miércoles, 14 de octubre de 2020

MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A MARÍA A TRAVÉS DEL SANTO ROSARIO. DÍA 2.




El Tesoro del Alma en los Misterios del Santo Rosario. Por Soledad Arroyo (De la V. O. T. de Santo Domingo).

Madrid Imprenta de los hijos de Gómez Fuentenebro. Calle de Bordadores. —1909.


Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

 


ACTO DE CONTRICIÓN.


 

   Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, a mí me pesa, pésame Señor, de todo corazón de haberos ofendido; y propongo firmemente de nunca más pecar, de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, restituir y satisfacer, si algo debiere; y por vuestro amor perdono a todos mis enemigos; ofrezcoos mi vida, Obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados: así como os lo suplico, asi confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonareis por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.


 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS



   Reina del santísimo Rosario, dulcísima Madre de nuestras almas: aquí tenéis a vuestros hijos que, confusos y arrepentidos de sus miserias, fatigados por las tribulaciones de la vida, y confiando en vuestra maternal protección, vienen a postrarse ante vuestro altar en este mes consagrado a honraros por el supremo Jerarca de la Iglesia.

   ¡Oh Madre amorosísima! Nosotros queremos obsequiaros dedicándoos estos breves momentos con toda la efusión de nuestras almas. Acogednos bajo las alas de vuestro maternal amparo, cubridnos con vuestro manto y atraednos bondadosa a vuestro purísimo Corazón, depósito de celestiales gracias.

   Dejaos rodear de vuestros hijos, que están pendientes de vuestros labros. Hablad, Madre querida, para que oyéndoos sumisos y poniendo en práctica las santas inspiraciones que cual maternales consejos os dignéis concedernos durante este bendito mes, logremos la dicha de vivir cumpliendo con perfección la santísima voluntad de vuestro Divino Hijo, creciendo en todo momento su amor en nuestros corazones, para que logremos la dicha de alabarle con Vos eternamente en la Gloria. Amén.






DÍA SEGUNDO —2 de octubre.


Segunda consideración sobre el primer Misterio gozoso.

 

De la virtud de la humildad.

 

   Hermosos y sublimes son como hemos visto, los ejemplos que de la virtud de la humildad nos dio la Santísima Virgen, y grande es la necesidad que tenemos de practicar esta fundamental virtud. Ella es el verdadero distintivo de las almas grandes; pues parece que el Señor, siempre admirable en su sabiduría, las proveyese de esta virtud, cual de escudo impenetrable, con el que puedan defenderse de los ataques de sus enemigos, de los cuales el alma humilde siempre. sale victoriosa. Sí; la humildad verdadera es piedra preciosa, moneda de circulación segura para obtener los divinos favores, báculo en el que se sostiene el alma, tanto en los valles oscuros de la prueba como en las alturas de la contemplación; Dios la coloca en el alma donde quiere hacer brillar sus misericordias, cual lastre maravilloso, para que no sea sumergida en el borrascoso mar del orgullo; ella previene, cual celestial antídoto el veneno de la propia estima, y cual seguro puerto sirve de asilo en las furiosas tempestades y vientos de la lisonja humana, tan fuertes como terribles. El Beato Enrique Suso, en un discurso sobre la humildad, dice elogiando esta virtud:

 

«El que marcha por la senda de la humildad ha encontrado el medio de abreviar el camino, y tiene alas para volar al paraíso. Este es el camino de paz y tranquilidad perfecta; imposible es servir a Dios con mayor seguridad que sepultándose sinceramente en la profundidad de su nada; y nadie puede excusarse de hacerlo así, sea viejo o joven, enfermo o sano, grande o pequeño, pues que ésta es una verdad común a todas las criaturas.»


«La humildad bien practicada —dice una piadosa autora— lleva la paz al alma, y constituye la felicidad de la vida suele hacer entre las personas piadosas un error lamentable, que consiste en considerar a la humildad como una virtud austera y sombría, y que entristece el alma, cuando, por el contrario, no hay virtud más noble y consoladora que la humildad. Ella consiste en apreciar en su justo valor lo que se debe a Dios, a las criaturas y a sí mismo, y obrar en consecuencia de esta apreciación. La humildad es la franqueza y lealtad del alma, que quiere ver triunfar siempre la verdad, aunque este triunfo la humille y la confunda. Es la delicadeza de un coraz6n que ama a Dios y cifra su felicidad en que sea suya toda la gloria, pues nada es más grato a aquel que ama, que ver la gloria de la persona amada.»


