Por Lucio Marmolejo.
Decretado por Lllmo. Sr. Lic. D. Clemente de Jesús Munguía, Obispo de Michoacán, así lo decretó y firmó. México 26 de Diciembre de 1851.
Librería de Rosa y Bouret, 18 calle San José el Real 18. 1868. Propiedad de los editores.
DÍA VEINTE Y OCHO: 28 de mayo.
Visita a la Imagen de
NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD, que se venera en la Iglesia de la Enseñanza en la
villa de Irapuato.
Esta
santa Imagen, según las noticias escasas e inseguras que hemos podido adquirir acerca
de su origen primitivo, fué llevada por unos arrieros, cuando estaba acabada de
arreglar la fundación del convento de la Enseñanza de Irapuato, pero sin decir
quién la enviaba, sino únicamente que la llevaban para patrona y protectora del
nuevo monasterio. Pero de cualquier modo que esto sea, lo cierto es, que
la santa Imagen estaba ya preparada para ocupar su templo, cuando tuvo lugar la
fundación, que se verificó del modo siguiente: A fines del pasado siglo dispuso en su testamento el Dr. D. Ramón Barreto
de Tabora, que se fundase en Irapuato un Colegio de Niñas educandas, y se procedió
a verificarlo el año de 1800; pero considerando que las monjas de la Enseñanza llenarían
el objeto de la fundación de la manera más cumplida, se determinó que estas
religiosas fundaran allí un convento, como en efecto se hizo, viniendo siete de
la Enseñanza antigua de México, a las que se aseguró la subsistencia por el
conde de Valenciana y algunas otras personas de la antigua nobleza de
Guanajuato. Salieron de México las fundadoras el 10 de Diciembre, y llegaron a
Irapuato el 27 del mismo.
Fueron recibidas en la santa iglesia Parroquial con el más vivo entusiasmo,
y de allí fueron al nuevo convento en una lúcida procesión, que presidia la
Imágen de la Santísima Virgen de la Soledad, y se bendijo luego el monasterio, apadrinando
el acto el señor conde de Valenciana.
Se colocó en su trono a la Santísima Virgen, quien comenzó desde luego a favorecer a las religiosas y á Irapuato todo de la manera más particular, de modo que se ha conciliado de sus habitantes la más tierna veneración, siendo hasta el día todo su encanto, su amor y su amparo.
Como una prueba de la protección
que María Santísima dispensa a la villa de Irapuato por medio de esta milagrosa
Imágen, referiremos el siguiente acontecimiento, verificado en la primera época
de la guerra de la Independencia. Atacó a Irapuato una desmoralizada chusma veinte
veces mayor que la guarnición de la villa: su jefe entró frenético, protestando arrasar la población, sin respetar
siquiera la Santa Imágen de María, y al proferir este impío juramento, tropezó
su caballo, y lo arrojó al profundo de un foso, donde en el acto quedó muerto:
comenzó luego el desconcierto en los sitiadores; pero, no obstante, los
sitiados, del todo faltos de parque, ya se disponían a morir invocando a la Virgen
de la Soledad, cuando una mula cargada de parque corrió hacia donde ellos estaban,
sin que nadie lo pudiera impedir, y con este recurso consiguieron la victoria.
Concluyamos ya está incompleta
reseña, con la relación de un admirable suceso, verificado cuando la Santísima
Imágen acababa de llegar a Irapuato, y que fué sin duda el que comenzó a hacer
que su culto se extendiera. Un arriero, tiernamente devoto
de María Santísima, enfermó gravemente en un paraje desierto, sin tener quien
le proporcionara ni agua ni alimento: estando en tal conflicto, vio llegar a
una hermosa Señora, que le llevaba comida, y tan luego como tomó de aquella
vianda, se sintió enteramente bueno. Preguntó a la Señora de dónde era, para ir
a verla, y le contestó, que en el convento de Irapuato la hallaría. Fué luego
el arriero agradecido, y tan luego como vio a la Santísima Virgen de la
Soledad, reconoció, lleno de regocijo y admiración, que aquella había sido su
celestial protectora.
VIDA DE MARÍA
Últimos años de María en la tierra.
