miércoles, 14 de agosto de 2019

NOVENA EN HONOR DE LA ASUNCIÓN DE SANTA MARÍA. COMPLETA.




COMENZAMOS: 6 de agosto.

FINALIZAMOS: 14 de agosto. (Vigilia de la Asunción).


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 
ACTO DE CONTRICIÓN.

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío, en quien creo, en quien espero, a quien amo más que a mi alma, más que a mi vida y más que a todas las cosas: por ser Vos quien sois, y por vuestra bondad infinita, a mí me pesa, pésame mi Dios de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra divina bondad y misericordia infinita me los perdonaréis por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, me daréis gracia para enmendar mi vida y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la hora de mi muerte. Amén.


ORACIÓN INICIAL PARA TODOS LOS DÍAS.

Soberana Virgen María, Madre de Dios y Madre mía, aquí tenéis postrado a vuestros sacratísimos pies a este hijo pródigo, penetrado de confusión, de dolor y de arrepentimiento por haber pecado contra el cielo y contra Vos: conozco, Señora, y confieso en presencia del cielo y de la tierra, que no soy digno de honrarme con el título de hijo vuestro: recibid, Madre de misericordia, esta humilde confesión de mi fea ingratitud, y mala correspondencia, dispensándome la gracia de admitirme en el número de vuestros esclavos: miradme con ojos de piedad, como acostumbráis ejecutarlo con vuestros siervos; y alcanzadme del Todopoderoso la gracia que principalmente os pido en esta santa Novena; y es, que reconocido de todos los yerros y extravíos de mi vida pasada, empiece desde ahora a llorar con amargas lágrimas todas mis culpas, a implorar las divinas misericordias, arreglando los pasos de mi vida de tal manera que logre por vuestra poderosa intercesión una preciosa muerte para gozar de Dios en vuestra compañía por eternidades de gloria. Amén.


—Aquí se rezarán tres Ave Marías en reverencia de los tres días, que piadosamente se cree haber mediado entre la muerte de María y su resurrección.



  
DÍA PRIMERO- (6 de agosto).


MEDITACIÓN SOBRE LA FE: «¿Que aprovechará, Hermanos, que el cristiano se gloríe de que tiene Fe, si no tiene las obras que inspira la Fe? ¿Acaso la Fe sin obras le podrá salvar?» (Santiago 2, 14).


 
ORACIÓN

Mi Dios y Señor, en quien creo, como verdad infalible, que prometéis la bienaventuranza eterna a todas las almas que, teniendo la dicha de vivir en el gremio de la santa Iglesia, se emplean en la observancia de vuestros divinos mandamientos, en crédito de no tener la fe muerta por el pecado, sino viva y animada por medio de vuestra gracia y caridad: yo os suplico, Señor, por aquella Fe tan viva con que creyó en Vos, y obró en todo conforme a su creencia María Santísima, y por aquella gloria a que os dignasteis trasladarla en el día de su preciosa Asunción a los Cielos, para que os viese eternamente, no ya como en sombra, figura o enigma, sino cara a cara, me concedáis la gracia de que imitando en cuanto sea posible a mis débiles fuerzas, aquella fe viva y obradora de esta celestial Reina, y arreglando todas las obras de mi vida a esta fe sobrenatural y divina, me haga digno de veros en vuestra eterna gloria. Amén.
 


—Aquí, levantando el corazón a Dios, y valiéndose de la intercesión de María Santísima, hará cada uno la petición que le dice su devoción, y se concluirá con la oración siguiente, que servirá para todos los días de la Novena.
 


ORACIÓN PARA CONCLUIR TODOS LOS DÍAS

Dios de bondad, en quien vivo, en quien me muevo, y en quien disfruto el ser que tengo: que por un efecto de vuestra infinita misericordia tenéis empeñada vuestra divina palabra, de que no queréis la muerte eterna del pecador, sino que se convierta a Vos para vivir eternamente en vuestra amistad y gracia: yo os suplico, Señor, por vuestra bondad, por la vida, muerte y pasión de mi Redentor Jesucristo, y por los méritos de vuestra Madre María Santísima, elevada a los Cielos en cuerpo y alma, me otorguéis la gracia de convertirme a Vos con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas las fuerzas de mi vida; viva yo, Señor, en adelante para amaros, muévame para serviros y emplee todo cuanto soy en obedeceros; no permitáis, Señor, se abran mis ojos, sino para miraros; no se empleen mis oídos, sino en escucharos; mi lengua no tenga otro ejercicio que alabaros y bendeciros; no se dirijan mis pasos sino a buscaros. Hacedme, en fin, Señor, la misericordia de que mi alma y mi cuerpo detesten y aborrezcan sobre todo la muerte eterna de la culpa y suspiren incesantemente por la vida de vuestra amistad y gracia, para bendecir y alabar vuestras misericordias eternamente en la gloria. Amén.
 


GOZOS EN HONOR A LA ASUNCIÓN DE SANTA MARÍA

  
Pues sois Ave que, hasta el cielo,
María, voláis ansiosa;
Dadnos alas, Ave hermosa,
Para seguir vuestro vuelo.

Lleno de celestial luz
Vuestra muerte os anunció
Un ángel que os envió
Vuestro amado Hijo Jesús:
Logrando el mayor consuelo
En nueva tan misteriosa.
Dadnos alas, Ave hermosa,
Para seguir vuestro vuelo.
 
Los Apóstoles que acaso
En vuestra muerte asistieron,
Devotos se enternecieron
Al ver tan cerca el ocaso
De ese sol, que al mismo cielo
Supo dar luz tan copiosa.
Dadnos alas, Ave hermosa,
Para seguir vuestro vuelo.
  
