sábado, 11 de octubre de 2025

Maternidad de la Santísima Virgen. —11 de octubre.

 


   Oh Dios, que quisiste que, al anuncio del Ángel, tu Verbo se encarnase en el seno de la Bienaventurada Virgen María: Te suplicámos hagas que, los que creemos que ella es verdadera Madre de Dios, seamos ayudados ante ti por su intercesión. Por el mismo Nuestro Señor Jesucristo.

 


EL TÍTULO DE MADRE DE DIOS



   Entre todos los títulos de alabanza tributados a Nuestra Señora no hay ninguno más glorioso que el de Madre de Dios. Ser Madre de Dios es el porqué de María, el secreto de sus gracias y de sus privilegios.

 

   Para nosotros este título encierra en sustancia todo el misterio de la Encarnación; y no hay otro por el que podamos con más razón felicitarla a ella y regocijarnos nosotros. San Efrén justamente pensaba que, para dar uno prueba cierta de su fe, le bastaba confesar y creer que la Santísima Virgen María es Madre de Dios.

 

   Y por eso la Iglesia no puede celebrar ninguna fiesta de la Virgen María sin alabarla por este augusto privilegio. En su Inmaculada Concepción, en su Natividad, e igualmente en su Asunción, siempre saludamos en ella a la Santa Madre de Dios. Y eso es precisamente lo que hacemos nosotros también al repetir tantas veces a diario el Ave María.




LA HEREJÍA NESTORIANA


   “Teotokos, Madre de Dios”: así se la llamó a María en todo tiempo. Hacer la historia del dogma de la maternidad divina sería hacer toda la historia del cristianismo. El nombre Teotokos de tal forma había penetrado en el espíritu y en el corazón de los fieles, que se armó un escándalo enorme el día en que ante Nestorio, obispo de Constantinopla, un sacerdote, portavoz suyo, tuvo la osadía de pretender que María no era Madre más que de un hombre, porque era imposible que un Dios naciese de una mujer.

 

   Pero entonces ocupaba la silla de Alejandría un obispo, San Cirilo, a quien Dios suscitó para defender el honor de la Madre de su Hijo. Al punto hizo pública su extrañeza: “Estoy admirado de que haya hombres que pongan en duda que a la Santísima Virgen se la pueda llamar Madre de Dios. Si Nuestro Señor es Dios, ¿cómo podrá ser que María, que le dio al mundo, no sea Madre de Dios? Esta es la fe que nos transmitieron los discípulos, aunque no se sirviesen de este término; es también la doctrina que nos enseñaron los Santos Padres.”


 

EL CONCILIO DE EFESO


 

   Nestorio no admitió cambio alguno en sus ideas. El emperador convocó un Concilio, que inauguró sus sesiones en Éfeso el 22 de junio del 431; en él presidió San Cirilo, como legado del Papa Celestino. Se juntaron 200 obispos; proclamaron que “la persona de Cristo es una y divina y que la Santísima Virgen tiene que ser reconocida y venerada por todos como realmente Madre de Dios”. Al saberse esta noticia, los cristianos de Éfeso entonaron cantos de triunfo, iluminaron la ciudad y acompañaron a sus domicilios con antorchas a los obispos “que habían venido, gritaban, a devolvernos la Madre de Dios y a ratificar con su autoridad santa lo que estaba escrito en todos los corazones”.

 

   Y, como ocurre siempre, los esfuerzos del diablo sólo sirvieron para preparar y suscitar un triunfo magnifico a Nuestra Señora; los Padres del Concilio, así cuenta la tradición, para perpetua memoria añadieron al Ave María esta cláusula: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”: oración que desde entonces recitan todos los días millones de almas para reconocer en María la gloria de Madre de Dios que un hereje la quiso arrebatar.


LA FIESTA DEL 11 DE OCTUBRE

 


   El año 1931, al celebrarse el centenario XV del Concilio, pensó Pío XI que sería “útil y grato a los fieles el meditar y reflexionar sobre un dogma tan importante” como es el de la maternidad divina.

