MEDITACIÓN DÍA VIGESIMO SEPTIMO (27 de
agosto)
De
otras muchas prerrogativas del Corazón de la Santísima Virgen, que le hacen
digno de una gran veneración.
Notad cinco
maravillosas prerrogativas del Corazón de Nuestra Madre admirable, que le hacen
digno objeto de veneración a los Ángeles y a los hombres.
Es la primera la de ser principio vital de esta Madre divina, principio
de todas las funciones de su vida corporal y sensible, tan santa en sí misma y
en sus acciones; principio de vida de la Madre de Dios; de la vida de la que
dio a luz al Hijo de Dios; de la vida de la Reina del Cielo y de la tierra; de
la vida de quien Dios escogió para dar la vida a todos los hijos de Adán,
precipitados en el abismo de la muerte eterna; de una vida tan noble, en fin,
tan digna y tan santa, que es más preciosa delante de Dios que todas las vidas
de los hombres y de los Ángeles juntos.
La segunda prerrogativa de este Santo Corazón, es la de haber preparado
y ofrecido la Sangre virginal de que se formó el Sagrado Cuerpo del
Hombre-Dios, en las purísimas entrañas de su preciosa Madre. Notad, os ruego,
cómo no digo que Nuestro Señor Jesús haya sido formado en su Encarnación en el
Corazón de su Madre. Es éste un error que según el Cardenal Cayetano se originó
en su tiempo, y que ha sido frecuentemente condenado y rechazado como herejía
perniciosa directamente opuesta a la expresión del Ángel: “concebirás en tu seno”. Un error que venía a destruir la divina
Maternidad de Nuestra Reina, porque si no había concebido al Hijo de Dios en su
virginal seno, no sería realmente Madre suya. Mi afirmación es que su Corazón ha
elaborado y prestado la Sangre de que se formó su Cuerpo.
Comparten esta afirmación muchos Doctores de nota al decir que si la
Santísima Virgen fue presa en un principio de turbación y temor frente a las
alabanzas del Ángel, su sangre se concentró rápida y abundantemente, como
acontece en tales casos, en su Corazón para fortalecerla; y que al asegurarla y
declararle el Santo Arcángel Gabriel los grandes planes de Dios sobre Ella,
este mismo Corazón fue invadido por una gran alegría, que al abrirse y
dilatarse como una preciosa rosa, salió de él Sangre hacia las purísimas
entrañas, de que el Espíritu Santo se sirvió para formar el Sagrado Cuerpo del
Salvador, juntándolo con la Sangre virginal de las mismas entrañas; como era
menester para la realización del misterio de la Encarnación.
Mas para mejor inteligencia de esto, advertid en primer término que los
Santos Padres, lo mismo que el Sexto Concilio general habido en Constantinopla,
aseguran que la materia que la Santísima Virgen ha dado para formar el Cuerpo
del Verbo eterno, ha sido su Purísima Sangre.
En segundo lugar, tened presente, que el corazón dispone de dos
cavidades, en una de las cuales se encuentran pequeños orificios por donde
circula la sangre en comunicación con las restantes partes del cuerpo. Sea lo
que fuere sobre el lugar de origen, todos convienen en que la sangre toda del
cuerpo humano pasa por el corazón, que en él se perfecciona y transforma, sin
que se haga de ella empleo alguno ni en la nutrición del cuerpo, ni en la
generación o conservación de la vida, ni en otra función cualquiera, antes de
recibir su última transformación en el corazón.
Esto sentado, bien puede afirmarse con toda verdad, o que la Purísima Sangre de que fue formado
el Cuerpo adorable de Jesús, en el sagrado seno de María brotó directa e
inmediatamente del maternal Corazón de esta Virgen divina, al tiempo de la
Encarnación del Hijo de Dios; o, que de no haber brotado inmediatamente, en Él
tomó partida y origen; y que el Corazón virginal es su primera fuente. Y que,
si no ha tomado su primer origen, por Él ha pasado y en Él ha recibido las
cualidades y las convenientes y necesarias disposiciones para ser empleada en
la inefable generación y admirable alumbramiento del Niño Dios en las benditas
entrañas de la Madre de Dios.
Por mi parte preferiría la primera de las tres proposiciones, por ser
más ventajosa para el divino Corazón de nuestra gloriosa Reina, y por estar
respaldada con la autoridad de un sin número de grandes doctores,
principalmente en la forma explicada por Cartagena, cuando afirma que el Espíritu
Santo se sirvió de una porción de la Purísima Sangre de la Santísima Virgen
brotada de su Corazón, junto con la Sangre virginal de sus benditas entrañas,
dispuesta ya a la realización del misterio de la Encarnación, para formar el
Cuerpo adorable del Niño Dios.