   Y si aún queremos oír nuevos elogios de la humildad, escuchemos al P. Granada, que, en uno, de sus arrebatos de sublime elocuencia, exclama al contemplar al Salvador a los pies de sus discípulos en el acto de lavarles los pies


   “¡Oh admirable virtud de la humildad! ¡Cómo deben ser grandes tus, riquezas, pues tanto eres alabada! ¡Oh cómo no deben ser conocidas pues por tantas vías nos eres encomendada! ... ¡Oh humildad predicada y enseñada en toda la vida de Cristo, cantada y alabada por boca de su Madre, flor hermosísima entre las virtudes, divina piedra imán que atraes a ti el Creador de todas las cosas! El que te desechase, será de Dios desechado, aunque esté en lo más alto del cielo; y el que te abrazare, será de Dios abrazado, aunque sea el mayor pecador del mundo. Tú places a los hombres, agradas a los ángeles, confundes a los demonios y atas las manos al Creador. Tú eres fundamento de las virtudes, muerte de los vicios, espejo de las vírgenes y hospedería de la Santísima Trinidad. Quien allega sin ti, derrama; quien edifica, y no sobre ti, destruye; quien amontona virtudes sin ti, el polvo lleva ante la cara del viento. Sin ti la virgen es desechada de las puertas del cielo, y contigo la pública pecadora es recibida a los pies de Cristo. Abrazad esta virtud las vírgenes, para que por ella os aproveche vuestra virginidad. Buscadla vosotros, los religiosos, porque sin ella será vana vuestra religión. Y no menos vosotros, los legos, porque por ella seréis librados de los lazos del mundo.»

   Nada añadiremos a tan hermosas enseñanzas, a tan brillantes elogios de esta virtud fundamental. Pero notemos que, si la humildad es la base de todas las virtudes, es también necesaria para conservarlas y cual precioso velo (por decirlo así) que preserva su brillo; sin el cual el polvo de la vanagloria y los insectos destructores del orgullo; bien pronto le empañarían. ¡Ojalá, pues, que, al contemplar la excelencia de esta virtud, y la absoluta necesidad que de ella tenemos para elevar y conservar el edificio de la perfección en nuestras almas, nos resolvamos. a practicarla siempre con esmero! Tengamos para ello presente el ejemplo que de esta hermosa virtud nos da nuestra amorosísima Madre; corramos a sus plantas benditas a suplicarla que quiera ser en ella nuestra celestial Maestra, y seamos dóciles a sus maternales enseñanzas.

   Sí, Madre mía: a tu amparo recurrimos, bajo tu manto nos cobijamos, cual el niño que, atemorizado a la vista de una fiera, se precipita confiado en el seno cariñoso de su madre.

   Nosotros sabemos que esa fiera, ese monstruo horrible del orgullo, hace víctimas por doquier, sin respetar siquiera los asilos de la piedad, ni las almas consagradas a practicarla. Quiere separarnos de Dios y de ti, Madre querida; robar el mérito de nuestras buenas obras con una vana complacencia, y a todas horas y en todas partes nos persigue. Pero ¡oh Madre mía! nosotros recurrimos a ti con la confianza de que siguiendo dóciles tu amorosa voz, é imitando con la divina gracia los sublimes ejemplos que de esta virtud nos dejaste, mientras viviste sobre la tierra triunfaremos de nuestros enemigos, y llegaremos un día a la exaltación eterna de la gloria; pues si somos verdaderamente humildes se cumplirá en nosotros aquella soberana sentencia, que dice: «El que se humilla será ensalzado.»