Sin achaque de dolor
Os ponéis en una cama,
Y viendo a Jesús que os llama,
Expiráis fénix de amor:
Rindiéndole vuestro anhelo
El alma más prodigiosa.
Dadnos alas, Ave hermosa,
Para seguir vuestro vuelo.
   
Del pecado y de su muerte,
Del infierno y su adalid,
Divina y bella Judit,
Triunfó vuestro valor fuerte:
Y a pesar de su desvelo
Os aclaman victoriosa.
Dadnos alas, Ave hermosa,
Para seguir vuestro vuelo.
  
Tomás que aún no sabía
De vuestra muerte, llegó
A Getsemaní, y abrió
El sepulcro al tercer día:
Mas solo halló vuestro velo,
Y vestidura preciosa.
Dadnos alas, Ave hermosa,
Para seguir vuestro vuelo.
    
En premio de la victoria
Que en este mundo alcanzasteis,
Desde el sepulcro volasteis
En cuerpo y alma a la gloria;
Como lo confiesa el celo
De la religión piadosa.
Dadnos alas, Ave hermosa,
Para seguir vuestro vuelo.
   
Al ver tantas perfecciones,
Pasmados los querubines,
Ángeles y Serafines,
Dicen con admiraciones:
«¿Quién es esta, que del suelo
Se remonta tan gloriosa?».
Dadnos alas, Ave hermosa,
Para seguir vuestro vuelo.
  
En los brazos recostada
De vuestro Hijo querido,
Sobre el trono más lucido
Sois, María, colocada:
Cual iris que con desvelo
Anuncia la paz dichosa.
Dadnos alas, Ave hermosa,
Para seguir vuestro vuelo.
  
Mejor que Betsabé vos
Del Hijo al lado os sentáis,
Tan hermosa, que os lleváis
La atención del mismo Dios:
Si sois el mejor modelo
De su mano poderosa.
Dadnos alas, Ave hermosa,
Para seguir vuestro vuelo.
  
Allí con celeste canto
Por Hija os corona el Padre,
El Hijo por dulce Madre,
Por Esposa el Amor Santo:
Reina sois de tierra y cielo,
Y Abogada portentosa.
Dadnos alas, Ave hermosa,
Para seguir vuestro vuelo.
  
Salve, Virgen pura y bella,
Salve, sagrario divino,
Salve, espejo cristalino,
Salve, sol, luna y estrella:
Salve, universal consuelo,
Salve, en fin, Madre amorosa.
Dadnos alas, Ave hermosa,
Para seguir vuestro vuelo.

Pues sois Ave que, hasta el cielo,
María, voláis ansiosa;
Dadnos alas, Ave hermosa,
Para seguir vuestro vuelo.


  
Antífona: Hoy la Virgen María ascendió a los Cielos, alegraos, Ella reina con Cristo eternamente.


℣. Exaltada es la Santa Madre de Dios.

℟. Sobre los coros angélicos como Reina celestial.


ORACIÓN


Perdona misericordiosamente, Señor, las faltas de tus servidores, y, dada la impotencia en que nos encontramos de agradarte por nuestros propios méritos, concédenos la salvación por la intercesión de Aquella que elegiste para que fuera la Madre de tu Hijo, Nuestro Señor, que, siendo Dios, vive y reina contigo en unidad con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.


  
Omnipotente y sempiterno Dios, que llevaste a la gloria celestial a la Inmaculada Virgen María, la Madre de tu Hijo: suplicámoste nos concedas que, siempre atentos a las cosas del cielo, merezcamos ser participantes de su gloria. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.


℣. Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar.
℟. Sea por siempre bendito y alabado Jesús Sacramentado.


En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.




DÍA SEGUNDO- (7 de agosto).


Por la señal…
Acto de contrición, Oración inicial y las tres Ave Marías.

  
MEDITACIÓN SOBRE LA ESPERANZA: «¡Qué bien tan grande es para mí estar unido con mi Dios, y colocar en Él toda mi esperanza!» (Salmo 72, 28).

    
ORACIÓN
Mi Dios, en quien espero, por ser un Señor de un infinito poder, que conducís al puerto de eterna salvación a todos los que esperan en Vos: que premiasteis la esperanza de nuestros Padres, no permitiendo fuesen confundidos, y libertándoles con vuestro brazo omnipotente de la eterna confusión de los malos: mi buen Dios, que en justa remuneración de aquella firme esperanza que depositó en solo Vos María Santísima, honrasteis a esta Señora en el día de su Asunción a los Cielos con la posesión de aquel sumo y eterno bien, por quien tanto había suspirado: concededme, Señor, por su intercesión poderosa, que a imitación suya viva yo animado de aquella firme esperanza, que separando mi corazón de todos los bienes aparentes de la tierra, suspire continuamente por la posesión de aquellos bienes verdaderos, que disfrutan los justos en vuestra gloria. Amén.


—Pedir la gracia que se desea. La oración y los Gozos se rezarán todos los días.




 
DÍA TERCERO- (8 de agosto).



Por la señal…
Acto de contrición, Oración inicial y las tres Ave Marías.

  
MEDITACIÓN SOBRE LA CARIDAD EN ORDEN A DIOS: Amarás a tu Señor Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas”. (Mateo 22, 27).
 