 

   Para que quedase perpetuo testimonio de su piedad a María, escribió la Encíclica Lux Veritatis, restauró la basílica de Santa María la Mayor de Roma y además instituyó una fiesta litúrgica, que “contribuiría al aumento de la devoción hacia la Soberana Madre de Dios entre el clero y los fieles, y presentaría a la Santísima Virgen y a la Sagrada Familia de Nazaret como un modelo para las familias”, para que así se respeten cada vez más la dignidad y la santidad del matrimonio y la educación de la juventud.

 

   En las fiestas del 1º de enero y en las del 25 de marzo tuvimos ocasión de considerar lo que para María lleva consigo su dignidad de Madre de Dios. El tema, por decirlo así, es inagotable: podemos detenernos hoy todavía unos momentos más.




 

MARÍA EXTERMINADORA DE LAS HEREJÍAS

 

   “Alégrate, oh Virgen María, porque tú sola has destruido en todo el mundo todas las herejías.”

 

   Esta antífona de la Liturgia demuestra claramente que el dogma de la maternidad divina es el sostén y la defensa de todo el cristianismo. Confesar la maternidad divina, vale tanto como confesar, en el Verbo Encarnado, la naturaleza humana y la naturaleza divina, y también la unidad de persona; es afirmar la distinción de personas en Dios y la unidad de su naturaleza; es reconocer todo el orden sobrenatural de la gracia y de la gloria.

 


MARÍA ES CON TODA VERDAD MADRE DE DIOS

 

   Ahora bien, es fácil reconocer que María es con toda propiedad Madre de Dios. “Si el Hijo de la Santísima Virgen es Dios, escribía Pío XI en su Encíclica Lux Veritatis, la que le engendró debe llamarse Madre de Dios; si la persona de Jesucristo es una y divina, no cabe duda ninguna que todos tienen que llamar a María Madre de Dios y no sólo Madre de Cristo-hombre… Del mismo modo que a las demás mujeres se las llama madres, y lo son realmente, porque en su seno formaron nuestra sustancia caduca y no porque creasen el alma humana así alcanzó la Virgen la maternidad divina por el hecho de haber engendrado a la única persona de su Hijo.”


CONSECUENCIAS DE LA MATERNIDAD DIVINA


 

   De aquí se derivan como de una misteriosa y viva fuente la gracia especial de María y su suprema dignidad después de Dios. La Bienaventurada Virgen María tiene una dignidad casi infinita, dice Santo Tomás, y proviene del bien infinito que es Dios. Cornelio a Lapide explica así estas palabras: “es Madre de Dios: sobrepuja, por consiguiente, en excelencia a todos los Ángeles, Querubines y Serafines. Es Madre de Dios: es, por tanto, la más pura y las más santa de todas las criaturas, y, excepción hecha de Dios, no es posible figurarse mayor santidad que la de la Santísima Virgen. Es Madre de Dios: por eso, se la concedió a ella su privilegio antes que a cualquier Santo se concediese cualquier privilegio del orden de la gracia santificante”.

 


DIGNIDAD DE MARÍA

 

   Este privilegio de la divina maternidad relaciona a María con Dios con una relación tan particular y tan íntima, que no hay dignidad creada que pueda compararse con la suya. Esa dignidad la pone en relación inmediata con la unión hipostática y la hace entrar en relaciones íntimas y personales con las tres personas de la Santísima Trinidad.

 

   MARÍA Y JESÚS - La maternidad divina une a María con su Hijo con un lazo mucho más fuerte que el de las demás madres con respecto a sus hijos. Estas no son las únicas que intervienen en la generación, mientras que la Santísima Virgen fue ella sola la que produjo a su Hijo, el Hombre-Dios, de su propia sustancia, Jesús es fruto de su virginidad. Pertenece a su Madre porque ella le concibió y le dio a luz en el tiempo, ella le alimentó con la leche virginal de sus pechos, ella le educó, ella ejerció sobre Él su autoridad maternal.