 


EJEMPLO


   Mártir del Rosario fue la pastorcita Pascasia, nacida en el Piamonte en el siglo XIV. Su piadosa madre le inspiró desde la infancia la devoción a la Virgen, y la ensenó a rezar el Rosario. A los tres años era ya la delicia de esta niña repetir la salutación angélica. El Señor, que quería hacer de ella una mártir, permitió que su buena madre muriese, y que su padre se casase con una mujer de genio violento é irascible, llamada Margarita. De ella se sirvió el demonio para atormentar a la angelical sierva de la, Reina de los ángeles, hasta hacerla víctima de la devoción del Rosario. No podía soportar aquella mujer que la niña le rezase con tanta frecuencia, y un día que Pascasia estaba ocupada en esta devoción, la sorprendió su madrastra, se arrojó sobre ella, la maltrató, le arrancó de las manos el rosario, lo despedazó y arrojó al campo. La niña, menos apenada de sus golpes que del ultraje; hecho a la Virgen y a su Divino Hijo, a falta de rosario hizo secretamente ciento cincuenta nudos en un cordón y siguió practicando su devoción favorita. Muchas veces fué maltratada la niña por su madrastra, y todavía pueden verse hoy señales de su sangre en un rincón del establo.

   Un día, en fin, en el que las ovejas volvían del monte sin la pastorcita, que extática se había quedado rezando el Rosario en una colina, salió a buscarla Margarita, y apenas se acercó a ella la cogió por los cabellos, la arrastró por el suelo y tales golpes la dio, primero con la rueca, después con un garrote, y por fin con una piedra, que le rompió el cráneo, y la niña quedó muerta. Consumado el crimen, la madrastra desesperada, se tiró por un precipicio y se mató. Los vecinos que conocían las virtudes de la pastorcita, la vida de martirio que había soportado con tanta paciencia, y cómo había muerto por no abandonar la devoción del Rosario, empezaron a invocarla como intercesora en la presencia de Dios. EL Señor la honró con milagros, y el gran Papa del Rosario, San Pío V, la colocó en los altares. (P. Alvarez.).

 




 

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO.

 

 


   El Beato Alano, religioso dominico, fué el restaurador del Rosario. La Santísima Virgen se le apareció, y le animó a que propagase esta devoción, prometiéndole su ayuda. El Beato Alano se dedicó durante quince años, con celo infatigable, a predicar el santo Rosario, y la Santísima Virgen bendijo su predicación, apoyándola con admirables portentos. (P. Pradel.)

 

   El rey Felipe II dijo a su hijo antes de morir: «Si quieres, hijo mío, que tus Estados prosperen, no olvides el rezo del Santo Rosario. (P. Alvarez.)

 

 

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO.

 

 


   El Rosario es un tesoro de gracias. (Paulo V).

 

 

OBSEQUIO

 

   El obsequio a la Santísima Virgen para este día, y lo mismo para todos los del mes será redoblar en cada uno de ellos el fervor en la recitación del Santo Rosario, y la atención en la meditación de sus misterios. También se podrá ofrecer a la Santísima Virgen como obsequio, los actos de piedad que inspire a cada uno su devoción.

 



SÚPLICAS Á LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

   Os saludamos, Virgen Santísima, Hija de Dios Padre, bendiciendo a Dios, que os preservó de toda mancha en vuestra Inmaculada Concepción. Por tan excelsa prerrogativa os rogamos nos concedáis pureza de alma y cuerpo, y que nuestras conciencias estén siempre libres, no sólo del pecado mortal, sino también de toda voluntaria falta é imperfección. (Avemaría).

   Os saludamos, Virgen Santísima, Madre de Dios Hijo, bendiciendo a Dios, que os concedió el privilegio de unir la virginidad a la maternidad divina. Por tan singular beneficio os rogamos que nos concedáis la gracia de vivir cumpliendo nuestras respectivas obligaciones, sin apartarnos nunca de la presencia de Dios, dirigiendo a su gloria y ofreciendo, por su amor hasta nuestro más leve movimiento, santificando, así todas nuestras obras. (Avemaría).

   Os saludamos, Virgen santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, bendiciendo a Dios por la gracia que os concedió en vuestra Asunción, glorificándoos en alma y cuerpo. Por tan portentosa gracia os rogamos nos alcancéis la de una muerte preciosa a los ojos del Señor y que nos consoléis bondadosa en aquellos supremos momentos, para que, confiados en vuestro poderoso auxilio, resistamos a los combates del enemigo y muramos dulcemente reclinados en vuestros amantes brazos. (Avemaría).