ORACIÓN
Dios de mi alma, Señor de mi vida, a quien amo sobre todas las cosas, como bien sumo, que me habéis amado hasta el extremo de haceros hombre, y morir por mí en el más afrentoso patíbulo: que en premio de aquel purísimo e intensísimo amor que os tuvo María Santísima desde el primer instante de su vida, la ensalzasteis en su preciosa Asunción sobre todos los Coros de los Ángeles en vuestra gloria, para ser por toda la eternidad el objeto más agradable de vuestras divinas complacencias entre todas las criaturas: concededme, Señor, por sus méritos e intercesión, que al paso que me honro y me glorío de ser un humilde esclavo de esta Señora, os ame a imitación suya con todo mi corazón, con toda mi alma, y con todas las fuerzas de mi vida. No permitáis, Señor, se apague jamás en mi corazón esta llama: haced sí, por un efecto de vuestra infinita caridad, que ésta se aumente y crezca en mí durante la carrera de mi vida, y se perfeccione y perpetúe por toda la eternidad en vuestra gloria. Amén.



—Pedir la gracia que se desea. La oración y los Gozos se rezarán todos los días.



 
DÍA CUARTO- (9 de agosto).



Por la señal…
Acto de contrición, Oración inicial y las tres Ave Marías.

  
MEDITACIÓN SOBRE LA CARIDAD EN ORDEN AL PRÓJIMO: «Si alguno poseyere bienes de este mundo, y viese a su prójimo padecer necesidad, sin moverse a socorrerle, ¿cómo puede persuadirse que la caridad habita en su corazón?» (I Juan 3, 17).

 
ORACIÓN
Gran Dios, bienhechor de todas las criaturas, que nos mandáis amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos, y nos enseñáis con vuestro ejemplo a hacer bien a nuestros enemigos, disponiendo con vuestra adorable providencia, que nazca el sol todos los días para alumbrar a los buenos y a los malos, que el Cielo derrame sus abundantes lluvias para fertilizar los campos de los justos y de los pecadores: yo os suplico, Señor, por aquel amor que profesó María Santísima a todos los hombres en su santísima vida, sacrificando la prenda más amada de su Hijo por nosotros a la muerte, y por aquel amor con que ahora nos mira desde el Cielo, haciendo el oficio de nuestra Madre y Abogada en vuestra divina presencia, me concedáis la gracia de que a imitación vuestra y suya acredite con mis obras que soy hijo de tal Padre y de tal Madre, que haga bien aun a aquellos mismos que me aborrecen, que dirija mi oración a Vos aun por aquellos que me calumnian y persiguen. Haced, Señor, en fin, que unido con mis prójimos en caridad y amor, como hijos todos de un mismo Padre y de una Madre, merezcamos nos dispenséis vuestra santa bendición en esta vida, y la continuéis por toda la eternidad en vuestra gloria. Amén.


Pedir la gracia que se desea. La oración y los Gozos se rezarán todos los días.




 
DÍA QUINTO – (10 de agosto).


Por la señal…
Acto de contrición, Oración inicial y las tres Ave Marías.

     
MEDITACIÓN SOBRE LA HUMILDAD: «Humillaos bajo de la mano poderosa de vuestro Dios, para que os ensalce cuando venga a visitaros» (I Pedro 5, 7).


 
ORACIÓN

Mi Dios y Señor, infinitamente grande e infinitamente humilde, que con el designio misericordioso de desterrar de los corazones de los hombres el vicio abominable de la soberbia, en que tuvo principio la ruina universal del mundo, os dignasteis manifestaros en la tierra, cubriendo con el velo de la humanidad aquella infinita grandeza y majestad que admiran y veneran llenos de respeto los Santos y los Ángeles en vuestra gloria, yo os suplico, Señor, por esta humillación vuestra, y por aquella humildad sin segunda, de que estuvo adornada María Santísima, cuando elevada por Vos a la altísima dignidad de Madre vuestra, poseída de una santa confusión y respeto, se contentó y glorió con el título de Esclava, me concedáis la gracia de que jamás me deje dominar del vicio de la soberbia, que conozca y confiese en vuestra divina presencia que no soy otra cosa que polvo y ceniza; y penetrado toda la vida mi corazón de este pensamiento, arregle mis acciones de tal manera, que siguiendo vuestros pasos y los de María Santísima por los caminos de la humillación y abatimiento en la tierra, merezca ser ensalzado por Vos eternamente en vuestra gloria. Amén.


—Pedir la gracia que se desea. La oración y los Gozos se rezarán todos los días.




  
DÍA SEXTO – (11 de agosto).


Por la señal…
Acto de contrición, Oración inicial y las tres Ave Marías.

     
MEDITACIÓN SOBRE LA CASTIDAD: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios». (Mateo 5, 8).
 

ORACIÓN

Dios purísimo, que miráis como templo vuestro aquellas almas que viven en castidad, y les ofrecéis la dicha incomparable de veros eternamente en vuestra gloria, y en cumplimiento de vuestra promesa premiasteis la pureza singular de María Santísima, no permitiendo que su cuerpo purísimo estuviese sujeto a la muerte ni a la corrupción del sepulcro, sino que en compañía de su bendita alma fuese conducido por los espíritus puros de vuestros Ángeles al trono de la gloria: yo, os suplico, Señor, me concedáis que imite en cuanto me sea posible, la castidad y pureza de esta Señora. Dadme, Señor, por su intercesión, unos oídos castos, una lengua pura, unos ojos modestos, creado de nuevo en mí un corazón limpio, renovado en lo íntimo de mi alma la rectitud de vuestro espíritu: purificadme de toda mancha de alma y cuerpo, para que viviendo y muriendo adornado de castidad y pureza, me haga digno de veros, poseeros, y gozaros en la gloria. Amén.


—Pedir la gracia que se desea. La oración y los Gozos se rezarán todos los días.



 

DÍA SÉPTIMO – (12 de agosto).


Por la señal…
Acto de contrición, Oración inicial y las tres Ave Marías.


