miércoles, 13 de agosto de 2025

LA VIRGEN DEL OLVIDO, TRIUNFO Y MISERICORDIAS. —13 de agosto.

 


Por Javier Paredes Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá.

 

Madrid, 13 de mayo de 1831, la Santísima Virgen se aparece a una monja jovencísima de veinte años en el madrileño convento de Caballero de Gracia. La monja se llamaba Sor Patrocinio y mantiene con la Reina del Cielo la siguiente conversación:

 

—Señora y Reina mía, ¿no veis la España; no veis los males que nos afligen?

 

—Hija mía, los veo; pero no puede mi amor ser más benéfico para con los hombres. Ellos se olvidan de mí y retiran las misericordias; y por esto, a esta imagen le darás el título misterioso del Olvido; para darles a entender, que me han olvidado; pero yo que soy vuestra tierna y amorosa madre, quiero poner a vista de todos los mortales en esta imagen mía, que jamás mis misericordias se apartan de ellos.

 

Y, efectivamente, tras manifestarse como una tierna y amorosa madre, la Santísima Virgen le entrega una imagen para que se venere bajo la advocación de la Virgen del Olvido Triunfo y Misericordias.



Inmediatamente se envían informes a Roma, y el papa Gregorio XVI autoriza el culto. Los madrileños acuden al convento del Caballero de Gracia y a partir de 1833 aparecen las noticias en El Diario de Avisos de Madrid de los cultos que allí se celebran, porque Madrid se ha convertido en un centro de devoción mariana.

 

Tales manifestaciones públicas de fe resultan intolerables para el gobierno liberal que impone en España un laicismo sectario, dictado desde las logias masónicas a las que pertenecen los elementos dirigentes de los partidos políticos, que entonces se llaman partido moderado y partido exaltado. Y entre ellos destaca Salustiano Olózaga que propone que su partido deje de llamarse exaltado para denominarse “partido progresista”.

 

Así suena mejor; sin duda. Salustiano Olózaga es listo como pocos, pero también malo como un diablo y un cobarde, porque se esconde detrás los fusiles de la Milicia Urbana para satisfacer sus más bajos instintos. El 9 de noviembre de 1836 saca del convento a Sor Patrocinio acusándola de alta traición porque dice que apoya al carlismo en plena guerra civil. En aquellas circunstancias, por menos se fusilaba a la gente, pero Olózaga ni siquiera la trasladará a la cárcel, retiene a Sor Patrocinio en una casa de mala fama que regenta Manuela Peirote. Sin embargo, Sor Patrocinio no cede y por gracia extraordinaria no le va a poder tocar ni el borde de su hábito. Y como el sucio deseo incumplido del cobarde se transforma en venganza, Sor Patrocinio es condenada injustamente a un destierro de más de nueve años por no haber hecho nada, la comunidad de Caballero de Gracia al completo es expulsada del convento, el Estado se apropia del edificio y se vende en una subasta.

 

Son los años de la desamortización de Mendizábal, esa iniciativa política que definió Menéndez Pelayo como “un inmenso latrocinio”, a lo que hay que añadir que además fue una gigantesca mentira que se transmite hasta el día de hoy en los siguientes términos: la desamortización fue la puesta en explotación de unos bienes improductivos, de manos muertas, para generar riqueza en España, para lo que fue necesario trasladar la propiedad desde las instituciones clericales a manos particulares… Cuando en realidad fue una medida sectaria para despojar a la Iglesia de su patrimonio y repartírselo entre unos cuantos ricachones sin escrúpulos.

 

Las disposiciones desamortizadoras eran esencialmente sectarias, de manera que, entre otras, obligaban a los comparadores de los monasterios que, en caso de no derribarlos, si mantenían en pie los edificios para destinarlos a otros usos, tenían que echar al suelo las campanas y quitar de las fachadas cualquier elemento religioso que recordara el uso anterior que había tenido ese edificio Madrid y septiembre de 1836. Saquean el convento del Caballero de Gracia, arrebatan todas sus pertenencias y el Estado se apropia de la iglesia y del edificio conventual, 34.027 pies cuadrados, que se los entrega a precio de ganga a un francés que se llama Pedro Adolfo Deville en el mes de enero de 1838. Pero Deville solo es un subalterno que, a cambio de unos miles de reales, le da el pase al convento para que se apropien de él los ricos de verdad. Meses después de adquirirlo Deville traspasa la propiedad y aparece Gaspar Remisa, la mayor fortuna de España junto con la del marqués de Salamanca, que le compra una parte.

