miércoles, 16 de diciembre de 2020

NOVENA DE NUESTRA SEÑORA DE BELÉN. PRIMER DÍA.



   Cuya Sagrada Imagen, insigne en milagros, se veneraba en el Religioso Convento de los Padres Mercedarios Descalzos, Redentores de Cautivos, de la ciudad de Granada; sacada de las obras de la venerable Madre María de Jesús de Águeda.


   Que ofrece a los devotos de la Reina del Cielo, a petición de un alma devota de la Santa Imagen. 


   Escrito por Fray Miguel del Santísimo Sacramento, religioso de la misma Orden e impreso en el año 1755.

 

 


COMENZAMOS: 16 de diciembre.

 

FINALIZAMOS: 24 de diciembre.

 

 

 

 

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS.

 

 

   Soberana Señora, Emperatriz de los Cielos y Tierra, Estrella refulgente del Mar, que alumbras a los errados navegantes hijos de Adán: Yo, el más indigno de todos ellos, me postro ante tu sagrada imagen de Belén, venerándote en tu dichoso Parto, como legitima, y natural Madre de Dios, y Virgen Purísima; y te suplico, que, en esta Novena, que consagro a tus aras, te dignes de ser mi Madre, pues lo eres de todos; y me alcances del Trono de tu Santísimo Hijo, pureza de Intención, y conformidad con su Santísima voluntad, para que por tu Santísima intercesión sean mis ruegos, y suplicas oídas de su piedad, para que venerándote en esta vida, ante tu Santa Imagen te adore eternamente en la gloria. Amén.

 

 

 

—Luego se rezan nueve Ave Marías, en memoria de los nueve meses, que estuvo el Verbo Divino en su purísimo Vientre, e inmediatamente se dicen las Oraciones siguientes…

 

 




 

DÍA PRIMERO (16 de diciembre).


 

Entrada de María Santísima en el portal de Belén.

 

 

   Considera, como, habiendo llegado la Reyna del Cielo con el Verbo Divino en sus purísimas entrañas, en compañía de su Castísimo Esposo José, a la Ciudad de Belén y no hallando acogida en sus Moradores, se vio precisada a recogerse en una cueva, que estaba fuera del lugar, y servía de acogerle a ella los Pastores con sus ganados. Y conociendo con luz superior, el Misterio, que en ella quería el Altísimo celebrar, determinó limpiar con sus manos Virginales, aquella estancia, que luego había de ser Trono Real, y Propiciatorio Sagrado; porque ni a ella le faltase ejercicio de humildad, ni a su Hijo unigénito aquel culto y reverencia, que era, el que en tal ocasión podía prevenirle por adorno de su Templo.

 

 

 

ORACIÓN.

 

 

   Oh Soberana Señora, Maestra de la humildad; Yo te suplico por las acciones humildísimas, que ejercitasteis en el Portal de Belén, limpiando con tus Virginales manos las inmundicias de aquella estancia; me alcancéis de tu Santísimo Hijo la virtud dé la humildad, y que limpie mi alma de las inmundicias de la culpa, para que le ofrezca digno hospedaje en el Santísimo Sacramento del Altar. Amén.

 

 

 

 Después se dice: Dios te Salve, Hija de Dios Padre. Dios te Salve Madre de Dios Hijo, Dios te Salve Esposa del Espíritu Santo. Dios te Salve, Templo, y Sagrario de la Santísima Trinidad. Dios te Salve, MARÍA Santísima Señora nuestra, concebida sin mancha de pecado original, en el primer instante de tu Ser natural. Amén.

 

 

—Luego un Padre Nuestro, y un Ave María.

 


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