MEDITACIÓN SOBRE LA PACIENCIA: «La paciencia os es necesaria para que, haciendo la voluntad de Dios, recibáis sus promesas». (hebreos 10, 36).

 
ORACIÓN
Dios de mi corazón, que a pesar de todos los extravíos de mi vida, me sufrís y esperáis con infinita paciencia para usar conmigo de vuestra misericordia, añadiendo a este singularísimo beneficio tener la bondad de manifestar vuestra gloria en perdonar mis pecados: yo os suplico, Señor, por esta dignación vuestra, y por los méritos de vuestra Madre María Santísima, cuya admirable y prodigiosa vida fue sin intermisión alguna un continuo ejercicio de sufrimiento y de paciencia, venerando con el más profundo respeto las sabias disposiciones de vuestra adorable providencia, me concedáis la gracia de que, a imitación suya, me entregue desde ahora en vuestras manos con una santa y total indiferencia, así en los sucesos prósperos como en los adversos de mi vida; si me concedieseis bienes, o si me regalaseis con trabajos y con males, haced, Señor, se cierre mi boca para la queja, y solo se abra para bendecir y alabar vuestro santísimo Nombre; dispensadme, Señor, esta gracia, para que adornado de esta conformidad, posea mi alma en paciencia santa en esta vida, y disfrute después eternamente la paz de vuestra gloria. Amén.


—Pedir la gracia que se desea. La oración y los Gozos se rezarán todos los días.




DÍA OCTAVO – (13 de agosto).


Por la señal…
Acto de contrición, Oración inicial y las tres Ave Marías.

MEDITACIÓN SOBRE LA POBREZA: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos» (Mateo 5, 3).
 
ORACIÓN
Dios mío y todas mis cosas, que siendo infinitamente rico y señor de todos los bienes del Cielo y de la tierra, tuvisteis la bondad de haceros voluntariamente pobre, con el designio de que vuestra santa pobreza enriqueciese a todos los hombres con los dones de vuestra gracia; yo os suplico, Señor, por aquella pobreza en que vivió vuestra Santísima Madre, sin querer ni desear jamás otra posesión, ni otra herencia, que a Vos en el Cielo y en la tierra, me concedáis la gracia, de que mirando al mundo como lugar de mi destierro, esté siempre desprendido mi corazón de todos los bienes de esta vida perecedera. Haced, Señor, los repute todos como un poco de estiércol y basura, para que, viviendo en pobreza de espíritu, desde ahora en vuestras manos con una santa y total indiferencia, así en los sucesos prósperos como en los adversos de mi vida. Si me concedieseis bienes, o si me regalaseis con trabajos y con males, haced, Señor, se cierre mi boca para la queja y sólo se abra para bendecir y alabar vuestro santísimo Nombre. Dispensadme, Señor, esta gracia, para que, adornado de esta conformidad, posea mi alma en paciencia santa en esta vida y disfrute después eternamente la paz de vuestra gloria. Amén.

—Pedir la gracia que se desea. La oración y los Gozos se rezarán todos los días.




  
DÍA NOVENO – (14 de agosto).


Por la señal…
Acto de contrición, Oración inicial y las tres Ave Marías.


MEDITACIÓN SOBRE LA PERSEVERANCIA: «El que perseverare hasta el fin, éste se salvará» (Mateo 10, 22).

  
ORACIÓN
Omnipotente Dios, liberalísimo remunerador, que conducís al puerto de salvación a todas las almas que perseveran en la observancia de vuestros divinos mandamientos hasta el fin de la carrera de esta vida mortal; y así mismo, nos aseguráis que el alma que pone la mano sobre el arado y vuelve atrás no es a propósito para el Reino de los Cielos: yo os suplico, Señor, por la intercesión de María Santísima, cuya perseverancia en toda clase de virtud hasta el último momento de su preciosa vida habéis remunerado con un peso de indecible gloria, me concedáis la gracia de fijar mis pasos en la observancia de vuestra divina ley; confirmad, Señor, en mí los propósitos y resoluciones que he formado en este santo Triduo, que son: de vivir en adelante animado de una fe viva, de una firme esperanza, de una caridad ardiente, de una humildad verdadera, de una pureza y castidad conforme al estado en que me hallo al presente, o a aquel a que me destine vuestra divina providencia; de una paciencia inalterable, de una pobreza de espíritu que desprenda mi corazón de todos los bienes de la tierra, y suspire incesantemente por la posesión de mi eterna bienaventuranza; dispensadme en fin, Señor, la misericordia de que yo persevere a imitación de mi Madre y Señora María Santísima, en el ejercicio de estas y las demás virtudes hasta respirar el último aliento de mi vida, para que entregando mi espíritu en vuestras manos, en las de mi amado Jesús y de María, mi venerada Madre y Señora, pase a veros, gozaros, alabaros y bendeciros eternamente en vuestra gloria. Amén.

—Pedir la gracia que se desea. La oración y los Gozos se rezarán todos los días.



viernes, 26 de julio de 2019

SANTA ANA, madre de la santísima Virgen. —26 DE JULIO.




   No se puede formar concepto más noble, más elevado ni más cabal del extraordinario mérito, de las heroicas virtudes y de la sublime santidad de santa Ana, que diciendo fué madre de la Madre de Dios. Esta augusta cualidad comprende todos los honores, excede todos los elogios; y así como el mismo Espíritu Santo no pudo decir cosa mayor de María, que decir que de ella nació Jesús, de qua natus est Jesús, así tampoco es posible elogio más glorioso de santa Ana, que afirmar que de ella nació María.


