial favor, había con toda presteza venido a la iglesia mayor para dar a Dios y a la inmaculada Reina de los ángeles las gracias de tan soberano beneficio. ¿Quién podrá declarar la alegría de los dos puros corazones de aquellos dos santos varones, hallándose igualmente favorecidos de la Reina de los ángeles? Todo sería conferir entre sí el modo de cumplir el divino precepto; cuando para quitar toda dificultad a su cumplimiento y tener la obra todo el lleno de la admiración, el ínclito rey don Jaime, habiendo participado el mismo favor aquella noche, para que no fuese notado por negligente ejecutor de la Reina de los ángeles el que había sido compañero en la visión, acudió puntual a la iglesia catedral para dar a Dios y a la Reina de los ángeles las gracias del beneficio recibido; y viendo en ella a aquellos dos píos varones confiriendo entre sí, llamándoles para sí y apartados de todo concurso en la misma iglesia, les manifestó la alegre visión que había tenido con estas palabras: «La purísima Reina de los ángeles, María santísima, muy bella y hermosa, me apareció esta noche y me mandó que instituyese un orden que se ocupase en redimir cautivos, y que se llamase de Santa María de la Merced, o de Misericordia; y como reconozco en ti, Pedro Nolasco, esta inclinación innata de redimir, te elijo para la ejecución de esta obra; y a ti, Raimundo, por la mucha virtud y doctrina que miro en ti, te nombro por idóneo coadjutor de ella.» 

   Concluidas por el rey sus palabras, respondieron los dos santos varones que también ellos habían sido favorecidos aquella misma noche de la Reina de los ángeles, refiriéndole al rey las palabras que habían oído de la purísima Virgen y los mandatos que a los dos había dado. Conferida, pues, entre sí tan admirable aparición, asegurados de la verdad de ella, unánimes y conformes declararon ser la voluntad de la purísima Virgen; y para su cumplimiento deliberaron instituir en honor de la Reina de los ángeles el orden de Nuestra Señora de la Merced, Redención de cautivos.

 


   Llegado, pues, el día 10 de agosto del mismo año del Señor de 1218, día señalado par a la ejecución de tan grande obra, como ya se había divulgado el prodigioso milagro por todo el reino, era grande el concurso que concurrió a celebrarle; y así con magnífico aplauso fueron el rey y los dos santos varones acompañados de los concelleres de Barcelona, de toda la nobleza y pueblo, a la iglesia catedral, donde estaban ya convocados por el rey todos los prelados eclesiásticos, así los de afuera  como de dentro de la ciudad, y todos los grandes del reino, y entre ellos el Hmo. Sr. D. Berengario Palaciolo, obispo de la ilustre ciudad de Barcelona, vestido de pontifical, para celebrar el oficio divino, que comenzándole y dicho el evangelio subió san Raimundo de Peñafort al pulpito, y con fervoroso espíritu de la celestial visión inflamado, realzando los favores de la Reina de los ángeles, María Santísima, con relevante, pía y santa ponderación manifestó para mayor gloria de Dios y de su santísima Madre la celestial revelación de aquellos tres tan fidelísimos testigos aprobada, que oída del pueblo fué tanto el gozo y alegría que infundió en los píos corazones, no pudiendo contenerse, oyendo con sus oídos lo que aquellos dichosos varones vieron con sus ojos, aclamando todos tan prodigioso milagro, con pías voces alababan las piadosísimas entrañas de María santísima.

 


   Concluido el sermón, bajó el rey de su solio, vestido con sus reales vestidos y con la corona de oro en la cabeza, y llevando a un lado a su confesor san Raimundo de Peñafort, y al otro a san Pedro Nolasco, acompañándole los concelleres de Barcelona y muchos grandes, se fué al altar donde celebraba el obispo la misa, y estando en su presencia le dijo estas palabras: 

   «Es nuestra voluntad cumplir el precepto divino y la voluntad de la purísima Reina de los ángeles, María santísima, según nos ha revelado y manifestado, en instituir y fundar una sagrada y militar religión para que los religiosos de ella se empleen en redimir cautivos, aunque sea con dispendio de su propia vida y libertad; y el primer religioso y redentor será nuestro amigo y compañero Pedro de Nolasco, a quien la Reina de los ángeles eligió como piedra fundamental de esta grande obra de caridad. A vos, pues, reverendo padre, pido que pongáis en ejecución este divino precepto y voluntad de María santísima.» 

