viernes, 4 de octubre de 2019

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DEL PILAR DE ZARAGOZA.





COMENZAMOS: 4 de octubre.



FINALIZAMOS: 12 de octubre (festividad).



   Según una venerada tradición, la Santísima Virgen María se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Esta tradición encontró su expresión cultual en la misa y en el Oficio que, para toda España, decretó Clemente XII. Pío VII elevó la categoría litúrgica de la fiesta. Pío XII otorgó a todas las naciones sudamericanas la posibilidad de celebrar la misma misa que se celebraba en España.


—Oraciones comunes para todos los días


Postrado humildemente con una firme esperanza en Dios, y en la poderosa protección de la Santísima Virgen, comenzara diciendo: Por la señal de la Santa Cruz, etcétera.
 



ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS



    Señor mío Jesucristo, Dios Hombre verdadero, Criador y Redentor mío. Por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar; apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, restituir y satisfacer, si algo debiere. Ofrézcoos mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados. Y como os suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita, me los perdonaréis por los merecimientos de vuestra preciosa sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme, y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.



ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS



   ¡Oh Señor Omnipotente! en vuestra soberana presencia derramo todo mi corazón, implorando vuestra bondad: yo soy aquella oveja perdida que mi amado Jesús, como Pastor bueno, se afanó tanto en buscarla, la redimió con su preciosísima sangre, y la tomó sobre sus hombros, para volverla al redil de la Iglesia. ¿Permitiréis ahora que se pierda? ¡Ay de mí, me confundo a mí mismo! La causa verdaderamente es mía, porque se trata de mi eterna salud, pero también es vuestra, porque se interesa vuestra gloria. Mas entre tanto viva sobre la tierra, me hallo en la incertidumbre de mi salvación. En semejante conflicto, permitid, Señor, que desahogue con suspiros el profundo sentimiento que aflige mi corazón. Porque, qué me importará ganar el Universo, si me pierdo para siempre. Por esta causa tan importante, elevo mis fervorosos ruegos hasta el trono de vuestra gracia, suplicándoos que libréis mi alma de las furias del león infernal. En Vos confío, Madre piadosa, favorecedme en tan grave necesidad. Acordaos ¡oh graciosísima Virgen María! que jamás se ha oído decir de nadie, que, habiéndose acogido a vuestra protección, pidiendo vuestro amparo, e implorando vuestra intercesión, se haya perdido. Animado yo con esta confianza, acudo a Vos: pecador como soy me presento gimiendo y suplicándoos, que me adoptéis para siempre como hijo, que toméis a vuestro cargo mi eterna salvación. No despreciéis mis palabras, Vos que sois Madre de la palabra eterna. Oídlas propicia, y despachadlas favorablemente, éste será todo mi consuelo sobre la tierra, y me inspirará la más segura confianza de ser colocado un día entre los Coros de los Ángeles, donde alabaré para siempre a Dios mi Salvador, y cantaré eternamente las misericordias de mi excelsa Protectora. Así sea.






DÍA PRIMERO (4 de octubre).




ORACIÓN. 


   ¡Oh Santísima Virgen María! ¡Vos en Zaragoza! Yo os saludo, Soberana Reina, en el día más feliz que vieron las naciones. ¡Grata memoria! Que, pasando de generación en generación, mantiene por diecinueve siglos una devoción tierna, una piedad constante, y un agradecimiento. ¡Milagrosa venida! Que así transporta nuestros corazones en un santo júbilo, y excita en nosotros los más tiernos sentimientos de piedad y gratitud eterna. ¡Fineza admirable! ¡Predilección singular! ¡Exceso de amor! Cuando la Madre de Dios vivía aún en la famosa Ciudad de Jerusalén, oficiosamente ocupada en el cuidado de la naciente Iglesia, se dignó venir a Zaragoza a visitarnos en persona. Esta es la tradición más autorizada y respetable. En el año 40 de la Era cristiana, dominando el Imperio Romano, y predicando el Santo Evangelio en esta misma Ciudad, el Protomártir entre los Apóstoles nuestro Patrón Santiago, al tiempo que oraba con sus discípulos en las orillas del Ebro, a la media noche del dos de enero, se le apareció la Santísima Virgen, Madre de Dios y Reina del Cielo, viviendo aún en carne mortal, llena de majestad, y acompañada de coros de Ángeles, que cantaban diversas alabanzas. Los Ángeles, según su piadosa tradición, traían su Sagrada Imagen y una Columna de jaspe, que hoy con tanta devoción veneramos. ¡Oh beneficio incomparable! ¿De dónde a nosotros tanto favor ¿Por qué es Zaragoza la predilecta? Cosas grandes se han dicho de ti, Ciudad Augusta; pero ninguna eleva tanto tu grandeza, como la venida de la Santísima Virgen en carne mortal. ¡Oh Ciudad de María! Este favor no dispensado a nación alguna, forma tu verdadera gloria, y cubre tu suelo clásico de honor, de riqueza, de nobleza, y la memoria de este prodigio inmortalizado en los fastos de la Iglesia, hará eterna tu gloria, y la de la nación española.