   Santa Ana, pues, a quien los santos padres apellidan el consuelo de los hijos de Dios, que suspiraban por la venida del Mesías, nació en Belén, de la tribu de Judá, a dos leguas de Jerusalén, llamada comúnmente en el Evangelio Ciudad de David, por haber nacido en ella este monarca. Tuvo por padre á Matan, sacerdote de Belén, de la tribu de Leví y de la familia de Aarón, que entre los judíos era la familia sacerdotal. Su madre se llamó María, de la tribu de Judá, ambos muy recomendables por su nacimiento, por su notoria bondad y por su ejemplar virtud. Tuvieron tres hijas. La primera, que se llamó María como su madre, casó con Cleofás, y fué madre de Santiago el Menor, de san Judas, de san Simeón, sucesor de Santiago, obispo de Jerusalén, y de san José, por sobrenombre Bársabas o el Justo. Estos son aquellos discípulos del Salvador, a quienes el Evangelio llama hermanos suyos, según el estilo común de los judíos; pero no eran más que primos, como hijos de una tía de la santísima Virgen. La segunda hermana de santa Ana fué Sobé, madre de santa Isabel, la cual por consiguiente era prima hermana de la misma Virgen. En fin, la tercera hija de María y de Matan fué santa Ana, destinada por el Señor para dar al mundo aquella de quien había de nacer el Salvador.

   Luego que Ana nació, se reconocieron en ella aquellas especiales y distinguidas gracias que anuncian y forman los grandes santos, habiendo sido todas las delicias de sus padres, cuyo especial amor a esta hija sobre todas las demás pareció tan justo, que nunca causó celos ni emulación en las otras dos hermanas. Se descubrió en ella un fondo de juicio, de prudencia, de modestia y de virtud, con cierto carácter de capacidad y de madurez, que igualmente la hizo amable que admirable. Hechizado el mundo de sus prendas, se dio priesa a ganarla para sí; pero ella miró siempre con desvió todas las cosas del mundo. Su mayor gusto era el retiro, y nunca le halló aun en aquellas inocentes diversiones que son más naturales y más comunes en las niñas de su edad y de su condición. Entregada a la oración, comenzó a gustar de Dios desde sus primeros años, no pensando en otra cosa que en servirle y en agradarle. Por el grande amor que profesaba a la virginidad, virtud tan poco conocida en el mundo antes del nacimiento del Redentor, hubiera pasado su vida en el celibato, a no haberla escogido la divina Providencia para ser la más dichosa de todas las madres. La pretendieron por mujer los más nobles de toda la nación y sus padres escogieron entre todos a Joaquín, que vivía en la ciudad de Nazaret, y era de la real casa de David, con cuyo enlace se unió la familia sacerdotal con la real: circunstancia indispensable para que la Madre del Mesías pudiese nacer de este matrimonio.

   Aquellas mismas virtudes que tanto habían resplandecido en santa Ana siendo soltera, brillaron con nuevo resplandor en ella cuando se vio esposa del hombre más santo que se conocía en el mundo a la sazón. No hubo matrimonio más feliz: en ambos esposos reinaban las mismas inclinaciones, el mismo amor a la virtud, la misma inocencia y la misma pureza de costumbres; porque la misma mano que había formado aquellos dos corazones, los unió con el dulce vinculo del mas casto y del más perfecto amor; y aquel mismo espíritu (dice san Juan Damasceno) que con el tiempo debía animar a los cristianos, anticipaba en la persona de los dos santos esposos el más ajustado modelo de la vida perfecta e interior. Joaquín en el monte (dice san Epifanio) ofrecía incesantes oraciones y sacrificios al cielo para acelerar la redención de Israel; y Ana en el retiro de su casa se sacrificaba continuamente al Señor en el fervor de su oración. Cuando se dejaba ver en público, edificaba a todos; su compostura, su modestia, sus palabras inspiraban admiración de su virtud y respeto a su persona. Por su gran caridad consideraba a los pobres como a hijos suyos; y cuando se acordaba de que era estéril, se consolaba con que tenía tantos hijos como pobres. No correspondían los bienes temporales a la nobleza de su calidad ni de su sangre, pero suplía la caridad a la medianía de su fortuna. Le bastaba a cualquiera ser pobre o estar afligido, para que, acudiendo a ella como á madre, fuese considerado con derecho a lo que ella tenía.



   Parece que el Espíritu Santo hizo el retrato de santa Ana en el que formó de la mujer fuerte y perfecta que no tiene precio. Lo que no admite duda es, que esta gran santa nos dejó el modelo más perfecto que tenemos de la vida interior y escondida, con un compendio de las más raras virtudes.

   Hacía más de cuarenta años que estaba casada santa Ana sin haber tenido sucesión, esterilidad que entre los judíos se reputaba por cierta especie de oprobio, con alguna nota de infamia, porque, asegurados de que el Mesías había de nacer de una mujer de la nación, consideraban en las infecundas uno como linaje de reprobación o de maldición de la familia. Vivía santa Ana en esta triste humillación, sin esperanza de salir de ella a causa de su avanzada edad. Llevaba, a la verdad, con paciencia las amarguras de su estado por su rendimiento a la voluntad de Dios; mas no por eso dejaba de mirar con una santa envidia a aquellas dichosas mujeres que algún dia habían de tener afinidad con el deseado Mesías.

   Estando en esta disposición, y haciendo un dia oración en el templo con extraordinario fervor, se le ofreció con tanta viveza la idea de su ignominia, que no pudo contener las lágrimas: y acordándose de que Ana, mujer de Elcana y madre de Samuel, callándose en las mismas circunstancias había clamado al Señor con tanta confianza, que al fin fue bien despachada su petición; animada Ana con el mismo espíritu, pidió fervorosamente a Dios se dignase mirar con ojos favorables a su humilde sierva, y se compadeciese de su extrema aflicción; ofreciéndole que, si la hacia la merced de concederle algún fruto, se le consagraría inmediatamente, destinándole al templo para su santo servicio.