 

MARÍA Y EL PADRE - La maternidad divina liga a María con el Padre de una manera que no se puede expresar con palabras humanas.

 

   María tiene por Hijo al mismo Hijo de Dios; imita y reproduce en el tiempo la generación misteriosa por la que el Padre engendra a su Hijo en la eternidad. Y de ese modo llega a ser la coasociada del Padre en su Paternidad: “Si el Padre nos ha dado pruebas de un afecto sincero, decía Bossuet, porque nos ha dado a su Hijo por Maestro y Salvador, el amor inefable que siente por ti, oh María, le hizo concebir otros muchos planes en nuestro favor. Dispuso que fuese tan tuyo como de Él; y, para formar contigo una sociedad eterna, quiso que fueses la Madre de su único Hijo y ser El el Padre del tuyo”

 

MARÍA Y EL ESPÍRITU SANTO - La maternidad divina une igualmente a María con el Espíritu Santo, ya que por el Espíritu Santo concibió al Verbo en su seno. León XIII llama a María: Esposa del Espíritu Santo. Y María es su santuario privilegiado a causa de las maravillas inauditas de la gracia que ese Espíritu divino obró en ella.

 

   “Si Dios está con los Santos, concluye San Bernardoestá con María de un modo particularísimo; porque, entre Dios y ella la conformidad es tan perfecta, que Dios se ha unido no sólo a su voluntad, sino también a su carne, y de su sustancia y de la sustancia de la Virgen, hizo un solo Cristo; Cristo, aunque no procede en lo que es, ni todo completo de Dios ni todo completo de la Virgen, no deja de ser, esto no obstante, todo entero de Dios y todo entero de la Virgen; pues no hay dos hijos, sino uno solo, que lo es de Dios y de la Virgen. Por eso la dice el ángel: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Está contigo no sólo el Señor Hijo, a quien tú revistes de tu carne, sino el Señor Espíritu Santo, de quien tú concibes y el Señor Padre, que ha engendrado al que tú concibes. El Padre está contigo y hace que su Hijo sea tuyo; el Hijo está contigo y, para realizar en ti el admirable misterio, se abre milagrosamente para sí tu seno, pero respetando el sello de tu virginidad; el Espíritu Santo está contigo y juntamente con el Padre y el Hijo, santifica tu seno. Ciertamente, el Señor está contigo”

 




ORACIÓN


   Santísima Madre de Dios, en vano la herejía ha querido quitaros este glorioso título: postrados a vuestros pies os pedimos nos defendáis de los enemigos de nuestra salvación, para que sean también vanos todos los esfuerzos que hacen para arrancarnos la inocencia del corazón.

 

 

Fuente: El Año Litúrgico, Dom Gueranger



miércoles, 8 de octubre de 2025

MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A LA DEVOCIÓN DEL SANTÍSIMO ROSARIO. DÍA 8.

 

Por el Presbítero Ildefonso Portillo, Cura y Vicario Foráneo de Guanajuato.

León 1901.

Tip. Guadalupana de Camilo Segura.

El llmo. Sr. Dr. Atenógenes Silva, Dignísimo Arzobispo de Michoacán, se ha dignado conceder ochenta días de indulgencias a todos los fieles cristianos de su provincia por la práctica de las oraciones y meditaciones correspondientes a cada uno de los días de este mes, consagrado a la devoción del Santísimo Rosario.

 

 

Visto el dictamen favorable del Sr. Promotor fiscal, Pbro. D. Marino de J. Correa, concedemos Nuestra licencia para que, el Sr. Cura de Guanajuato D. Ildefonso Portillo imprima y publique el manuscrito intitulado «Mes de Octubre consagrado a la devoción del Santísimo Rosario,» con calidad de que no vea la luz pública, sin que previamente sea cotejado el impreso con el original por el mismo Sr. Censor. Lo decretó y firmó el llmo. Sr. Obispo. M. F. El Obispo.

Ángel Martínez. (Srio)

 

Por la señal  de la Santa Cruz, de nuestros  enemigos, líbranos Señor  Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

ACTO DE CONTRICIÓN.