 


ORACIÓN FINAL

 


   ¡Oh Virgen Santísima del Rosario, Madre de Dios, Reina del cielo, consuelo del mundo y terror del infierno! ¡Oh encanto suavísimo de nuestras almas, refugio en nuestras necesidades, consuelo en nuestras penas, desalientos y pruebas! A Vos llegamos con filial confianza para depositar en vuestro tiernísimo Corazón todas nuestras necesidades, deseos, temores, tribulaciones y empresas. Vos, Madre mía, lo conocéis todo y omnipotente por gracia, podéis remediarnos. Vos nos amáis, Madre querida, y queréis todo nuestro bien. ¡Ah y cuán consolador es saber que no hay dolor para el que no nos ofrezcáis alivio, ni situación para la que no haya misericordia en vuestro amante Corazón! Por esto nos arrojamos confiadamente en vuestros brazos, esperando vuestro amparo maternal. Somos vuestros hijos, aunque indignos por nuestras miserias y por la ingratitud con qué hemos correspondido a vuestros maternales. favores. Pero una vez más, perdonadnos, oíd nuestras súplicas y despachadlas favorablemente. Haced, Madre querida, que no olvidemos las saludables enseñanzas que se desprenden de la consideración de los misterios del santo Rosario, ni las inspiraciones que durante ella nos habéis concedido, para que, imitándoos como buenos hijos, durante el destierro de la vida, merezcamos la dicha de vivir con Vos en las alegrías de la patria bienaventurada, alabando y bendiciendo al Señor por los siglos de los siglos. Amén.

 

MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A MARÍA A TRAVÉS DEL SANTO ROSARIO. DÍA 1º.




El Tesoro del Alma en los Misterios del Santo Rosario. Por Soledad Arroyo (De la V. O. T. de Santo Domingo).

Madrid Imprenta de los hijos de Gómez Fuentenebro. Calle de Bordadores. —1909.

 

Nos el Doctor don José María Salvador y Barrera,

POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA, OBISPO DE MADRID·ALCALÁ, CABALLERO GRAN CRUZ DE LA REAL Y DISTINGUIDA ORDEN DE ISABEL LA CATÓLICA, COMENDADOR DE LA DE CARLOS III, CONSEJERO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA, CAPELLÁN DE HONOR DE S., M., SU PREDICADOR Y DE SU CONSEJO, ETC., ETC.

   HACEMOS SABER: Que venimos en conceder y por el presente concedemos licencia para que pueda imprimirse y publicarse en esta Diócesis el libro titulado EL TESORO DEL ALMA EN LOS QUINCE MISTERIOS DEL ROSARIO, Ó EL MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A MARÍA, Y LOS QUINCE SABADOS DEL ROSARIO, por Soledad Arroyo, mediante que de nuestra orden ha sido leído y examinado, y según la censura, nada contiene que no se halle en perfecta armonía con los dogmas y enseñanzas de la Iglesia Católica.

 

   En testimonio de lo cual, expedimos el presente, rubricado de nuestra mano, sellado con el mayor de nuestras armas, y refrendado por nuestro Secretario de Cámara y Gobierno en Madrid a 8 de Marzo de 1909. José María, Obispo de Madrid - Alcalá. Por mandado de S. E. I., el Obispo mi Señor, Dr. Luis Pérez, Secretario. 


 

 

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

 

ACTO DE CONTRICIÓN.

 

   Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, a mí me pesa, pésame Señor, de todo corazón de haberos ofendido; y propongo firmemente de nunca más pecar, de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, restituir y satisfacer, si algo debiere; y por vuestro amor perdono a todos mis enemigos; ofrezcoos mi vida, Obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados: así como os lo suplico, asi confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonareis por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.

 


ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS


   Reina del santísimo Rosario, dulcísima Madre de nuestras almas: aquí tenéis a vuestros hijos que, confusos y arrepentidos de sus miserias, fatigados por las tribulaciones de la vida, y confiando en vuestra maternal protección, vienen a postrarse ante vuestro altar en este mes consagrado a honraros por el supremo Jerarca de la Iglesia.