Oración final.



   ¡Oh Reina ¡Oh Madre! ¡Oh Señora! ¡Cuánto os debo por este beneficio tan singular! ¡Y cuán poco es lo que yo he hecho hasta aquí en obsequio vuestro! Mi alma se deshace en llantos de ternura, y siente infinitamente no haberos correspondido. Pero sois Madre de bondad, yo me acojo a vuestra protección, suplicándoos humildemente, que, sin atender a mis iniquidades, sino sólo a vuestra misericordia, seáis mi intercesora y abogada para con Dios, y así mi alma, horriblemente deforme por la culpa, recobrará su belleza; herida de muerte, sanará; muerta espiritualmente, volverá a la vida; y como dice el Apóstol, se hará como una nueva criatura en Jesucristo. Esta, gracia principalmente os pido, y la particular que deseo en esta novena, si me conviene para el mayor bien de mi alma. Los Ángeles os alaben. Amén.




—Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena.



………………..

ORACIONES FINALES PARA TODOS LOS DÍAS





—Terminar cada día rezando cinco Avemarías y las oraciones finales:



Cinco Avemarías



—En alabanza de la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza. Avemaría.

—Por haberle erigido el Apóstol Santiago, por mandato de la Santísima Virgen, su santo Templo en Zaragoza, el primero del mundo dedicado a su nombre. Avemaría.

—Por habernos dejado como un don precioso su sagrada Imagen, que es nuestro amparo y consuelo en toda tribulación. Avemaría.

—Por el santo Pilar o Columna angélica, símbolo de la fortaleza y estabilidad de la fe católica en Zaragoza, hasta el fin del mundo. Avemaría.

—En acción de gracias por los infinitos beneficios que desde su venida nos ha dispensado como excelsa Protectora de España. Avemaría.



Ahora se pide al Señor, por la intercesión de la Santísima Virgen, la gracia particular que cada uno desea conseguir en esta Novena; y luego se dice la siguiente oración final:



Oración final




   ¡Oh María! ¡Hija de Dios Padre!, amparad a la Iglesia, que desde su principio ha reclamado vuestra protección. Reconoced en ella la Esposa de Vuestro único Hijo, que la ha rescatado con el precio de toda su sangre. Haced que resplandezca con tal brillo de santidad, que pueda presentarse digna de su divino Esposo, y del precio con que fue redimida ¡Madre de Dios Hijo! que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. ¡Aurora brillante de este sol divino! disipad las tinieblas de la herejía y del cisma. Haced que todos sigan la luz de la verdad, y se apresuren a entrar en el seno de la verdadera Iglesia, donde juntamente con Jesús os conozcan con una viva fe, os invoquen con una esperanza firme, y os amen con un amor perfecto. ¡Esposa del Espíritu Santo, que ha reunido en un sólo rebaño y en una misma religión, tantas y tan diferentes naciones!, derramad sobre los Príncipes cristianos y sus ministros la abundancia de gracias, de que sois dispensadora. Penetrad sus corazones del espíritu de paz y de concordia, que al nacer vuestro hijo se anunció a la tierra: que nada emprendan contrario a la paz y libertad de vuestra Iglesia. ¡Oh María!, Templo de la Santísima Trinidad, toda pura y sin mancha en vuestra Concepción Mirad con ojos de misericordia a la nación española, vuestra nación predilecta, que tanto habéis distinguido de las demás; a pesar de sus pecados, continuad siempre en amarla: mantenedla en la fe católica, apostólica, romana: conservadla en la unidad católica, a fin de que defendida por vuestra gracia de todo error estando al abrigo de toda disensión, y consagrada a servir a vuestro Santísimo Hijo y a Vos con un culto digno, pueda marchar constantemente al fin que le habéis prometido, y merecer teneros siempre por su Protectora en la tierra, y por su Reina y Corona en el Cielo. Así sea.

martes, 24 de septiembre de 2019

VIRGEN DE LAS MERCEDES. — (24 SEPTIEMBRE).