 

   Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, a mí me pesa, pésame Señor, de todo corazón de haberos ofendido; y propongo firmemente de nunca más pecar, de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, restituir y satisfacer, si algo debiere; y por vuestro amor perdono a todos mis enemigos; ofrezcoos mi vida, Obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados: así como os lo suplico, asi confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonareis por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.

 

 

ORACIÓN PREPARATORIA



   Señor mío Jesucristo, mi padre y sumo bien a quien amo con todo mi corazón y de lo íntimo de mi alma te pido humildemente que ostentes en mi favor tus misericordias, perdonando mis pecados y dándome tu gracia para meditar con fruto los sagrados misterios que se nos proponen en el Rosario, y de esta meditación se inflame mi corazón en tu divino amor, procurando imitar las virtudes que resplandecen en ellos; logrando la enmienda de mi vida y la sujeción de todas mis inclinaciones a tus adorables mandamientos, como lo espero de tu clemencia paternal.

   Convierte tu alma al Señor.

   Vuelve alma mía hacia tu centro y no pierdas estos momentos que tu Dios te concede para obrar tu salvación. El pasado ya no existe; el futuro es incierto, y el presente no dura más que un momento, y este presente se te concede para que medites en las finezas del amor de tu Dios, te inclines á El y ganes la eternidad. Tres pensamientos deben ocuparte ¡oh alma mía! Dios te ve: Dios te oye: Dios está cerca de tí.


   Dios te ve. ¡Ah, Señor! ¿qué veis? Un ser muy débil, miserable y enteramente indigno de ponerse ante tus ojos. ¡Ay! que tus miradas, al menos, no se muestren ofendidas de mi ligereza y flojedad.


   Dios te oye. ¿Qué oyes Dios mío? el lenguaje de una pobre criatura aquejada por mil y mil pesares que no sabe cómo decirlos.


   Dios está cerca de tí. Si te hallases en presencia de un rey de la tierra ¿cuál sería tu respeto y prudencia? Estás delante de Dios, presente en las aras: el Rey por quien los reyes ocupan sus tronos, el Rey de los reyes. ¿Tendrás bastante osadía para mostrarte ligero y distraído?


   Espíritu Santo, á tí toca el derramar las luces para aclarar la inteligencia, encender el amor en el corazón, y el espíritu de piedad en el alma entera. Dame, Señor la abundancia de tus dones, a fin de que sea menos indigno de acercarme a un Dios que me llama hacia sí. Permíteme, ¡oh Señor! que mi atención se fije en los puntos que voy a meditar.


 

ORACIÓN



   Os adoro, Dios mío, con todo el afecto de mi alma y os pido gracia para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas al servicio y alabanza de vuestra divina Majestad.

   Hablaré a mi Señor, siendo yo polvo y ceniza.




8 DE OCTUBRE.

 

MEDITACIÓN

 

SOBRE LA PURIFICACIÓN DE NUESTRA SEÑORA.

 

PUNTO 1

 

   Considera como habiendo llegado el tiempo de la Purificación de María, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús para presentarlo al Señor, según lo que está escrito en la ley, todo varón primogénito será consagrado al Señor. María es Madre de Dios, y quiere ser tenida por Madre de un hombre ¡qué humildad! María es pura como el Sol, y viene al Templo para cumplir la ley de la purificación: ¡qué pureza! María no está sujeta a la ley, y se somete voluntariamente: ¡qué obediencia! María no tiene sino un Hijo, que le es infinitamente amado, y le sacrifica a Dios, poniéndole en los brazos del Sacerdote, y al mismo tiempo en los de la Cruz: ¡qué caridad! Imita estas cuatro virtudes de la Santísima Virgen; conserva como ella un corazón humilde, el cuerpo puro, un espíritu obediente y manos generosas. Ofrece a Dios lo que tienes de más estimado; sacrifícale tus hijos y tus bienes, tus deseos y tus temores. Entrégale sobre todo tu corazón, éste único y primogénito que le pertenece y que manda se lo presentes: entrégaselo todo entero sin dividirle ni partirle: no lo perderás ofreciéndoselo; al contrario, le librarás de la esclavitud del demonio, será libre y feliz y le procurarás el reposo, que no hallará jamás fuera de Dios. ¿Dónde vas alma cristiana? Al Templo con el Santo Simeón. ¿Qué vas a hacer? A recibir a Jesús en tus brazos. ¿Quién te lo dará? Dios Padre y la Virgen su Madre, por manos del Sacerdote. ¿Qué le harás? Le pondrás en tu corazón; le harás descansar en tu pecho; lo ofrecerás a Dios en sacrificio, para la remisión de tus pecados, y en acción de gracias por tantos favores que te ha dispensado. ¿Y después que harás? Te volverás cantando con aquel Santo Anciano Simeón un cántico de júbilo.