   ¡Oh Madre amorosísima! Nosotros queremos obsequiaros dedicándoos estos breves momentos con toda la efusión de nuestras almas. Acogednos bajo las alas de vuestro maternal amparo, cubridnos con vuestro manto y atraednos bondadosa a vuestro purísimo Corazón, depósito de celestiales gracias.

   Dejaos rodear de vuestros hijos, que están pendientes de vuestros labros. Hablad, Madre querida, para que oyéndoos sumisos y poniendo en práctica las santas inspiraciones que cual maternales consejos os dignéis concedernos durante este bendito mes, logremos la dicha de vivir cumpliendo con perfección la santísima voluntad de vuestro Divino Hijo, creciendo en todo momento su amor en nuestros corazones, para que logremos la dicha de alabarle con Vos eternamente en la Gloria. Amén.


 


 DÍA PRIMERO—1º de octubre.


 

Primera consideración sobre el primer Misterio gozoso.

 

 

De la virtud de la humildad.

 

 

   Vamos a dar comienzo a las consideraciones que hemos de hacer sobre las virtudes en los misterios del santísimo Rosario, hablando de la virtud de la humildad, pues que ella es base y cimiento del edificio espiritual de la perfección, que con las demás virtudes hemos de levantar en nuestras almas. Con la verdadera humildad puede decirse que vienen como consecuencia todas las demás virtudes, y que sin humildad toda virtud es ilusoria; y esto parece significarnos aquel pasaje que se lee en la vida de Santa María Magdalena de Pazzis, que dice: «Queriendo un día Jesús darle inteligencia de los divinos secretos, le plugo instruirla por sí mismo, y entre otras palabras, la dijo: «En el infierno hay muchas» Vírgenes, pero no hay ningún alma humilde.»


   Pues bien; en la contemplación del primer Misterio gozoso, encontraremos sublimes ejemplos, elocuentísimas lecciones que nos impulsen al amor de tan necesaria virtud, «Por los hombres, —dice el P. Tesnière—, Dios se hace hombre; por nosotros, miserables, el Altísimo se humilla; por nosotros, criaturas, el Creador es creado; por nosotros, débiles e indigentes, el Todopoderoso conoció y se sometió a la indigencia. Por nosotros, hijos ingratos, extraviados y rebeldes, el Hijo primogénito ha sacrificado su felicidad y su gloria. Por nosotros, pecadores y perdidos para siempre, el Santo de los santos se ha entregado a los suplicios y a la muerte.»


   ¡Qué estupendo anonadamiento el del Divino Verbo, descendiendo del cielo a tomar nuestra humana naturaleza en el seno purísimo de la Santísima Virgen! Adoren nuestras almas en el silencio de la admiración tan profundo misterio, y fijemos después nuestra atención en esa humildísima Virgen, que ha de ser nuestro modelo y celestial Maestra en todas las virtudes, y que parece darnos ejemplo, de una manera especial, de esta principalísima de la humildad. ¡Ah! Es tanta la necesidad que de ella tenemos y tanta la dificultad que ofrece a nuestra miseria su práctica, que debemos de bendecir al Señor, al contemplar a la Santísima Virgen, Reina de todos los Santos, ofreciéndonos un ejemplo de vida tan oculta; retirada y humilde, que no se perciben en ella ni aun esas demostraciones de celestial grandeza que el Omnipotente hace brillar a veces en la vida de sus siervos; pues la Santísima Virgen, que gozó de las prerrogativas y dones que a, todos ellos concediera, y que en perfección, gracia y santidad se eleva a inconmensurable altura sobre todos los ángeles y santos, se presenta a nuestra vista sin dar muestra alguna de tan excelsa, grandeza, estando siempre ocultos los eminentes dones que posee y la gloria que la circunda. Por esto observaremos que está siempre al lado de su Divino Hijo en la humillación y en el dolor.