   Esta advocación nos recuerda la manera amorosísima que tuvo la Santísima Virgen de libertar en los tiempos pasados a los cautivos cristianos que gemían en las mazmorras sarracenas, llegando para ello a fundar una Orden Religiosa con este nobilísimo y caritativo objeto.

   Pero no creamos por eso que ha pasado la actualidad de esta advocación. La misma Iglesia así lo reconoce al conservar esta fiesta y al indicarnos el espíritu de la misma en la oración litúrgica del día.





1.° Esclavitud corporal.



— Es el estado más triste que puede decirse...; la libertad es el don que todos más apetecen..., sin ella no se concibe la alegría, la paz, la felicidad.

— Un esclavo no parece un hombre..., es una cosa de la que dispone su dueño a su antojo.

—Pero aún mucho más negra será la esclavitud de un bárbaro tirano que se complace en hacer sufrir y en atormentar a sus esclavos.

—Éste era el caso de la esclavitud cristiana con los sarracenos.

—Cogidos o más bien robados muchas veces por los piratas en alta mar, eran conducidos como bestias a los mercados, donde eran comprados por amos que los arrojaban en oscuros calabozos, de donde les sacaban para hacerlos trabajar bárbaramente bajo el látigo del castigo, o para hacerles morir cruelmente, si es que no morían extenuados entre los barrotes de su prisión.

Detente a contemplar este cuadro e imagínate que te encuentras tú en caso semejante sin tu familia..., sin tu casa..., sin tus amistades..., sin tu libertad...

   Y así comprenderás la corazonada de aquella Madre de Dios y de los hombres, que no puede sufrir el ver así a sus hijos y trata de enviarles un alivio, una solución, inspirando a los fundadores de la Orden de la Merced los actos heroicos de caridad en favor suyo.

— ¿Qué sentirían aquellos pobres cautivos cuando vieran en medio de la lobreguez de sus mazmorras, la luz de la libertad..., la dicha de volver a su patria..., la alegría inmensa de regresar a sus casas y todo... por medio de la Santísima Virgen?... ¿Qué amor tan grande... qué gratitud no brotaría en sus corazones para aquella Madrecita que así les auxiliara en sus sufrimientos?...

   Alégrate tú también con ellos y da gracias una vez más al Señor por tener una Madre como ésta que así siente como suyas las penas y los sufrimientos tuyos.

 — Qué ternura debe inspirarnos este rasgo tan maternal que caracteriza el título de las Mercedes.








2.° Esclavitud espiritual.



— Pero si no has probado lo duro que es la esclavitud corporal..., no podrás decir seguramente lo mismo de la espiritual de tu alma.

— Ésta, como todas las cosas del alma, al no entrar por lo sentidos, parece no nos llama tanto la atención..., no nos impresiona tanto... y lo que es peor, la damos mucha menos importancia.

— Y no obstante, ésta sí que es verdadera esclavitud..., negra esclavitud..., espantosa, indigna, denigrante esclavitud.

— Es aquélla de la que habla el mismo Jesucristo cuando nos dice: «el que comete un pecado se hace esclavo del pecado».

   Naturalmente, que el pecado que totalmente esclaviza al alma y la reduce al estado más triste y lamentable es el pecado mortal..., pero también en cierto modo esclavizan al alma los pecados veniales deliberados..., cotidianos o al menos frecuentemente cometidos...; las pasiones..., las malas y perversas inclinaciones..., la maldita concupiscencia... ¡cuántos tiranos para nuestra pobre alma! Y cuántas veces nos creemos libres y somos cautivos de alguno de ellos.

   Y además piensa, ¡qué tiranos!