   Oyó benignamente el Señor una petición que el mismo había inspirado. Se asegura que en el mismo punto tuvo Ana revelación del feliz despacho, y que también le fué revelado a Joaquín por el ministerio de un ángel. Lo cierto es que pocos días después se vio libre de la ignominia de su esterilidad, sintiéndose en cinta de la santísima Virgen. Se llenó el cielo de admiración y de alegría viendo en la tierra aquella dichosísima criatura concebida sin pecado, y más agradable a los ojos de Dios en el primer instante de su concepción, que todos los santos juntos en el último momento de su vida. Y si en el mismo punto que san Juan fué santificado en el vientre de su madre, resaltó tanto en santa Isabel la santidad del hijo, fácilmente se dejan discurrir los tesoros de bendiciones y la abundancia de gracias que la santísima Virgen mereció para su santa madre en el instante de su concepción. Siendo depositaría de este precioso tesoro por espacio de nueve meses, ¡de cuántos favores celestiales seria enriquecida santa Ana! ¡que luces sobrenaturales no la iluminarían! ¡que fervorosos afectos no inflamarían su corazón mientras llevaba en su vientre a la que había de llevar en el suyo al Salvador del mundo! Desde entonces fué la vida de santa Ana una contemplación continua, y su conversación únicamente en el cielo, desde entonces inundaron su alma aquellos torrentes de consuelos espirituales, que son como la prueba de los gozos de la gloria.


   Fué el colmo de este gozo el nacimiento de la bienaventurada Hija; se comunicó a la familia la alegría del cielo, y fué como presagio de lo que aquella Niña había de ser. Si el árbol se conoce por sus frutos, exclama san Juan Damasceno, ¡qué concepto no debemos formar de vuestra inocencia y de vuestra sublime virtud, o gloriosos esposos Joaquín y Ana! Era preciso que la santidad de vuestra vida correspondiese a la santidad de la hija que disteis a luz, y que habia de ser madre del santo de los santos; porque, siendo vuestra vida pura, inocente y ejemplar, tuvisteis la dicha de engendrar al tesoro de la virginidad.  

   Luego que santa Ana convaleció de su parto, se aplicó únicamente a conservar y a cuidar del precioso tesoro, cuyo depósito le había el Señor confiado. ¡O madre la más dichosa de todas las madres, vuelve a exclamar el mismo santo, qué mayor gloria para ti, que dar el pecho a la que con la leche del suyo había de alimentar al que sustenta todo el universo! Fáciles son de comprender los desvelos, la solicitud y la ternura con que criaría santa Ana a su querida Hija; bien presto conoció que la gracia nada había dejado que hacer a la educación. Aquel entendimiento iluminado con las más puras y más penetrantes luces, aquel corazón dulce, humilde, dócil, formado para la más elevada santidad; aquella alma que por singularísimo privilegio no había contraído ni aun el pecado original, común a todos los hombres, con todo el conjunto de prendas y de gracias que se unían en aquella purísima criatura, ¿cómo podían menos de ser las delicias de su dichosa madre? Mas al fin, era menester separarse de ella en cierto modo, para cumplir el voto que había hecho; y así, luego que cumplió la Virgen los tres años, aunque eran tan estrechos los vínculos que unían aquellos dos corazones, fue forzoso hacer el sacrificio. Había ofrecido a Dios santa Ana consagrarle en el templo el fruto que le diese, y llegado el tiempo de cumplir su promesa, la cumplió. Condujo ella misma a su querida Hija al templo de Jerusalén, como lo había ofrecido antes que naciese, y entregándosela al sacerdote, consagró a Dios aquella criatura que tan singularmente había nacido para solo él. Hasta entonces no había visto el templo ofrenda tan preciosa, ni víctima tan pura. Fué desde luego recibida la santísima Niña para el ministerio del templo, y colocada entre las vírgenes y las viudas que vivían dentro, o inmediatas a él en un cuarto separado, para servir en sus correspondientes oficios bajo las órdenes de los sacerdotes.


   No pudiendo santa Ana y san Joaquín alejarse de una Hija tan querida, que era todo su consuelo, se fueron también a vivir en Jerusalén en una casa cercana al mismo templo. San Joaquín sobrevivió poco al sacrificio que habían hecho de su Hija, y se dice que pocos días después murió dulcemente entre los brazos de santa Ana, lleno de días y de merecimientos, a los ochenta años de su edad. Los que restaron de vida a nuestra santa los pasó en mayor retiro y con mucho aumento de fervor, siendo su vida una continua oración. Abrasado su corazón con las puras llamas del amor divino, solo suspiraba por el único objeto de sus ansias que era su Dios, su soberano bien y su último fin. Llegóse el de su santa vida, y habiendo tenido el consuelo de ver crecer a su amada Hija en sabiduría, en virtud y en lodo genero de perfecciones, al paso que iba creciendo en edad, entrego suavemente el alma a su Criador a los setenta y nueve años de su edad, y fué enterrada junto a su esposo san Joaquín. Llama la Iglesia dulce sueño a la muerte de santa Ana, para dar a entender la tranquilidad con que espiró.

   Muchos años después trasladaron los fieles sus reliquias a la iglesia del sepulcro de la Virgen en el valle de Josafat, donde aún hoy se halla el de santa Ana en una capilla.