 

PUNTO 2

 

   Alma mía, vivirás en paz si no deseas otra cosa que a Jesús. Morirás en paz si amas solo a Jesús. Entrarás en el cielo si murieres en los brazos de la Madre de Jesús. Habiendo ella presentado a Jesús, que es la cabeza, puedes esperar que también presentará los miembros; y habiendo ofrecido a Dios el primero de los predestinados, también los otros serán presentados por sus manos. No puede agradar al Padre sino lo que le presenta y ofrece su divino Hijo, ni puede agradar al Hijo sino lo que le presenta su Santa Madre. Considera la obligación que tienes de amar, de honrar y servir a la Santísima Virgen. Es menester ser hijo de la Virgen para que nos presente por sus manos; y para ser hijo suyo debemos elegirla por Madre propia, siendo como ella humildes, castos, obedientes, y como ella llenos de caridad. ¡Oh Virgen Santa! ¡Oh digna Madre de Dios! ¿Querrás ser Madre de un pecador, y del mayor de todos los pecadores que soy yo? Sí, mi amada Señora; así lo confío, detestando mis pecados. Porque si vos habéis consentido el ser Madre de un Salvador, fué para ser madre también de los pecadores. ¿Podéis aborrecer a los que ha amado vuestro Hijo divino? ¿Podéis desechar a los que ha buscado y recibido con tanta bondad en su compañía? ¡Oh Santa Madre de Dios! yo pongo mi alma en vuestras manos y os ruego que la guardéis. Aunque perversa, es el precio de la sangre de vuestro Hijo, y por ella ha dado su vida; para redimirla habéis vos sacrificado a este Hijo divino, y entregándolo á la muerte; no podéis menospreciar lo que tanto os ha costado, y que Jesús ha amado con tanta ternura. Si mi alma está en vuestras manos, la considero segura, y si vos os dignáis presentarla a Jesús, infaliblemente me salvaré, porque le es agradable lo que le presentáis y lo que os pertenece es suyo también.



ORACIÓN PARA DESPUES DE LA MEDITACIÓN

 


   Gracias te doy, Señor, porque te dignaste recibir en tu presencia a la más pobre y más débil de tus criaturas. Me prosterno a tus pies para pedirte perdón de mis distracciones y de mi indolencia. Confío ¡Dios mío! a tu bondad las buenas resoluciones que me has inspirado: solo tú puedes hacerlas eficaces con tu concurso poderosísimo: no me las niegues.


   ¡Oh María! la más tierna de las madres. Ven también en mi ayuda y no me abandones; alcánzame la gracia de permanecer fiel a tus promesas y de poder cumplir exactamente las resoluciones que he tomado, a las plantas de mi Dios.


   ¡Oh Ángel bondadoso de mi guarda! suplicóte que me recuerdes mis resoluciones y ayúdame a seguirlas fielmente. Amén.

 

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A LA DEVOCIÓN DEL SANTÍSIMO ROSARIO. DÍA 7.

 

Por el Presbítero Ildefonso Portillo, Cura y Vicario Foráneo de Guanajuato.