   Oída la petición del ínclito rey, el obispo y el mismo rey, viendo juntamente ya a sus pies arrodillado a san Pedro Nolasco, y llenos de puro gozo sus ojos de lágrimas, asistiéndoles san Raimundo, le vistieron los tres el cándido hábito, que ya prevenido le tenía en el modo y forma que aquellos tres ínclitos y dichosos varones habían visto a la Reina de los ángeles resplandeciente. Vestido el hábito, le puso el rey con sus propias manos en el escapulario el escudo de sus armas reales, y en medio del escudo fué puesta una cruz blanca, timbre de la ilustre iglesia catedral de Barcelona, en reconocimiento del favor que en ella se recibía, teniendo en ella principio esta sagrada y militar religión; decretando el rey con su privilegio real que así san Pedro Nolasco como todos sus hijos sucesores llevasen el dicho escudo de armas en el pecho, y encomendando su majestad a dichos señores concelleres de Barcelona la dicha su real y militar religión para que perpetuamente la defendiesen, constituyéndoles protectores de ella.

 

  Viéndose ya san Pedro Nolasco redentor, dio principio a esta sagrada milicia con aquel solemne voto de quedar en rehenes en poder de los turcos si fuese necesario por la libertad de los cautivos cristianos, obligándose a esto (como se obligan) todos sus hijos, dejándoles en este vínculo de caridad su copiosa herencia.

 


   Instituida y fundada la nueva y real religión de Nuestra Señora de la Merced, Redención de cautivos, admiró a todo su maravilloso instituto, y más cuando tan a sus principios y dentro breves años experimentaron el copioso fruto de su caridad: que visto por el ínclito rey D. Jaime, y por el amor grande que tenía a la religión, deseando fuese por la santa sede apostólica confirmada, resolvió enviar a san Raimundo de Peñafort (su confesor y de san Pedro Nolasco) a la ciudad de Perusa, donde habitaba la santidad del papa Gregorio IX, que gobernaba entonces la católica Iglesia, para alcanzar la confirmación. Admitió gustoso san Raimundo de Peñafort la comisión, como quien sabía cuan agradable era a Dios y a María santísima; y tomadas las instrucciones y poderes del rey, se encaminó para el romano pontífice, que, llegado y postrado a sus pies, haciéndole primero relación de la admirable aparición y descensión de María santísima, le presentó la súplica del rey, en que pedía la confirmación de la nueva religión; la cual liberal y benignamente concedió la santidad de Gregorio IX, después de pasados doce años de la fundación de la dicha real religión de Nuestra Señora de la Merced, Redención de cautivos, a la cual decoró también el dicho pontífice con muchas gracias y plenarias indulgencias, a quien han imitado casi todos sus sucesores, enriqueciendo con muchos privilegios y gracias a tan realzado instituto de caridad. Y para que del beneficio de tan realzado instituto se den a Dios y a la Reina de los ángeles las debidas gracias, la santidad del papa Paulo V instituyó la fiesta de la Descensión o Aparición de la siempre inmaculada virgen María, para que se celebrase en toda la religión, en la dominica más cercana a las calendas de agosto, como don dado del cielo; y la santidad del papa Inocencio X aumentó el culto de la festividad, concediendo para el rezo oración y lecciones propias en el segundo nocturno, extendiendo su rezo en todos los reinos, dominios y provincias sujetos al católico rey de las Españas Carlos II, y después la santidad de Inocencio XII a toda la Iglesia católica, mandando que en adelante se ponga en el calendario romano el elogio de la Descensión de María santísima para la fundación del real orden  de Nuestra Señora de la Merced, Redención de cautivos, y se celebrase a los 24 de septiembre, realzando con esto el culto de tan grande festividad: debiéndose todo al amparo y patrocinio de la Reina de los ángeles, María santísima; pues ya desde los principios de su sagrada religión quiso que en ella floreciesen varones en caridad y piedad insignes, que no sólo se empleasen en distribuir las limosnas recogidas de los fieles en el rescate de los cautivos, sino que también, deseosos de ganar almas para Dios, liberalmente se entregasen para dar libertad a los que pueden peligrar en la fe, como muchos lo han hecho, quedando esclavos por dar libertad al esclavo.

