Por Lucio Marmolejo.
Decretado por Lllmo. Sr. Lic. D. Clemente de Jesús Munguía, Obispo de Michoacán, así lo decretó y firmó. México 26 de Diciembre de 1851.
Librería de Rosa y Bouret, 18 calle San José el Real 18. 1868. Propiedad de los editores.
DIA TREINTA Y UNO: 31 de
mayo.
Visita a la Imagen de NUESTRA SEÑORA DE ZAPOPAN, que se venera
en su Santuario, extramuros de la ciudad de Guadalajara.
La célebre y
portentosa Imagen de Nuestra Señora de Zapopan, es el amparo y refugio de la
opulenta ciudad de Guadalajara, y en más de trescientos años que tiene de
veneración de aquellos habitantes, nunca ha desatendido sus ruegos, ni
despreciado sus súplicas; antes bien las ha despachado favorablemente, aun a
costa de asombrosos prodigios, según vamos a ver luego.
Trajo esta Imagen de España el R. P. Fr.
Antonio Segovia, y la llevó consigo en todas sus penosas peregrinaciones
durante la conquista y después de ella, y siempre experimentó su benéfico
patrocinio. El año de 1541 fundó, en compañía de Nicolás de Bobadilla, la villa
de Zapopan, que hoy puede considerarse como un arrabal de Guadalajara, y colocó
en el templo la portentosa Imagen: desde luego comenzó, por
medio de prodigios, a conciliarse la veneración de toda la comarca, y a los
cien años, es decir, en 1641, mandó el Ilmo. Sr. Obispo de Guadalajara, D. Jua
n Ruiz Colmenero, levantar acerca de ellos un a información jurídica. Con esto
se aumentaba cada día más la devoción de los habitantes de Guadalajara,
quienes, no contentos ya con el primitivo templo, determinaron fabricarle otro
aún más suntuoso, y es el bello Santuario en que hoy se venera; hubo algunas
dificultades en su fábrica; pero al fin fue solemnemente dedicado por el lllmo.
Señor D. Nicolás Gómez de Cervantes, en el mes de Setiembre de 1729. Cada día
han ido adornando los devotos de la Señora más y más el templo, y no contentos
todavía con esto, fundaron en el año de 1816 un Colegio de Misioneros Apostólicos,
a expensas de la Sra. Doña María Barrena y Vizcarra, para los mayores cultos de
Nuestra Señora de Zapopan.
Es
la Santa Imagen de escultura, de poco menos de vara y media de alto, de hermosa
proporción y talle bien formado: su advocación es
de la Expectación, por otro nombre de la 0; misterio que se, celebra
solemnemente el día 18 de Diciembre. El año de 1754 fue jurada por la
ciudad de Guadalajara patrona contra las tempestades, y desde entonces comenzó
la costumbre de llevarla anualmente a la Santa Iglesia Catedral el 13 o 14 de
Junio, volviéndola a su Santuario el 4 o 5 de Octubre, y en ambas procesiones
manifiesta aquella hermosa capital su devoción con grandes demostraciones de
regocijo.
Ya indicamos que María en la invocación de esta
Santa Imagen, ha obrado por todo el obispado de Guadalajara tan admirables como
numerosos portentos, los que, en su mayor parte, han sido jurídicamente
autenticados por los lllmo. Sres. Obispos dé la diócesis: el «Zodiaco Mariano» refiere varios, y de ellos y de allí
extractamos los siguientes:
Llevaron una ocasión
la Santa Imagen por todo el Obispado, para solicitar limosnas para su culto, y
habiendo llegado al pueblo de Jochitlan, estaba en él un indio ciego desde su
nacimiento, el cual, lleno de confianza en la Santísima Virgen, se hizo llevar a
su presencia, y habiéndose hecho tocar los ojos con la Santísima Imagen, se
halló en el acto con la vista de que jamás había disfrutado.
Yendo la Santa Imagen
en la peregrinación, 0salió una mañana de Jolapan, y se levantó una tempestad
terrible que inundó todos los alrededores; pero no cayó ni una gota de agua
sobre la Imagen ni sobre los que la llevaban: llegaron al rio Zacatengo, y en
sus riberas había muchas personas detenidas por venir el rio muy crecido y ser
muy impetuoso: entonces los conductores de la Imagen, por un impulso superior,
se arrojaron al rio sin atender a su rápida corriente, y luego que entró en él
esta verdadera arca del Nuevo Testamento, detuvo su ímpetu, y todos los que
estaban detenidos pasaron sin temor alguno.
Un hombre, por
grandes infortunios que le habían sucedido, salió desesperado de su casa sin
saber a dónde ir, y estando ya en el campo, intentó por varias veces ahorcarse
o precipitarse al fondo de una profunda barranca; pero todas ellas se le
apareció la Santísima Virgen, y le impidió que verificara tan diabólico
intento. Estando ya muy entrada la noche, se encontró el hombre en Zapopan, de
cuya prodigiosa Imagen ni tenía noticia: comunicó cuanto le había sucedido al
cura, el cual procuró consolarlo, y lo llevó al Santuario a que hiciera
oración; y en el momento que vio la Imagen, reconoció, tan asombrado como
agradecido, que aquella habia sido su libertadora, y se encontró armado de
heroica paciencia para soportar 0sus trabajos, que terminaron en breve.