   La ciudad de Apt en Provenza, tan célebre por su antigüedad, y hecha colonia romana por Julio César, se gloria de poseer muchos años el cuerpo de santa Ana, que san Auspicio, su primer obispo, trajo de Oriente, y en el año de 772 trasladó a la catedral el obispo Magnerico. El gran concurso de peregrinos que la devoción a esta gran santa atrae de todas partes a venerar su sepulcro, y las singulares gracias que se reciben en él por su poderosa intercesión, acreditan visiblemente lo mucho que puede con Dios, y cuán grata le es la piedad de los que acuden a honrar reverentemente sus reliquias.


AÑO CRISTIANO
ó
EJERCICIOS DEVOTOS
PARA TODOS LOS DÍAS DEL AÑO.

POR EL P. J. CROISSET, DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

martes, 16 de julio de 2019

VIRGEN DEL CARMEN. — (16 DE JULIO).




Es difícil encontrar una advocación más popular que ésta.

Parece que el pueblo cristiano tiene un gusto especial en invocar a la Virgen con el título del Carmelo... y hasta los más apartados de las prácticas piadosas que llevan una vida poco edificante y nada conforme a su título de cristianos, no renuncian a tener, a su modo, claro está, alguna devoción a su Virgen del Carmen..., y es que este título es...


1.° Muy venerable por su antigüedad... Son dignas de conocerse y meditarse las palabras que la Iglesia emplea en las lecciones del Oficio Divino de este día...; dicen así:

   «En el sagrado día de Pentecostés, cuando los Apóstoles inspirados por el Cielo hablaban diversas lenguas, e invocando el nombre de Jesús obraban estupendos milagros, muchos santos varones siguiendo la vida y el espíritu de Elías y Eliseo, y preparados por la predicación del Bautista, abrazaron en seguida la fe evangélica, comenzaron con singular afecto a la Santísima Virgen, a venerarla de tal modo, que por primera vez en el mundo la consagraron una capilla en aquel mismo lugar donde Elías había visto levantarse la misteriosa nubecilla, imagen de María... por lo cual comenzaron a llamarse Hermanos de la Virgen del Carmelo.»


Con esto la Iglesia parece confirmar la tradición ya admitida por varios Pontífices en sus Bulas, de que los Carmelitas..., esto es, aquellos descendientes de los profetas que vivían en el Carmelo, practicando una vida de pobreza, oración y mortificación... honraban ya a la Santísima Virgen aun antes de que Ella viniera a este mundo... y que, así como esperaban y honraban a Jesús aún antes de su encarnación y nacimiento, esperaban y honraban a la par a su Madre benditísima.

Fácil es, según eso, suponer el cariño y amor con que la Virgen miraría a aquella comunidad que tan prontamente había comenzado a honrarla..., y cómo seguirá mirando, del mismo modo, a los que continúan esta tan venerable y antigua tradición.


Resulta, por lo tanto, de la misma:

a) que la devoción a la Virgen del Carmen es la más antigua de todas las que después se habían de multiplicar a través de los siglos para satisfacer el amor que a la Santísima Virgen siempre han profesado las almas fervorosas;

b) que los primeros Carmelitas, como premio de esta devoción, recibieron la gracia del bautismo de Juan y después el de Cristo, contribuyendo de este modo a extender y propagar desde sus mismos comienzos la Iglesia Católica;

c) que es realmente sorprendente el que a pesar de su antigüedad no haya envejecido esta devoción, antes bien, con el tiempo ha ido creciendo y aumentando sin cesar;

d) lo cual bien claramente indica que la Santísima Virgen mira con singular gusto este título del Carmelo y que desea en él ser honrada especialísimamente.


Contempla estas razones y mira si no son suficientes para lanzarte de lleno al amor a la Virgen del Carmen... y piensa si efectivamente así la has amado hasta ahora.





2.° Título de amor.


— Pero quizá más te convenza y más te incite a este amor el ver en este título del Carmen una prueba singularísima del amor de María a sus devotos. Podemos concretar la prueba de este amor en el Santo Escapulario.

El Escapulario es el vestido de la Virgen que amorosísimamente se digna Ella traer del Cielo y regalársele a sus hijos. Siempre fue el regalo del vestido considerado en las Sagradas Escrituras como símbolo de amor... Jacob amaba con predilección a su hijo José. y para manifestarle este amor le regaló una túnica tejida de varios colores... Ana amaba con cariño de madre a su hijo Samuel y todos los años, como señal de amor, le llevaba al templo un vestido nuevo... Jonatán amaba con delirio a David y por eso un día no sólo le regaló su arco y su espada, sino su misma túnica y cambia con él los vestidos que llevaba... y ¿no vemos diariamente con qué cariño las buenas madres gozan de hacer o preparar por sí mismas los vestiditos que a sus hijos han de poner?...

¿No nos dice la tradición esto mismo de la Santísima Virgen, que no quiso que otras manos sino las suyas purísimas tejieran aquella túnica inconsútil que su Hijo había de vestir hasta la Cruz?... Pues mira ahora el Santo Escapulario y al verle como un vestido que la Virgen te regala, trata de apreciar el amor maternal que en él ha encerrado tu querida Madre.


Recuerda cómo Rebeca vistió con los vestidos de Esaú a su hijo Jacob para que así consiguiera las bendiciones de Isaac..., pues ¿cuánto mejor conseguirá las bendiciones de Dios el que se vista con el vestido de la Virgen?... Porque fíjate bien, que el hábito del Carmen es el vestido de María... no sólo porque Ella nos le dio..., sino porque Ella misma le vestía cuando se aparecieron a San Simón Stock... ¡Qué dulce pensamiento pensar que nuestra Madre quiere despojarnos de nuestro vestido..., el nuestro..., el del amor propio..., el de las pasiones..., el de las tibiezas..., el del pecado..., y revestirnos del suyo...: el de la blancura..., el de la pureza..., el de la santidad!