 

NUESTRA MADRE DE LA MERCED - 24 DE SEPTIEMBRE.

 



¡Soberana Virgen María, Reina de los Ángeles, Emperatriz de los cielos!, elegida Madre de Dios, concebida en gracia, a quien rinden veneración todos los coros de los Ángeles y Santos del cielo. A Ti me acerco para rogarte que, puesto que bajaste del cielo a la tierra declarando que eres Madre de Merced y de las Misericordias, usa tu piedad con este humilde devoto tuyo. Y para más obligarte, ¡Madre de pecadores!, ¡consuelo de los afligidos!, ¡socorro de todas las necesidades!, me consagro una vez más a Ti, como esclavo y servidor tuyo. Dirígeme, encamíname y ampárame, ¡Señora y Madre mía!, para que acierte a servirte y logre lo os pido y deseo, si es del agrado de tu precioso Hijo Jesús, que vive y reina con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.



AGREGA TUS INTENCIONES Y REZAREMOS POR ELLAS... ROSARIO MES DE SEPTIEMBRE DEL 2026. DÍA 24.

 


MES DE SEPTIEMBRE, DEDICADO A LOS “DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA Y A SAN MIGUEL ARCÁNGEL”.


HOY: NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED.

 

Nuestra Señora de la Merced bajó a la ciudad de Barcelona, la noche del primer día de Agosto de 1218, apareciéndose a San Pedro Nolasco, y le declaró cómo era voluntad de su Hijo y suya que fundase una religión en su nombre para redimir cautivos, con obligación de quedarse en prisiones, si fuese necesario, a fin de liberar a los que estuviesen en peligro de faltar a la fe. También se apareció la Reina de los Ángeles al rey D. Jaime de Aragón y á San Raimundo de Peñafort, declarándoles lo mismo. A la mañana se juntaron el Rey y los dos Santos, y trataron de cumplir la voluntad de la Reina del Cielo, fundando el caritativo instituto de Nuestra Señora de la Merced o Misericordia. Señalando el día 10 de Agosto del año 1218 para su fundación, se juntaron todos en la iglesia mayor de Barcelona, donde, después de haber predicado San Raimundo, vistió el hábito blanco a San Pedro Nolasco, y el rey le dio sus reales armas de Aragón. Confirmó esta orden el papa Gregorio IX el día 17 de Enero de 1230.

 

 


—Y en otras partes se hace la fiesta y la conmemoración de otros muchos santos Mártires, Confesores y santas Vírgenes.

 

Alabado y glorificado sea Dios eternamente.

 

 

DOLOROSA y llorosa, oh Virgen María, estás al pie de la cruz del Señor Jesús. Tu Hijo Redentor. Oh Virgen Madre de Dios, Aquél a quien el mundo entero no puede contener, siendo Autor de la vida hecho hombre, sufre este suplicio de la cruz.

 

BENDECID al Señor todos vosotros, Ángeles suyos; vosotros los poderosos que ejecutáis sus órdenes, prontos a obedecer la voz de sus mandatos. Bendice, alma mía, al Señor: y bendigan todas mis entrañas su santo nombre.

 

Rezaremos pidiendo, este mes de septiembre, en reparación a las cinco especies de ofensas que se profieren a nuestra Madre Santísima y que son:

 

1—Blasfemias contra la Inmaculada Concepción.

 

2—Blasfemias contra su virginidad.

 

3—Blasfemias contra su maternidad divina, rechazando al mismo tiempo reconocerla como Madre de los hombres.

 

4—Blasfemias de aquellos que buscan públicamente sembrar en los corazones de los niños la indiferencia o el menosprecio, o hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada.

 

5—Las ofensas de aquellos que la ultrajan directamente en sus santas imágenes.