— ¡Quién no tiene experiencia de sus exigencias brutales e insaciables!... Mira un poco tus pasiones..., especialmente tu pasión dominante y te convencerás de ello.

— ¿Quién nos libertará de esta esclavitud vergonzosa? ..., ¿dónde encontrar la libertad dulce y amada de los hijos de Dios?... No lo dudes, en la devoción a la Santísima Virgen la encontrarás.

   La Iglesia, en la oración de la Santa Misa, te lo dice.

— Escucha y medita: «Oh Dios, que, por la gloriosísima Madre de tu Hijo, para librar a los fieles cristianos de la esclavitud pagana quisiste aumentar en tu Iglesia una nueva familia religiosa, os suplicamos nos concedáis vernos libres de todos los pecados y de la cautividad del demonio por los méritos e intercesión de Aquélla a quien piadosamente veneramos como Fundadora de tan grande obra.»



   Ahí lo tienes claramente..., no por tus méritos..., sino por los de la Virgen... y a la vez por su intercesión... serás libre del cautiverio del demonio y de su obra, el pecado.

— Pero por eso exige de tu parte amor y oración.

— Amor, para apropiarte sus merecimientos... y oración para suplicarla interponga su poderosa intercesión.

— Pídeselo así..., como esta Madre tan dulce y cariñosa se merece.








3.° La santa esclavitud.



— Oportunidad extraordinaria te da esta festividad de la Santísima Virgen, para volver a insistir en la vida de la santa esclavitud... y especialmente para que te examines sobre ella.

— No olvides que ésta es la verdadera devoción a la Virgen..., que toda devoción y consagración a Ella debe incluir de un modo o de otro esta dulcísima y amorosísima esclavitud.

— Recuerda que no es posible darte y entregarte a la Virgen sino es renunciando a tus cosas..., a ti mismo... y que tanto más prácticamente la amarás cuanto más la entregues la llave de tu voluntad..., cuanto más pongas en sus manos tu libertad... y, por tanto, más te esclavices a su purísimo Corazón. Detente mucho en esto y no pases por alto este punto..., antes bien, con toda calma y con toda sinceridad, haz este examen de la práctica de tu esclavitud mariana.

— Sin duda que muchas veces se lo habrás dicho y prometido a la Santísima 
Virgen..., pero la esclavitud no es cosa de palabras... sino de hechos y obras.

— Insiste en contemplar el modelo, que es Ella misma..., ¡cómo se esclavizó de palabra y de obra al Señor! ...; la Esclava del Señor era su título y el programa de su vida..., por eso siempre vivió aquello de que «hágase en mí según tu palabra» ... ¿Tú también lo vives? ..., ¿también es tu ideal acomodarte a la voluntad del Señor y cumplir su palabra y sus deseos como tu Madre?








   Pídela que sea éste el fruto grande de esta fiesta..., el que sepas renunciar a toda esclavitud vergonzosa... para vivir siempre esta esclavitud de amor a Dios por medio de María.





ADVOCACIONES LITÚRGICAS
DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.

ILDEFONSO RODRÍGUEZ VILLAR

domingo, 22 de septiembre de 2019

EL ROSARIO.




   La Religión Católica no tuvo nunca que temer sino el no ser estudiada, para qué no se le admirase, o no ser practicada, para que no se le aprovechase. Estudiarla y practicarla da por resultado el encontrar prodigios de sabiduría en cuanto esa divina religión enseña o propone, y a la vez reconocer las dulzuras inefables y los frutos de virtud y santidad que en sus sagradas prácticas se contienen.

   Tal sucede con la institución y la práctica del Rosario, que con razón se califica de santísimo. Si alguna institución, si alguna creación de mística piedad ha podido parecer pequeño pensamiento, y su práctica vulgar ejercicio piadoso de almas apocadas, es el Rosario; y sin embargo, esa institución es un portento de sabiduría, y esa práctica de piedad es un cúmulo de oradas y de dichas, como vamos a hacerlo palpar en estos estudios. Aquí no hay más, sino que admirar, si se estudia; sino que saciarse de gracias y dichas, si se gusta.