Andaba un
muchacho jugando, y habiéndolo arrojado por tierra un carruaje, le pasaron las
ruedas por la cabeza, y se la magullaron completamente, en término de sacarle
los ojos de sus órbitas, y quedando muerto a juicio de todos; pero llevado ante
la Santísima Imagen, al punto resucitó, volviendo a su lugar los ojos y quedando
enteramente sano.
Otros
innumerables prodigios podríamos referir; pero nos hemos extendido mucho: el
que guste, puede leerlos en el «Zodiaco Mariano» concluyamos,
pues, dando muchas gracias a Dios, que así sabe glorificar a su Santísima
Madre, y confiando mucho en que la Virgen poderosísima nos dará virtud en esta
vida y salvación en la otra.
VIDA DE MARÍA
Coronación de María.
No contento el Dios Omnipotente
con recibir a María en la gloria con la pompa y magnificencia extraordinaria
que le concedió en su gloriosa Asunción, dispuso
coronarla como Soberana Emperatriz de todo lo criado. Manda que todos
los moradores del cielo se humillen delante de María, y
el Padre Eterno la corona como a su Hija, el Divino Verbo como a su Madre, y el
Espíritu Santo como a su Esposa, haciéndola desde luego la depositaría
de todos los dones del cielo, el conducto por donde se comunica la divina
gracia, y glorificándola tanto, que todas las inteligencias creadas del cielo y
de la tierra, se empeñarán en vano por comprender su gloria.
GLORIA DE MARÍA
María, hermoso Laurel.
(Laurus nobilis)
Los ilustres guerreros, los Césares, los emperadores, han
ceñido sus frentes con el hermoso follaje del laurel; queriendo simbolizar con
esto su inmarcesible gloria. ¿Cómo,
pues, no ceñir con él la frente de María, para representarnos la gloria, poco
menos que infinita, que recibió en su coronación en el cielo? La ceñiremos, pues, con el laurel;
pero confesando que es un símil muy pobre, una expresión muy débil de la gloría
que posee María Santísima en el cielo; porque ¿cómo
representarla con alegorías humanas, cuando los ángeles no podrían encontrar
una conveniente? Pero ya que no tenemos más, representémonos hoy a María coronada con frescos
laureles, tomando posesión del Imperio del cielo y de la tierra, y confesémonos
regocijados los últimos y más indignos de sus súbditos.
ORACIÓN
¡Poderosísima
Virgen María, Emperatriz del cielo y de la tierra, Reina y Soberana de todo lo
criado y Madre, Señora y Abogada nuestra! anonadados al contemplar tu
elevada grandeza, recordamos hoy llenos de júbilo la excelsa gloria a que
fuiste exaltada el día de tu coronación en el cielo, y confesándonos los más
viles y despreciables pecadores en tu augusta presencia, nos postramos a tus
reales plantas, reconocemos, alabamos y bendecimos tu maternal bondad, que no
obstante tu elevada grandeza y nuestra suma pequeñez, te dignas atendernos y
favorecernos, y aun nos permites te llamemos con el dulce nombre de Madre. ¡Oh Gran Señora! auxílianos, para, que correspondamos
a tan grande y singular favor: protéjanos en todo
como a la dichosa ciudad de Guadalajara por medio de tu Santa Imagen de Zapopan,
y fuertes así contra los ataques de nuestros tres enemigos capitales,
observaremos en esta vida los preceptos de la divina ley de tu Santísimo Hijo,
y a la hora de la muerte, con tu poderosa asistencia, te iremos a proclamar en
el cielo nuestra augusta Soberana y nuestra tierna Madre. Amén.
ORACIÓN
Que se dirá todos los días antes de la meditación.
Advierte, alma mía, que estás en la presencia de Dios, mas íntimamente presente a Su Majestad, que a ti misma. Está mirando él Señor todos tus pensamientos, afectos y movimientos interior y exteriormente. Lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más: pobre, miserable é inmunda, con la abominable lepra de todos los pecados con que has ofendido hasta aquí su infinita bondad. Pero el Señor, obligado del peso de su misma infinita misericordia, desea más que tú misma darte el perdón general de todas tus culpas y el logro de esta meditación. ¿Qué hicieras, si supieras que era la última de tu vida? Puede ser que no tengas otra de tiempo tan oportuno. Ahora puedes conseguir con un pequé de corazón, lo que no conseguirán con eterno llanto los condenados en el infierno, que es el perdón de tus pecados. Alerta, pues: no pierdas tiempo tan precioso, por amor de Dios.