León 1901.

Tip. Guadalupana de Camilo Segura.

El llmo. Sr. Dr. Atenógenes Silva, Dignísimo Arzobispo de Michoacán, se ha dignado conceder ochenta días de indulgencias a todos los fieles cristianos de su provincia por la práctica de las oraciones y meditaciones correspondientes a cada uno de los días de este mes, consagrado a la devoción del Santísimo Rosario.

 

 

Visto el dictamen favorable del Sr. Promotor fiscal, Pbro. D. Marino de J. Correa, concedemos Nuestra licencia para que, el Sr. Cura de Guanajuato D. Ildefonso Portillo imprima y publique el manuscrito intitulado «Mes de Octubre consagrado a la devoción del Santísimo Rosario,» con calidad de que no vea la luz pública, sin que previamente sea cotejado el impreso con el original por el mismo Sr. Censor. Lo decretó y firmó el llmo. Sr. Obispo. M. F. El Obispo.

Ángel Martínez. (Srio)

 

Por la señal  de la Santa Cruz, de nuestros  enemigos, líbranos Señor  Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

ACTO DE CONTRICIÓN.

 

   Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, a mí me pesa, pésame Señor, de todo corazón de haberos ofendido; y propongo firmemente de nunca más pecar, de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, restituir y satisfacer, si algo debiere; y por vuestro amor perdono a todos mis enemigos; ofrezcoos mi vida, Obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados: así como os lo suplico, asi confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonareis por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.

 

 

ORACIÓN PREPARATORIA



   Señor mío Jesucristo, mi padre y sumo bien a quien amo con todo mi corazón y de lo íntimo de mi alma te pido humildemente que ostentes en mi favor tus misericordias, perdonando mis pecados y dándome tu gracia para meditar con fruto los sagrados misterios que se nos proponen en el Rosario, y de esta meditación se inflame mi corazón en tu divino amor, procurando imitar las virtudes que resplandecen en ellos; logrando la enmienda de mi vida y la sujeción de todas mis inclinaciones a tus adorables mandamientos, como lo espero de tu clemencia paternal.

   Convierte tu alma al Señor.

   Vuelve alma mía hacia tu centro y no pierdas estos momentos que tu Dios te concede para obrar tu salvación. El pasado ya no existe; el futuro es incierto, y el presente no dura más que un momento, y este presente se te concede para que medites en las finezas del amor de tu Dios, te inclines á El y ganes la eternidad. Tres pensamientos deben ocuparte ¡oh alma mía! Dios te ve: Dios te oye: Dios está cerca de tí.


   Dios te ve. ¡Ah, Señor! ¿qué veis? Un ser muy débil, miserable y enteramente indigno de ponerse ante tus ojos. ¡Ay! que tus miradas, al menos, no se muestren ofendidas de mi ligereza y flojedad.


   Dios te oye. ¿Qué oyes Dios mío? el lenguaje de una pobre criatura aquejada por mil y mil pesares que no sabe cómo decirlos.


   Dios está cerca de tí. Si te hallases en presencia de un rey de la tierra ¿cuál sería tu respeto y prudencia? Estás delante de Dios, presente en las aras: el Rey por quien los reyes ocupan sus tronos, el Rey de los reyes. ¿Tendrás bastante osadía para mostrarte ligero y distraído?


   Espíritu Santo, á tí toca el derramar las luces para aclarar la inteligencia, encender el amor en el corazón, y el espíritu de piedad en el alma entera. Dame, Señor la abundancia de tus dones, a fin de que sea menos indigno de acercarme a un Dios que me llama hacia sí. Permíteme, ¡oh Señor! que mi atención se fije en los puntos que voy a meditar.


 

ORACIÓN



   Os adoro, Dios mío, con todo el afecto de mi alma y os pido gracia para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas al servicio y alabanza de vuestra divina Majestad.

   Hablaré a mi Señor, siendo yo polvo y ceniza.



7 DE OCTUBRE.

 

MEDITACIÓN

 

SOBRE EL MISTERIO DEL NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS.