   Si los católicos tibios en su fe y en su piedad, entendiesen bien lo que es el Rosario, ya que no le rezan le rezarían; lo mismo habría de suceder y aun sucede, con los preocupados protestantes, si quisiesen reconocer que el Rosario es la flor del Evangelio y el perfume del amor a Jesucristo; y que no hay mejor manera de entender y pedir el vino del amor a Jesucristo, que como se vió en las bodas de Caná: por medio de María. Por fin, si los que rezan el Rosario conocieren bien el don de Dios y le rezaren y meditaren penetrándose bien de la grande obra que en ello practican, quedarán maravillados de la ciencia de su santa religión y de las gracias y delicias que nuestro Dios como su fuente, y nuestra Madre Amabilísima como su viaducto, tienen para aquellos que los invocan.

   De ahí, que en esto del Rosario es gratísimo encontrar su origen histórico en un Santo Domingo, admirablemente elegido por la Reina del Cielo para dar a conocer el gran pensamiento de su institución, para ponerlo en ejercicio y para obtener un triunfo tan grandioso como lo ha sido la conversión y extinción de los herejes albigenses, sectarios tan hostiles y adversos al cristianismo, como los racionalistas el día de hoy, y tan funestos en sus propósitos como los actuales socialistas. Quiere decir, que el Rosario vino a detener por ocho siglos ese luctuosísimo diluvio de la moderna impiedad en que está hoy anegado el mundo cristiano, y esa proterva audacia socialista de que hoy se ven amenazados los cristianos y aun los mismos descreídos moderados, con la diabólica y pavorosamente franca guerra de aquellos furiosos a Dios, a la familia y a la sociedad.


   Quien estudiare lo que fueron los albigenses, ya que sabe lo que son los descreídos modernos y los socialistas, reconocerá cuán maravilloso es el poder de Dios al cumplir a su Iglesia la promesa de no ser destruida y al valerse para ello de la invocación a la Vencedora de todas las herejías. Reconocerá también ese observador la, sabiduría de la Iglesia, que con el Rosario venció en Lepanto a los musulmanes y más tarde en Viena; en todas y siempre con el Rosario convirtió a los malos, e hizo más perfectos a los buenos. Y más que todo, tiene de reconocerse que la diabólica persecución mucho peor que la faraónica, con que hoy los descreídos se obstinan en acabar con el cristianismo y toda religión en el mundo, puede ser superada, y lo será ¡vive Dios! con la invocación del Rosario.


   No en vano el sapientísimo Pontífice León XIII (que Dios guarde) lo ha comprendido así con luminosísima mirada, y así lo ha proclamado en solemne encíclica y ha hecho un llamamiento a todos los fieles israelitas, para que unidos en esa poderosísima invocación, obtengan de la intercesión de María la salvación del pueblo de Israel, de la heredad del Señor y de su Ungido. He aquí sus palabras, dirigidas a los Obispos de todo el Orbe:

   “¡Obrad, pues, Venerables Hermanos! Cuanto más os intereséis por honrar María y por salvar a la sociedad humana, más debéis dedicaros a alentar la piedad de los fieles hacia la Virgen Santísima, aumentando su confianza en ella. Nos consideramos que entra en los designios providenciales el que, en estos tiempos de prueba para la Iglesia, florezca más que nunca en la inmensa mayoría del pueblo cristiano el culto de la Santísima Virgen.

   “Quiera Dios que excitadas por nuestras exhortaciones é inflamadas por vuestros llamamientos, las naciones cristianas busquen, con ardor cada día mayor, la protección de María; que se acostumbren cada vez más al rezo del Rosario, a ese culto que nuestros antepasados tenían el hábito de practicar, no sólo como remedio siempre presente a sus males, sino como noble adorno de la piedad cristiana.”

   A esa gran palabra del magno León XIII, tan llena de verdad y oportunidad como la de todas sus grandiosas encíclicas, ha precedido otro mayor bajo algún aspecto, y es la de un gran hecho sobrenatural: el de las apariciones de la Virgen Santísima en Lourdes, apariciones de evidente verdad que han llenado el mundo con esplendores celestiales. Estos hechos son una nueva apología del Rosario: una pastorcita que le reza, la santa aparición que es atraída y queda complacidísima con tales preces, y las diversas demostraciones con que esa aparición da a entender que hoy, como en todos los siglos, y hoy más que nunca, está pronta a socorrernos y salvarnos. Y su excitativa, compendiada en dos expresiones: “penitencia” é “Inmaculada Concepción”, acompañada y seguida de ruidosísimos milagros, viene hoy a ser preconizada por la gran Encíclica del Rosario.


