PUNTO PRIMERO.
Considera que las mayores festividades han
sido establecidas por la Iglesia para procurar los más grandes favores del
cielo a todos sus hijos; pero estas gracias abundantes piden las disposiciones
necesarias en los fieles, sin lo cual estas fuentes de bendiciones se secan
respecto de aquellos a quienes faltan las necesarias disposiciones. La cena de
aquel gran señor de que habla el Evangelio estaba dispuesta para muchas gentes,
que fueron privadas de ella por no haber querido negarse a sus placeres, a sus
intereses particulares, a mil cuidados inútiles, a mil embarazos del todo mundanos.
Entre los mismos que asistieron al convite, fué severamente castigado aquel que
se halló sin las disposiciones con que debia asistir. Todas las fiestas que
celebra la Iglesia son una especie de banquete, por decirlo así, a que Dios nos
convida. ¿Y
no se encuentran personas que se dispensan de asistir a él por razones tan poco
cristianas, tan frívolas como las de los convidados al banquete?
Un dia de campo, negocios de interés; porque,
en fin, ¿quién
no sabe que todo esto se guarda para los días de fiesta? Compré
cinco yugadas de bueyes: negocios domésticos; me he casado, y por eso no puedo
asistir. ¿Cómo
se santifican los días de fiesta el dia de hoy? ¿Por ventura son días de
negocios, de indevoción, de diversiones, do pasatiempos? ¿Con qué disposiciones
se celebran? ¿Qué preparaciones se hacen la vigilia de las grandes
festividades? Para una fiesta mundana,
para una fiesta profana se disponen muchos días antes; pero tratándose de una
fiesta de religión, ¿quién hay que piense en ella ya desde la vigilia? ¿por
ventura se piensa en ella aun el mismo dia? ¿Debemos admirarnos de que estos días
consagrados, de que estos días de bendición, sean unos manantiales tan
estériles? La Iglesia en estos santos días ¿no franquea sus
tesoros? Y los santos, cuya memoria se celebra, cuyas virtudes se
ensalzan, cuya intercesión, cuyo poder se implora, emplean todo el favor que
gozan con Dios para derramar sobre nosotros todos los tesoros de su
misericordia. ¿Qué gracias no reciben
entonces los que asisten al banquete con el vestido de boda, los que se
encuentran con santas disposiciones, los que se han preparado desde la vigilia para
la solemnidad? ¡Cuánto nos daña, Dios mío, nuestra insolencia, nuestra poca vigilancia
y nuestra poca devoción!
PUNTO SEGUNDO.
Considera que hay pocas fiestas entre año
que nos deban interesar más, y que nos puedan ser más útiles que la de mañana. Como la Virgen santísima mira la gracia, el privilegio, la
insigne prerrogativa de su Inmaculada Concepción como el más insigne favor que
ha recibido de Dios; no puede dejar de mirar con el mayor agrado la fiesta
solemne que la Iglesia le celebra: discurre, pues, con qué complacencia, con
qué benevolencia, con qué gusto mirará a los que procuran celebrar esta fiesta
con devoción, con fervor, con solemnidad. ¡Con qué
gozo se celebra el dia del nacimiento de un monarca! ¡qué magnificencia en los
vestidos, qué alabanzas en los cumplimientos! pero ¡qué benevolencia, qué
liberalidad en el monarca! La fiesta de la Inmaculada Concepción de la santísima Virgen la
honra más, le es más agradable que la de su santa natividad. ¡Con qué alegría, pues, verá las acciones de gracias que
sus hijos dan al Señor por un privilegio tan singular! ¡con qué complacencia
escuchará las súplicas que se le hacen! ¡con qué liberalidad derramará entonces
los tesoros de las misericordias del Señor, de las que es la dispensadora!
Considera cuánto importa celebrar esta gran fiesta
con devoción, con fervor, con magnificencia. Pero considera igualmente cuán
importante es el prepararse para ella. Si alguna excusa frívola nos impidiera
en este dia hacer nuestros obsequios de religión a, la santísima Virgen; si nos
faltara el celo, el fervor y una santa impaciencia para mostrar a nuestra amada
Madre la parte que tomamos en su gloria; si careciéramos del vestido de boda en
un dia tan solemne, si no distinguiéramos este dia de todos los otros por una
devoción particular, ¿qué pérdida no sería todo esto para nosotros? Estemos persuadidos de
que no podremos dar mayor gusto a la Madre de Dios, que honrando con un culto
particular y con la más tierna devoción su Inmaculada Concepción, y la gracia
singular que recibió en aquel primer instante.
Alcanzadme, o Virgen santísima, esta tierna
devoción, para que os dé pruebas de mi amor, de mi respeto, de mi celo y de mi veneración:
desde hoy en adelante procuraré disponerme como es razón para esta grande
festividad; haced por vuestra intercesión que sea eficaz esta preparación.
JACULATORIAS.
—Hacedme ver en este dia,
Virgen santísima, que sois mi madre; alcanzadme de vuestro Hijo que oiga las
súplicas que le hago.
—No ceso, Señor, de implorar vuestra
misericordia, ni cesaré de pediros que me miréis con rostro propicio,
especialmente en este dia. (Sal. 26)
PROPOSITOS.
1.Puesto
que el fruto que podemos esperar de las mayores solemnidades depende de las
disposiciones con que las celebramos, procura prepararte desde este día para la
fiesta de la inmaculada Concepción de la santísima Virgen. Se viene a los ojos
que la primera disposición necesaria es un corazón puro: aplícate, pues, desde
hoy a tener esta pureza por medio de una confesión más exacta y más perfecta
que las regulares. Hermosea tu alma, por decirlo así, con algunas buenas obras,
con alguna limosna, que darás con intención de prepararte para la fiesta de
mañana y como empieza desde las primeras vísperas de esta tarde, procura
asistir a ellas; y si no puedes, suple este defecto con el recogimiento
interior, el que puedes observar en medio del tumulto de tus empleos; pero haz
cuanto puedas por pasar algún rato en oración esta tarde en la iglesia.
2.
Procura exhortar a tus hijos, a tus criados, a tus inferiores a celebrar la
fiesta de la inmaculada Concepción con toda la devoción posible, haciéndoles conocer
las grandes utilidades de esta devoción. Procura, sobre todo, disponer tan bien
todos tus negocios, y tomar tan bien tus medidas para mañana; que no haya nada
que te ocupe o distraiga. Es una santa preparación la de ayunar la vigilia de
todas las fiestas de la santísima Virgen; pero singularmente esta. Sé diligente
en levantarte mañana temprano, aún más de lo ordinario; y haz que todo el dia
se pase devotamente.
AÑO CRISTIANO.
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