Veintitrés años
vivió la Virgen Santísima en este valle de lágrimas después de la Ascensión de
Jesús al cielo; veintitrés años que empleó en darnos los más sublimes ejemplos,
para la práctica de todas las virtudes, en consolar a los afligidos, en
auxiliar a las viudas y huérfanos, en ayudar a los Apóstoles en sus fatigas
para el establecimiento de la Iglesia. Alegre en las persecuciones y trabajos, apacible y agradable con los que la
injurian, modesta en la alegría, compasiva con los que padecen, y solícita en
ayudarlos y socorrerlos; complaciente, en fin, con todos, y ejercitando con los
fieles todos, los oficios de piedad, se deja ver la Santísima Virgen María en
los últimos años de su vida, la mas amable, sin comparación de todas las
criaturas. Amémosla, pues, mucho, y tratemos con todo
empeño de imitar los ejemplos que nos dio.
AMABILIDAD DE MARÍA
María, blanquísimo y fragantísimo Nardo.
(Nardus)
¡Qué bellas son las flores del Nardo! ¡qué suavidad tan exquisita la de su aroma! ¡qué brillantez tan linda la de su blancura! ¡qué atractivo tan poderoso el de su hermosa forma y su perfecta colocación! Por tantas bellezas, que parecen cautivar el corazón, han escogido los poetas esta preciosa flor para emblema de la amabilidad; y como fuera de Dios no existen en el cielo ni en la tierra atractivos que cautiven más el corazón, que los de la amabilísima Virgen María Señora Nuestra, debemos representárnosla hoy como el más lindo de los Nardos, que en los últimos tiempos de su vida contribuía eficazmente a aumentar la Iglesia del Señor, y derramaba consuelo por el mundo entero; y hoy desde el cielo desvía del pecado y atrae a la virtud con la amabilidad suma de su aroma y de su belleza.
ORACIÓN
¡Amabilísima
Virgen María mi Señora! Llenos del más
vivo y ardiente amor, te contemplamos hoy en los últimos años de tu admirable
vida, ejercitando en el grado más sublime todas las virtudes, derramando en
derredor tuyo innumerables y grandes beneficios, y ayudando a los Apóstoles en
sus fatigas para el establecimiento de la Iglesia: ya, Gran Señora, partiste tú
de este mundo para el cielo, y nuestros ojos no pueden tener la dicha de
contemplarte, como la tuvieron los fieles de la primitiva Iglesia; pero no obstante, nosotros, llenos de
confianza en ti, que eres nuestra Madre, tan tierna como poderosa, esperamos
que desde el magestuosísimo trono de gloria que ocupas en el cielo, nos protegerás
en la vida, y nos asistirás en la muerte, para ir a bendecirte en la
bienaventuranza por todos los siglos. Amén.
ORACIÓN
Que se dirá todos los días antes de la meditación.
Advierte, alma mía, que estás en la presencia de Dios, mas íntimamente presente a Su Majestad, que a ti misma. Está mirando él Señor todos tus pensamientos, afectos y movimientos interior y exteriormente. Lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más: pobre, miserable é inmunda, con la abominable lepra de todos los pecados con que has ofendido hasta aquí su infinita bondad. Pero el Señor, obligado del peso de su misma infinita misericordia, desea más que tú misma darte el perdón general de todas tus culpas y el logro de esta meditación. ¿Qué hicieras, si supieras que era la última de tu vida? Puede ser que no tengas otra de tiempo tan oportuno. Ahora puedes conseguir con un pequé de corazón, lo que no conseguirán con eterno llanto los condenados en el infierno, que es el perdón de tus pecados. Alerta, pues: no pierdas tiempo tan precioso, por amor de Dios.
Creo, Señor, que estáis íntimamente presente a mi corazón. Os doy las gracias por los innumerables beneficios que he recibido, y recibo en cada instante, de vuestra infinita liberalidad y misericordia, especialmente porque me habéis conservado hasta aquí la vida, habiendo yo merecido tantas veces las penas del infierno por mis pecados. Concededme, Padre amorosísimo, un corazón agradecido a vuestras grandes misericordias, y el logro de esta meditación, a mayor honra y gloria vuestra y bien de mi alma. Esté yo en vuestra divina presencia con la humildad, atención y reverencia de alma y cuerpo que corresponde en una vilísima criatura, cual yo soy, que tantas veces os ha despreciado con ofenderos en vuestra misma presencia. Detesto de todo corazón mis pasadas ingratitudes; las aborrezco, por ser ofensas de vuestra infinita bondad: me pesa en el alma de haberos ofendido, por ser quien sois. Quisiera deshacer todos mis pecados, por ser desprecio de un Dios infinitamente bueno. Dadme, Criador y Dueño mío amabilísimo, verdadera contrición de todos mis pecados, y propósito firmísimo de la enmienda.