   En cuanto a nosotros, sin más misión que la del buen deseo, pero sujetos del todo a la censura de la Santa Iglesia, cuya fe por dicha queremos profesar con humildísima obediencia, vamos a continuar esté emprendido estudio, porque creemos prestar a Dios por medio de su amabilísima Madre, el especial homenaje que le debemos por inmensos favores recibidos de su bondad, gracias a la intercesión de 1a compasiva Señora, favores que esperamos habrán de acrecentarse a nosotros y a nuestros deudos, amigos y lectores, y habrán de tener feliz término en la eterna salvación nuestra y de ellos, como de tan Gran Rey y de tan Gran Reina lo esperamos.


C. Victoria, 6 de Septiembre de 1892.

jueves, 12 de septiembre de 2019

AL DULCE NOMBRE DE MARÍA.




ODA

Del Olimpo tu nombre bajando
¡Oh María! en el orbe resuena;
Y la tierra al oírlo se llena
De esperanza, de júbilo y paz.

¿Quién de nombre tan grato pudiera
sus loores cantar noche y día?
¿Quién pudiera, ¡oh excelsa María!,
su dulzura divina exprimir?
¡Cuán suave es al hombre, Señora,
que en sus penas lo implora constante!

Logre, logre mi pecho al instante
su virtud y eficacia sentir.
Al oído es celeste armonía,
a los labios es miel exquisita,
para el triste alegría infinita,

Para el justo delicia sin par.
¡Ay! mi pecho en amor se enajena
cuando invoca tu nombre querido;
cual escudo por él defendido,
viviré sin temer el pesar.

Veces mil en dulcísimo sueño
mi cariño hacia Ti me llevaba;
con los labios tu nombre llamaba,
y en mis venas sentía su ardor.

Las mejillas en llanto bañadas,
despertaba entre célico gozo;
¡Ay qué fuego, qué grato alborozo,
en el alma causaba tu amor!...

Hombres todos, venid á porfía
a sus pies, rodeadla postrados:
Mil suspiros de amor abrasados,
como rápida flecha enviad.

¡Oh María!, yo ensalce tu nombre,
Lo repitan el ángel y el hombre,
¡Oh María!... y no cesen jamás.

P. RAMÓN GARCÍA, S. J.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

NUESTRA SEÑORA DEL COROMOTO. (Venezuela) —2 de febrero. 8 y11 de septiembre.




   Al llegar los españoles a la región de Guanare hacia 1591, un grupo de indios coromotos abandonó su tierra y huyo hacia el rio Tucupido. Una mañana del año 1651, el cacique Coromoto y su esposa contemplaron asombrados una extraordinaria visión: en la quebrada del rio, sobre las aguas, una hermosa Señora los miraba con expresión amable, y el pequeño niño que llevaba en sus brazos les sonreía plácidamente. La misteriosa Señora llamo al cacique y le ordenó: “Sal del bosque junto con los tuyos y ve donde los blancos para que reciban el agua sobre la cabeza y puedan entrar en el cielo”.


    El cacique obedeció a la bella Señora y marcho con su tribu para ser instruido en la religión cristiana. Ante las dificultades de adaptarse al nuevo régimen de vida, regreso a su aldea en la selva. La Señora volvió a aparecérsele en su modesta choza y aunque estaba rodeada de un aura luminosa, no logro conmover al cacique. Este, enojado, trató de echarla y hasta llegó a tomar sus armas para amenazar a la amable Señora. Siempre sonriente, la Virgen avanzo suavemente hacia él y cuando el indio quiso atacarla, ella desapareció de su vista. En el puño cerrado del indio Coromoto quedo una pequeña estampa con la imagen impresa de la Señora. El 7 de octubre de 1944, a petición de los obispos de la nación, Pío XII la declaro Patrona de la República de Venezuela y fue canónicamente coronada al cumplirse los tres siglos de la aparición, el 11 de septiembre de 1952. Los venezolanos celebran a su patrona tres veces por año: el 2 de febrero, y el 8 y 11 de septiembre. 




“MISAL DIARIO”

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