 

PUNTO 1

 

   Jamás se ha mostrado Dios tan grande como cuando se ha hecho pequeño, ni se ha dejado ver tan poderoso como cuando se ha mostrado débil, ni ha parecido más amable, que cuando le hemos visto pobre y menesteroso. Cuando vemos a un Dios que se hace hijo del hombre, consideramos que el hombre puede llegar a ser Dios, y esto nos consuela. Cuando le vemos en un establo, concebimos que es menester humillarnos, y esto nos asombra; cuando le vemos sobre pajas, conocemos que todas las grandezas de la tierra son basura, y esto nos obliga a despreciarlas; cuando lo vemos llorar, gemir y temblar de frío, inferimos que es necesario padecer, y esto nos da ánimo para abrazar las mortificaciones y padecimientos. Alma mía mira el cuerpo de ese Niño, es el templo augusto de la sabiduría: todas sus acciones son reglas de sabiduría; lecciones sus gemidos y elocuentes expresiones sus lágrimas. La sabiduría tiene allí su escuela y academia en el establo, su trono en el pesebre, su voz es el silencio y su sueño el éxtasis de excelsa virtud. Entra, pues, en ese establo y aprende de tu divino Maestro el desprecio de todo lo que estima el mundo. ¡Oh Dios de Sabiduría, que habéis escogido un establo para palacio de vuestra Majestad, y un pesebre para trono de vuestra gloria! ¿En dónde me ocultaré de vuestra presencia? ¡Qué confusión para un soberbio, ver a su Dios sobre un poco de heno! ¡Que arrogancia en un gusano de la tierra, querer levantar la cabeza, viendo a un Dios tan humillado! ¡Oh, no! la sabiduría divina no puede engañarse ni engañarnos; el mundo es el que nos burla, cuando estima lo que vos despreciáis, y desprecia lo que vos estimáis. Os he tenido siempre como Dios; pero ahora me veo obligado a amaros bajo la forma de hombre, y de un pequeño niño. El Señor es grande. ¿Quién puede no alabarle? El Señor se hace pequeño. ¿Quién puede no amarle?

 

 

PUNTO 2

 

   ¡Oh Jesús mío! ¡Cómo se engaña y se alucina el mundo! Mas ¿Jesús puede engañarse? ¿A cuál de los dos debemos creer? Jesús ha condenado todo lo que ha desechado, y si yo amo lo que aprecia el mundo, seré condenado con él. Mas, si no me asemejo a este Niño, jamás me salvaré. ¡Oh divino Niño! ¡Oh el deseado de todas las naciones que estamos esperando tantos siglos! ¿Cómo entráis vos en el mundo? ¿Cómo os reciben vuestros vasallos? ¿Es éste el magnífico aparato con que debíais aparecer en la tierra? ¿Quién hubiese creído jamás que un Dios queriendo hacerse hombre, naciera en un establo y llorase como un niño? ¡Oh lágrimas de mi Salvador, como consoláis a los afligidos y amedrentáis a los voluptuosos del siglo! Ahora ¿no tendrás compasión de este Niño que comienza a pagar tus deudas, y que satisface con su llanto a la justicia de Dios que tú has irritado? ¿Es posible que aún busquéis los deleites sensibles, viendo a tu Dios que empieza y acaba su vida padeciendo? ¿Gustarás todavía de los honores y bienes de la tierra, viéndole tan pobre y despreciado? Ama lo que él ama; desprecia lo que él desprecia; has lo que él hace; sufre lo que él ha sufrido, porque mira que ha venido al mundo a instruirnos con sus palabras y con sus ejemplos; que es el camino, la verdad y la vida, y que, si no sigues sus pasos, te extraviarás de la verdad y no llegarás nunca a la vida eterna. ¡Oh amado Hijo de María! venid a mis brazos, descansad en mi corazón: bañadme con vuestras lágrimas: bendecidme con vuestras manecitas. Me olvido de lo que soy, viendo que vos os habéis olvidado de lo que eráis. ¡Oh Jesús y Salvador mío! me estremezco cuando os considero en el trono de vuestra gloria; pero, cuan penetrado me siento de alegría, de amor y de confianza, cuando os veo fajado en un pesebre ¿Os habéis hecho niño para que os teman? ¿Os habéis hecho hombre para condenarme? ¡Ah! si me pierdo no será por vuestra culpa, sino por la mía; pero no permitáis, Señor mío, que esto suceda, ya que habéis bajado del cielo a la tierra para buscarme, no huyáis de quien os busca, ni consintáis que me condene, porque viniste al mundo para salvarme.