   En efecto, en el pesebre de Belén, donde contemplamos a un Dios Niño que quiere nacer en un pobre establo, rodeando dos animales su humildísima cuna, vemos a la Santísima Virgen, sosteniendo en sus brazos al Divino Infante, y participando de aquel desamparo y pobreza. Cuando nuestro Divino Salvador en su Sagrada Pasión fué insultado y hecho el escarnio y befa de la plebe, la Santísima Virgen sale a su encuentro en la calle de la Amargura, a compartir los insultos, burlas y humillaciones con su amado Jesús; y si por último le contemplamos expirando en un infame patíbulo, en medio de dos malhechores, allí está también su Santísima Madre, inmóvil al pie de la Cruz, participando de la ignominia de aquella afrentosa muerte, y absorbiendo amarguras y tormentos inexplicables en su purísimo Corazón.


   Pero en vano buscaremos a la Santísima Virgen cerca de su Divino Hijo en esos momentos en los que su divinidad parecía brillar instantáneamente, pues no nos dice el Evangelio que estuviese con Jesús cuando las multitudes, entusiasmadas por su predicación y por los prodigios que obraba, querían aclamarle Rey; ni con los discípulos que contemplaron la manifestación de su gloria en el Tabor; ni con el Bautista a las márgenes del Jordán, cuando se abrió el cielo y se oyó aquella voz soberana que descubría la gloria del Salvador, ni que presenciara tampoco su triunfante entrada por las calles de Jerusalén.


   ¡Oh Madre mía! ¡Sólo te vemos cerca de tu Divino Hijo en la humillación y en el dolor! ¡Qué hermoso ejemplo! Bien podemos decir que tu Inmaculado Corazón es modelo de los corazones verdaderamente generosos que no quieren otra cosa que los sufrimientos por amor a, Jesús, y dechado perfectísimo de humildad. Haz, Madre querida, que, ya que hemos contemplado los ejemplos que nos das de ésta hermosa virtud, tan rara desgraciadamente, como necesaria, la practiquemos imitándote en las humillaciones, para que un día alabemos a Dios contigo en la exaltación de la Bienaventuranza.

 


EJEMPLO

 

   La institución de la festividad de Nuestra Señora del Rosario tuvo su origen en el glorioso triunfo de las huestes cristianas en Lepanto.

 

   El Papa San Pío V congregó a los príncipes cristianos en una santa confederación y liga contra las fuerzas del gran turco Selim Solimán, en el año de 1571. Para conseguir la victoria, quiso que el pueblo cristiano se preparase con oraciones, y muy principalmente con la del Santo Rosario, para lo cual aprobó y confirmó todas las indulgencias y gracias con que sus predecesores habían enriquecido a la cofradía, concediendo para en adelante otras nuevas, y recomendó el rezo del santo Rosario para implorar de este modo el patrocinio de la Santísima Virgen. Esta bondadosa Madre escuchó los ruegos que sus hijos la dirigían por medio de la devoción que tanto ama, concediendo una milagrosa victoria, haciendo que el viento cambiase, contra lo que era natural, a favor de los cristianos, é infundiendo el desaliento en la escuadra de los turcos; habiendo confesado algunos de ellos haber visto ángeles con espadas desnudas sobre nuestras galeras. Por esto en la sala real del Vaticano se pintó a San Pedro y San Pablo, y un ejército de ángeles que por la armada de la Liga peleaban contra el poder del infierno, y se acuñaron medallas con la misma alegoría. Mientras tenía lugar este memorable triunfo, el Papa se ocupaba en Roma de un trabajo importante con varios Prelados. De repente les impone silencio con un signo de la mano, se levanta bruscamente, se dirige a una ventana, la abre y permanece asomado a ella algunos minutos, en profunda contemplación. Estaba absorto mirando el cielo y en su semblante se dejaba ver una gran emoción. Después volvióse a los Prelados, y exclamó: “No hablemos ahora de ningún asunto; corramos a la iglesia a dar gracias a Dios; nuestro ejército ha triunfado.” Todos los que estaban presentes se fijaron en el día y la hora en que tuvo esta visión el Papa; era el 7 de Octubre, a las cinco de la tarde, del día y la hora precisamente en que triunfaba la Cruz en el golfo de Lepanto.






SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

 


    

   Santo Domingo de Guzmán instituyó la devoción del Rosario por revelación de la Santísima Virgen, y con él renovó el espíritu de oración que parecía haberse extinguido casi por completo entre los cristianos. Más de cien mil herejes e innumerables pecadores se convirtieron mediante la maravillosa eficacia de tan hermosa devoción, que Santo Domingo recomendaba a toda clase de personas, explicando sus misterios con unción y sencillez admirables. (P. Morán.)

 

 



   San Luis, rey de Francia, acostumbraba a rezar todos los días una parte del Santo Rosario, arrodillándose y levantándose a cada Avemaría. (P. Alvarez.)



ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO.


Al Rosario se debe el acrecentamiento de los cristianos. (Urbano VIII.)



OBSEQUIO

 

   El obsequio a la Santísima Virgen para este día, y lo mismo para todos los del mes será redoblar en cada uno de ellos el fervor en la recitación del Santo Rosario, y la atención en la meditación de sus misterios. También se podrá ofrecer a la Santísima Virgen como obsequio, los actos de piedad que inspire a cada uno su devoción.

 

 



SÚPLICAS Á LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

   Os saludamos, Virgen Santísima, Hija de Dios Padre, bendiciendo a Dios, que os preservó de toda mancha en vuestra Inmaculada Concepción. Por tan excelsa prerrogativa os rogamos nos concedáis pureza de alma y cuerpo, y que nuestras conciencias estén siempre libres, no sólo del pecado mortal, sino también de toda voluntaria falta é imperfección. (Avemaría).


   Os saludamos, Virgen Santísima, Madre de Dios Hijo, bendiciendo a Dios, que os concedió el privilegio de unir la virginidad a la maternidad divina. Por tan singular beneficio os rogamos que nos concedáis la gracia de vivir cumpliendo nuestras respectivas obligaciones, sin apartarnos nunca de la presencia de Dios, dirigiendo a su gloria y ofreciendo, por su amor hasta nuestro más leve movimiento, santificando, así todas nuestras obras. (Avemaría).


   Os saludamos, Virgen santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, bendiciendo a Dios por la gracia que os concedió en vuestra Asunción, glorificándoos en alma y cuerpo. Por tan portentosa gracia os rogamos nos alcancéis la de una muerte preciosa a los ojos del Señor y que nos consoléis bondadosa en aquellos supremos momentos, para que, confiados en vuestro poderoso auxilio, resistamos a los combates del enemigo y muramos dulcemente reclinados en vuestros amantes brazos. (Avemaría).

 


ORACIÓN FINAL

 

 

   ¡Oh Virgen Santísima del Rosario, Madre de Dios, Reina del cielo, consuelo del mundo y terror del infierno! ¡Oh encanto suavísimo de nuestras almas, refugio en nuestras necesidades, consuelo en nuestras penas, desalientos y pruebas! A Vos llegamos con filial confianza para depositar en vuestro tiernísimo Corazón todas nuestras necesidades, deseos, temores, tribulaciones y empresas. Vos, Madre mía, lo conocéis todo y omnipotente por gracia, podéis remediarnos. Vos nos amáis, Madre querida, y queréis todo nuestro bien. ¡Ah y cuán consolador es saber que no hay dolor para el que no nos ofrezcáis alivio, ni situación para la que no haya misericordia en vuestro amante Corazón! Por esto nos arrojamos confiadamente en vuestros brazos, esperando vuestro amparo maternal. Somos vuestros hijos, aunque indignos por nuestras miserias y por la ingratitud con qué hemos correspondido a vuestros maternales. favores. Pero una vez más, perdonadnos, oíd nuestras súplicas y despachadlas favorablemente. Haced, Madre querida, que no olvidemos las saludables enseñanzas que se desprenden de la consideración de los misterios del santo Rosario, ni las inspiraciones que durante ella nos habéis concedido, para que, imitándoos como buenos hijos, durante el destierro de la vida, merezcamos la dicha de vivir con Vos en las alegrías de la patria bienaventurada, alabando y bendiciendo al Señor por los siglos de los siglos. Amén.

 

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...