Creo, Señor, que estáis íntimamente presente a mi corazón. Os doy las gracias por los innumerables beneficios que he recibido, y recibo en cada instante, de vuestra infinita liberalidad y misericordia, especialmente porque me habéis conservado hasta aquí la vida, habiendo yo merecido tantas veces las penas del infierno por mis pecados. Concededme, Padre amorosísimo, un corazón agradecido a vuestras grandes misericordias, y el logro de esta meditación, a mayor honra y gloria vuestra y bien de mi alma. Esté yo en vuestra divina presencia con la humildad, atención y reverencia de alma y cuerpo que corresponde en una vilísima criatura, cual yo soy, que tantas veces os ha despreciado con ofenderos en vuestra misma presencia. Detesto de todo corazón mis pasadas ingratitudes; las aborrezco, por ser ofensas de vuestra infinita bondad: me pesa en el alma de haberos ofendido, por ser quien sois. Quisiera deshacer todos mis pecados, por ser desprecio de un Dios infinitamente bueno. Dadme, Criador y Dueño mío amabilísimo, verdadera contrición de todos mis pecados, y propósito firmísimo de la enmienda.
Bien conozco que no hay en mí otra cosa que la nada, y sobre la nada el pecado. No soy en vuestra divina presencia más que un condenado, y condenado tan innumerables veces, cuantas he repetido las ofensas de vuestra infinita bondad. Compadeceos, Dios mío, de mis tinieblas: no permitáis que pierda tiempo tan oportuno. Enseñadme a tener oración; regid mi memoria; alumbrad mi entendimiento; moved mi voluntad. Obligaos de vuestra misma bondad y de los méritos infinitos de vuestra Santísima vida, pasión y muerte, y de los méritos é intercesión de vuestra Santísima Madre. Poned, Señora, en mi corazón aquellos pensamientos, afectos y determinaciones que son del agrado de vuestro Santísimo Hijo.
MEDITACIÓN
1°—Contemplemos la espléndida magnificencia del
Señor, que premió de un modo tan grandioso las relevantes virtudes de su
Santísima Madre, coronándola en el cielo
como Reina de todas las criaturas, y solo inferior a su Divina Majestad.
2º—Consideremos cuán grande, cuán sublime y
excelsa es la gloria de que María disfruta en su elevado trono, colocado a la
diestra del de su Santísimo Hijo, y alegrémonos
en gran manera al pensar que su poder es proporcional a su gloria, y que lo
empleará en favor nuestro, como una Madre en favor de sus hijos.
3º—Proclamemos a María con todo nuestro corazón, como a nuestra Reina y Señora, y honrémonos, confesándonos
sus súbditos y esclavos, confiando mucho en su favor y rogándole por la
mediación de la milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Zapopan, que nos ampare y
proteja como a la dichosa ciudad de Guadalajara.
ORACIÓN
Que se dirá todos los días después de la Meditación.
¡Clementísimo Dios y Señor de mi corazón! ¡dulcísimo Jesús mío! ¡sacramentado dueño de mi alma! Os doy las gracias con todo el afecto de mi pobre corazón, porque me habéis concedido este tiempo para que medite. Perdonad, Señor, las distracciones, negligencias, flojedad y todos los demás defectos en que he incurrido en esta Meditación: quedo en ella convencido.... y resuelto.... Conozco que todos mis pecados, aunque tan enormes, no pueden extinguir vuestra infinita bondad: en ella espero firmemente que me habéis de ayudar con vuestra gracia, para que eternamente os ame, os sirva, conozca y ponga por obra vuestra santísima voluntad. Asi lo espero de vuestra infinita piedad y misericordia, y de los méritos y poderosísima intercesión de vuestra Santísima Madre.
—Ave María.
CANTO
Subió, por fin, María
Mas allá de los astros rutilantes,
Y se sentó en su trono de diamantes
Cerca, muy cerca, del Señor del día.
A sus pies se postraron
Ángeles y querubes inmortales,
Y todas las criaturas celestiales
Como a su augusta Reina la aclamaron.
Entonces el Padre Eterno
Puso en sus sienes la imperial corona,
Que a sus augustas plantas eslabona
Los cielos y la tierra y el infierno.
También como a su Madre
Le colocó sobre su hermosa frente
Espléndida corona refulgente
Él Hijo Eterno del Eterno Padre.
Y al término llegada
De su glorioso y singular destino,
La coronó el Espíritu Divino
Como a su tierna Esposa inmaculada.
Al mirar gloria tanta,
Los ángeles de amor se estremecieron,
Y sus labios purísimos pusieron
Donde puso su pie la Virgen Santa.
Nosotros humillemos
Nuestra cabeza altiva y orgullosa,
Y a esta Virgen tan grande y poderosa,
Señora y Reina nuestra confesemos.
PRÁCTICA PARA MAÑANA
Recibir Sacramentalmente el
adorable cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, y si hubiere algún
obstáculo invencible, al menos comulgar espiritualmente.