Bien conozco que no hay en mí otra cosa que la nada, y sobre la nada el pecado. No soy en vuestra divina presencia más que un condenado, y condenado tan innumerables veces, cuantas he repetido las ofensas de vuestra infinita bondad. Compadeceos, Dios mío, de mis tinieblas: no permitáis que pierda tiempo tan oportuno. Enseñadme a tener oración; regid mi memoria; alumbrad mi entendimiento; moved mi voluntad. Obligaos de vuestra misma bondad y de los méritos infinitos de vuestra Santísima vida, pasión y muerte, y de los méritos é intercesión de vuestra Santísima Madre. Poned, Señora, en mi corazón aquellos pensamientos, afectos y determinaciones que son del agrado de vuestro Santísimo Hijo.
MEDITACIÓN
1º—Consideremos el virtuosísimo comportamiento de
María Santísima en los últimos años de su vida, su
oración continua, su mortificación, su modestia, su humildad y la ansiedad grande
con que suspiraba por el dichosísimo instante en que debía ir a unirse con su
Santísimo Hijo en el cielo.
2º— Contemplemos
lo bien que en este tiempo desempeñó la Santísima Virgen el título de Madre de
los hombres, que en el calvario se le confiriera,
y lo amable en sumo grado que en todo este tiempo se manifestó.
3º—Pidámosle que desde el cielo continúe haciendo
para con nosotros los mismos oficios que entonces que hizo con los primeros
fieles, haciéndole la súplica por medio de
su Santa Imagen de la Soledad, etc.
ORACIÓN
Que se dirá todos los días después de la Meditación.
¡Clementísimo Dios y Señor de mi corazón! ¡dulcísimo Jesús mío! ¡sacramentado dueño de mi alma! Os doy las gracias con todo el afecto de mi pobre corazón, porque me habéis concedido este tiempo para que medite. Perdonad, Señor, las distracciones, negligencias, flojedad y todos los demás defectos en que he incurrido en esta Meditación: quedo en ella convencido.... y resuelto.... Conozco que todos mis pecados, aunque tan enormes, no pueden extinguir vuestra infinita bondad: en ella espero firmemente que me habéis de ayudar con vuestra gracia, para que eternamente os ame, os sirva, conozca y ponga por obra vuestra santísima voluntad. Asi lo espero de vuestra infinita piedad y misericordia, y de los méritos y poderosísima intercesión de vuestra Santísima Madre.
—Ave María.
CANTO
Consuelos tiernos por doquier
derrama
Y celestes y santas bendiciones,
Y llena de placer los corazones
La Madre del Divino Redentor,
Al llegar al ocaso de su vida,
De aquella vida inmaculada y santa,
Vida sublime que al Criador encanta,
Y llena al Querubín de admiración.
Se ostenta más amable que las flores,
Y más hermosa que la Luna llena,
Y más pura que atmósfera serena
Cuando pasó la negra tempestad.
Enjuga el llanto de la pobre
viuda,
Y da consuelo al afligido triste,
Sacia al hambriento, y al desnudo viste,
Y al ignorante sus consejos da.
En sus duras fatigas y sudores
Al Apóstol sostiene y encamina
Y su oración purísima y divina
Le obtiene del Señor la protección.
El triste la proclama su consuelo,
El Apóstol su maestra y su doctora,
Y la Iglesia, su Reina y su Señora,
Y el fiel prenda de gloria y salvación.
Tantas bondades y virtudes tantas
Ya su premio en el cielo
consiguieron;
Y si en el mundo tanto relucieron,
En el cielo muy mas relucirán.
Y de la vida en el pesar continuo
Nos servirán de bálsamo calmante,
Y del pecado en el guerrear constante
Espléndida victoria nos darán.
PRÁCTICA PARA MAÑANA
Encomendarse
fervorosamente a la Santísima Señora, al entrar y salir del aposento, y al
comenzar las ocupaciones del día.


