ORACIÓN PARA DESPUES DE LA MEDITACIÓN


 

   Gracias te doy, Señor, porque te dignaste recibir en tu presencia a la más pobre y más débil de tus criaturas. Me prosterno a tus pies para pedirte perdón de mis distracciones y de mi indolencia. Confío ¡Dios mío! a tu bondad las buenas resoluciones que me has inspirado: solo tú puedes hacerlas eficaces con tu concurso poderosísimo: no me las niegues.


   ¡Oh María! la más tierna de las madres. Ven también en mi ayuda y no me abandones; alcánzame la gracia de permanecer fiel a tus promesas y de poder cumplir exactamente las resoluciones que he tomado, a las plantas de mi Dios.


   ¡Oh Ángel bondadoso de mi guarda! suplicóte que me recuerdes mis resoluciones y ayúdame a seguirlas fielmente. Amén.

 

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

martes, 7 de octubre de 2025

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO. -7 de octubre.

 



   EL ROSARIO es una serie de 150 avemarías repartidas en decenas; cada una de las cuales comienza por un padrenuestro y termina con un gloria. Los fieles honran durante el rosario a Cristo y a su Santísima Madre y meditan sobre los quince principales misterios de la vida de ambos, de suerte que el rosario es una especie de resumen del Evangelio, un recuerdo de la vida, los sufrimientos y la glorificación del Señor y una síntesis de su obra redentora. EI cristiano debería tener siempre presente esos misterios, rendir a Dios un homenaje de amor perpetuo, alabarle por cuanto sufrió por él, y regular su vida y moldear su alma con la meditación de los misterios del rosario. Precisamente ese rezo es un método fácil y adaptable a toda clase de personas, aun a las menos instruidas, y una excelente manera de ejercitar los actos más sublimes de fe y contemplación. Todo el Evangelio está contenido en el padrenuestro, la oración que el Señor nos enseñó, y quienes lo han penetrado a fondo no pueden cansarse de repetirlo; en cuanto al avemaría, toda ella está centrada en el misterio de la Encarnación y es la oración más apropiada para honrar dicho misterio. Aunque en el avemaría hablamos directamente a la Santísima Virgen e invocamos su intercesión, esa oración es sobre todo una alabanza y una acción de gracias a su Hijo por la infinita misericordia que nos mostró al encarnarse.




   Como lo recuerda el Martirologio Romano en esta fecha, San Pío V ordenó en 1572, que se conmemorase anualmente a Nuestra Señora de las Victorias para obtener la misericordia de Dios sobre su Iglesia, para agradecerle sus innumerables beneficios y, en particular, para darle gracias por haber salvado a la cristiandad del dominio de los turcos en la victoria de Lepanto (1571). Aquel triunfo fue una especie de respuesta directa del cielo a las oraciones y procesiones del rosario, organizadas por las cofradías de Roma, en el momento en que se libraba la batalla. Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de octubre (día en que se había ganado la batalla). El 5 de agosto de 1716, día de la fiesta de la dedicación de Santa María la Mayor, los cristianos, mandados por el príncipe Eugenio, infligieron otra importante derrota a los turcos en Peterwardein de Hungría. Con ese motivo, el Papa Clemente XI extendió a toda la Iglesia de occidente la fiesta del Santo Rosario. Actualmente se celebra el 7 de octubre, día en que se ganó la batalla de Lepanto; pero los dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.

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