¿Quién no querrá dejar gustosamente sus propios harapos para adornarse con este vestido de hermosura incomparable?

Es natural que los hijos de familias nobles, de los grandes y príncipes se distingan por la riqueza y esplendor de sus vestidos..., pues así ha querido la Virgen que sus hijos se distingan por el escapulario... Así le dijo a San Simón:

   «Recibe, amado hijo, este escapulario como signo de confraternidad» ... Fíjate bien, es «signo de confraternidad» ..., luego también lo es de maternidad; si somos hermanos... luego somos hijos de la misma Madre...y la señal y el distintivo de tales... ¡el bendito escapulario!... ¡cuánto lo debes amar!... ¿lo has amado así siempre?, ¿has visto en él esta delicadeza del amor maternal de la Santísima Virgen?... y sobre todo, ¿has tratado de corresponder a esa delicadeza amorosa como te lo pedía y exigía tu agradecido corazón?...





3.° Sus Privilegios.


— Y esto debía bastar ciertamente..., pero para estimularte aún más a la devoción de la Virgen del Carmen y a su santo escapulario, recorrer brevísimamente algo de lo muchísimo que sobre sus privilegios se puede decir y meditar... y verás cómo hasta por conveniencia..., hasta por santo egoísmo, no podrás menos de apreciarle en lo que vale... Recordemos las palabras de la Virgen al hacer la entrega del mismo.

a)    Ecce salus in periculis. Es el escudo fortísimo contra todas las asechanzas de los enemigos... y la salvaguardia segura de toda clase de peligros.

— Antiguamente los guerreros iban a las batallas cubiertos de cotas de malla acerada y embrazando escudos donde todos los dardos enemigos se estrellarán... y si hoy ya han caído en desuso estos medios de defensa, es por la inutilidad ante los medios de ataque tan mortíferos y poderosos que existen.

— Pues bien, el escapulario es el escudo que no pierde su eficacia... ni cae en desuso... y eso, aunque los enemigos inventen nuevos modos de ataque... él será la barrera infranqueable para todas las asechanzas de Satanás... «No puedo nada con esa persona», se ha visto obligado más de una vez a confesar el demonio, porque lleva el escapulario..., «no puedo ni acercarme a ella...; arrancádselo y será mía» ... Piensa si más de una vez el demonio no habrá podido repetir esas palabras contigo... y por tanto cómo debes apretar el escapulario contra tu corazón.


b)  Ecce foedus pacis et pacti sempiterni.

— Es, además, prenda de paz y de alianza eterna.
— Parece recordarnos estas palabras las que dijo el Señor cuando extendió el Arco Iris sobre las nubes del Cielo después del Diluvio... María es este arco iris de paz y de reconciliación entre Dios y los hombres... y este oficio suyo nos quiere recordar con su escapulario, como si quisiera decirnos...: «no temáis, que yo soy la nubecita del Carmelo que se interpone entre Dios y los hombres... como las nubes entre el sol y la tierra... y si Dios quiere descargar sus iras, yo templaré sus ardores... como las nubes los del sol... y yo os regalaré con la lluvia fecundante de la gracia, como las nubes con sus aguas refrescan y fecundizan la tierra... y como señal externa de que así es... y para que nunca lo olvides, ahí tenéis mi escapulario.»

c)  Pero sobre todo es Signum salutis

— prenda segura de salvación

«Todo el que, vista el santo escapulario por singular privilegio, no caerá a la hora de la muerte en el fuego eterno.»

— Estas son sus palabras, que no necesitan comentario..., pero que debes meditarlas despacio y saborearlas a placer. Piensa en aquel momento del que depende la eternidad..., en el que tú solo..., sin ayuda de nada ni de nadie te has de ver, para jugarte eternamente tu dicha o tu desgracia... y mira la seguridad, no ya sólo la esperanza, que te da la Santísima Virgen para aquel instante, si sabes llevar el escapulario.





4.° Saberlo llevar.


— Porque eso sí... hay que saber llevar el escapulario...; no olvides que no es un amuleto, o un talismán... ni menos un salvoconducto para pecar más fácilmente, creyendo que con sólo llevarle ya irás al Cielo.

— El escapulario según el Beato La Colombiére y S. Antonio Claret, es una ayuda muy grande..., más grande y más segura que en otras devociones, pero nada más.
Por eso se ha de llevar no sólo exteriormente sobre el pecho..., sino interiormente en el corazón.

San Antonio María Claret llega a afirmar que a los que abusen del escapulario la Santísima Virgen..., como ya lo ha hecho en algunos casos..., hará que a última hora se lo quiten y mueran sin él.

— Teme, pues, el abusar de este modo de una prueba tan singular de amor de tu Madre y más bien prométela vestir su uniforme con honra..., es decir, honrándote tú de llevarle... y honrándola a Ella al llevarle.

San Buenaventura exclama: «Revestíos de María los que de veras la amáis... y entonces sí, cuando el escapulario sea eso, una manifestación exterior del amor interior que tienes a tu Madre... podrás esperar de Ella las gracias y los frutos riquísimos que en el mismo quiso acumular.

Gracias para evitar el pecado..., el infierno..., la muerte eterna... el mismo purgatorio.

No termines sin hacer un examen de tu vida en relación con lo que te pide el escapulario: vida de austeridad..., de pureza..., de fervor..., de amor.


Pide a la Santísima Virgen que con su vestido externo te dé el interno de sus virtudes y gracias con el que te parezcas en todo a tu Madre y Virgen bendita del Carmelo.



ILDEFONSO RODRÍGUEZ VILLAR.

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