 

 

 

ORACIÓN:

 

Te rogamos, oh Señor Jesucristo, permitas que tu Madre, la Santísima Virgen María, cuya santa alma fue traspasada por la espada del dolor en la hora de tu Pasión, implore tu misericordia sobre nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

 

 

Las intenciones y pedidos de este mes de septiembre en nuestro rezo del Santo Rosario en este grupo a nuestra Madre Santísima, serán:

 

—Por la curación de nuestro cuerpo, pero en forma especial por la de nuestras almas.

—Por las vocaciones Sacerdotales y religiosas.

—Por los buenos sacerdotes.

—Por la salud de mi suegro.

—Por la mía y la de mi esposo.

—Por la salud de mi cuñado Oscar, por su pronta recuperación, por mi hermana y mis sobrinos. 

—Por la salud de mis hermanas: Yolanda y Karina, también de mis cuñados: Deme, Oscar y Marcos.

—Por mis sobrinos/as en general y por sus familias.

—Gracias infinitas a María Santísima, por favores recibidos en mi familia.

—Por los estudios de mis hijos Matías y Fátima.

—Por la entrevista de trabajo que tendrá mi hija, Madrecita Santísima bendice a quienes hicieron posible esto, tu más que nadie lo sabes.

—Por los estudios de mi yerno Hugo y mi nuera Brisa.

—Por mis nietos: Santiaguito, Facundito y Ángeles, para que María Santísima me los cuide y me los proteja en su salud.

—Por mi hija Lara y mi yerno Nico.

—Por la salud de Marta Bonastre, por mi consuegra.

—Por mis nietos que no pudieron conocer este mundo.

—Por mis vecinas Angélica y Lucy, que siempre están pendientes de las necesidades de los demás.

—Por muchas familias católicas.

—Por el mal momento que todavía estamos pasando y porque pronto podamos salir de ella.

—Por todas aquellas personas que nos ayudaron y ayudan en forma económica en esta Argentina en la cual no la estamos pasando muy bien.

—Por la salud de nuestra amiga Marta Mezzi y por su familia.

—Por el Señor Alexander Toledo y familia.

—Por la amiga María de los Ángeles Casusso y familia.

—Por nuestra amiga Ángela Suarez, por el descanso eterno de su esposo y por su familia.

—Por Luis Fernando Peñafiel Espinosa y familia.

— Por Marina Mtz y familia.

— Por Jessé Ramos y familia.

—Por Lidieth Bolaños y familia.

—Por el amigo Hernán Pablo Rossi y familia.

—Por la amiga Beatriz Gil y toda su familia.

—Por Carlos Tarazona Perez y familia.

—Por Cristian Díaz Colodrero y familia.

—Por Rascon Gabriela y familia.

—Por Alicia de Jesús y familia.

—Por Susana Jasso y familia.

—Por el amigo Jor Veliz y familia.

—Por Jessica Yoguez, por su esposo y toda su familia.

—Por la Señora Ana Abregu Mussatti y familia.

—Por la salud de la amiga Sandra Rosa Lopez Saenz.

—Por Pedro Salazar Astudillo que, desde Ecuador, nos pide por su salud (tumor benigno en hipófisis) y por empleo.

—Pedimos por la salud de Gerardo Suárez que está internado en el hospital por coma diabético, hermano de nuestro hermano en la fe Rodrigo Suárez.

—Por el alma de la esposa de nuestro amigo Oscar Méndez, por su nietita Rebeca para que siga mejorando en su salud, también por él y toda su familia.

—Gracias infinitas a María Santísima por la finalización exitosa de la quimio de Gabriel, amigo de mi hijo.

—Por los niños que viven en esta guerra maldita desatada por unos locos desquiciados.

—Por si mi olvido de algunos les digo que María Santísima ¡no! Asique también están en nuestras oraciones.

—Por las Benditas Almas del Purgatorio, por la más necesitada de ese lugar, en especial por las de mis padres, mis abuelitos, mis tíos, mis tías, mi prima Mirian, sobrinita Romina, mi nieta María Agustina, mi compadre Fausto, doña Juana y don Eduardo Ibarra, por Zulma, Teresa, Lalo, Eduardo y por la abuela Juana.

—Por el descanso eterno de mi hermana Irma y mi cuñado Arnaldo.

—Por el descanso eterno del alma de mi suegra Delia Esther Acosta, que encuentre la paz junto a Nuestro Señor.

—Por aquellos que quieren seguir atados al demonio del Gaucho Gil.

—Por muchos argentinos, que, como nosotros, les cuesta tener comidas hoy en sus mesas.

—Por la familia y los matrimonios.

—Por todas aquellas personas que nos siguen en nuestros grupos, ya nuestra Madre Santísima que conoce el corazón de cada uno de nosotros lo sabe y seguramente lo va a tener en cuenta.

—Por los católicos perseguidos en el mundo por defender nuestra FE.

—Por nuestra Argentina, por sus jubilados que la están pasando muy mal, por los discapacitados y sus familias que tienen que salir a pedir que se le tengan en cuenta, por los residentes del hospital Garraham.

—Por la SALUD ARGENTINA que también está todo mal.

—Por todos los POLITICOS ARGENTINOS y por nuestro PRESIDENTE, a quienes no le interesa para NADA el pueblo y menos LOS POBRES.

—Rezamos por el alma de Francisco I y por la persona del Papa León XIV y por nuestra Siempre Santa Iglesia Católica.

—Por los que nos piden que recemos por ellos y por sus intenciones.

 

—Hacemos nuestras intenciones personales a María …

 

 

ORACIÓN:

 

Oh Dios, en cuya Pasión fue traspasada con una espada de dolor el alma dulcísima de la gloriosa Virgen y Madre María, según la profecía de Simón: concede propicio que, después de venerar su transverberación y sus dolores, por los gloriosos méritos, suplicas e intercesión de todos los Santos fieles en acompañarla junto a la cruz, consigamos el efecto feliz de tu Pasión.

 

 

—REZAMOS HOY JUEVES LOS…

 

 

MISTERIOS GOZOSOS

 

1-    La Anunciación y la Encarnación del Verbo Divino. —FRUTO: La Virtud de la humildad.

 

2-    La Visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel. —FRUTO: La caridad fraterna.

 

3-    El Nacimiento del Niño Jesús en el portal de Belén. —FRUTO: El espíritu de pobreza.

 

4-    La Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de Nuestra Señora. —FRUTO: La obediencia y la pureza.

 

5-    El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo. —FRUTO: Buscar siempre la voluntad de Dios.

 

 

 

ORACIÓN FINAL:

 

 

Acuérdate de nosotros, oh Virgen Madre de Dios, cuando te halles en presencia del Señor, diciéndole cosas buenas para nosotros, y que aparte de nosotros su indignación.

 

Oh Dios, que, con admirable orden distribuyes los diversos empleos de los Ángeles y de los hombres: concede propicio que sea en la tierra custodiada nuestra vida por aquéllos que te asisten siempre en el cielo. Por Nuestro Señor. Amén. 

 

ORACIONES A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

 

San Miguel Arcángel,

defiéndenos en la batalla.

Sé nuestro amparo

contra las perversidad y asechanzas

del demonio.

 

Reprímale Dios, pedimos suplicantes,

y tu príncipe de la milicia celestial

arroja al infierno con el divino poder

a Satanás y a los otros espíritus malignos

que andan dispersos por el mundo

para la perdición de las almas.

Amén.

 


Para pedir la protección del Cielo:

 

Oh gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas, guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los rebeldes espíritus infernales. Humildemente te rogamos, te digne librar de todo mal a los que a ti recurrimos con confianza; que tu favor nos ampare, tu fortaleza nos defienda y que, mediante tu incomparable protección adelantemos cada vez más en el servicio del Señor; que tu virtud nos esfuerce todos los días de nuestra vida, especialmente en el trance de la muerte, para que, defendidos por tu poder del infernal dragón y de todas sus asechanzas, cuando salgamos de este mundo seamos presentados por tí, libres de toda culpa, ante la Divina Majestad.

Amén.

 

 


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