 


Cuando el marqués de Remisa hace esta operación ya está entrado en años y le quedan menos de cinco para ir a la tumba, pero para proseguir los negocios ya están dispuestos los maridos de sus dos hijas. La mayor, María Dolores Remisa, está casada con Jesús Muñoz, el hermano de Don Fernando Muñoz, duque de Riánsares y marido de la viuda de Fernando VII, la reina María Cristina, que convirtieron el domicilio conyugal en una gestoría de negocios, prototipo de la corrupción decimonónica. Y la otra hija de Gaspar Remisa, María Concepción, tampoco estaba mal casada, su marido se llamaba Segismundo Moret, que lo fue todo en política: diputado, presidente del Congreso, en diferentes gabinetes ministro de Ultramar, Hacienda, Gobernación, Estado, Fomento, presidente del Consejo de Ministro y masón, uno de los más importantes de los que ha catalogado Ferrer Benimeli.

 

A la vuelta del primer destierro en 1844, Sor Patrocinio se incorpora a su comunidad que estaba en el convento de la Latina. Seguía siendo abadesa la madre Pilar a la que, tras su muerte en 1849, sucede en el cargo Sor Patrocinio. Pocos años después, Sor Patrocinio marcha con diez monjas a fundar a Torrelaguna y la comunidad del Caballero de Gracia sigue su curso, residiendo de convento en convento hasta encontrar la actual morada de la calle de Blasco de Garay de Madrid, y por eso esa comunidad se puede denominar con toda propiedad Comunidad del Caballero de Gracia, ya que su nombre canónico no se usó ni en los documentos notariales ni entre las gentes del pueblo. Se le llamó siempre “Convento del Caballero de Gracia”. Y puestos a encontrar una prueba de identificación, ninguna mejor que la del nombre canónico: monasterio de San José, de Jesús y María, el mismo que tenía el del convento que derribaron los sectarios en 1838 es el del que se levanta hoy en la calle Blasco de Garay de Madrid.


En definitiva, las dos últimas abadesas de las Concepcionistas que residen ahora en la calle Blasco de Garay, las madres Piedad y Gilma, son las sucesoras en el cargo de Sor Patrocinio. Pero para chasco de los Mendizábal, los Olózaga, los Remisa, los Muñoz o los Moret y sus sucesores ideológicos y enemigos de la Iglesia, que daban por enterrada la devoción a la Virgen del Olvido, resulta que se ha avivado. Nunca se extinguió del todo, pero de ese rescoldo que perduraba desde el derribo del convento en 1838, ha surgido una llama que está poniendo en activo la aparición de la Virgen del Olvido, porque hay quien se niega a desperdiciar tantas gracias como nos trae la Virgen bajo esa advocación tan bella: Olvido, Triunfo y Misericordias.

lunes, 4 de agosto de 2025

NUESTRA SEÑORA de las NIEVES. — 5 de agosto.

 




  Celebra la santa Iglesia la fiesta de nuestra Señora de las Nieves el 5 de agosto por la razón que aquí diremos.

   Siendo sumo pontífice Liberio, hubo en Roma un caballero muy noble y rico, llamado Juan patricio, el cual estaba casado con una señora principal e igual suyo en todo, de la cual al cabo de muchos años no tenía hijos; y aunque los deseaban mucho estos caballeros, pero como eran tan temerosos de Dios como ricos, y no menos piadosos que ilustres, se conformaban con su voluntad, entendiendo que no darles sucesión era lo que mejor les estaba; pues así lo ordenaba El con su paternal providencia.

   Eran muy devotos de la Virgen María nuestra Señora y determinaron tomarla por heredera de sus grandes riquezas; y para acertar mejor a servirla, hicieron grandes plegarias, limosnas y buenas obras, suplicándole que los encaminase y mostrase en qué obra quería que ellos gastasen su hacienda en su servicio.


   Oyó la Reina del cielo las oraciones que con tanto afecto Juan Patricio y su mujer le hacían, y una noche, que fue la precedente al quinto día de agosto, cuando los calores son excesivos en Roma, habló entre sueños a los dos, a cada uno de por sí, y les dijo que la mañana siguiente fuesen al collado Esquilino, y que en la parte de él que hallasen cubierta de nieve le edificasen un templo, donde ella fuese honrada de los fieles, y que haciendo esto, se tendría por su heredera y bien servida.

   La mañana siguiente confirieron entre sí los dos buenos casados el sueño o revelación que habían tenido; dieron parte de ello al sumo pontífice Liberio, al cual la Virgen había hecho la misma revelación.


   Se convocó el pueblo, se juntó el clero, y se ordenó una devota procesión.

   Llegados al monte, hallaron cubierto de nieve un espacio muy bastante para una iglesia capaz: se señaló el lugar para ella, y de la hacienda de los caballeros devotos de la Virgen, luego se comenzó a labrar, y se acabó suntuosamente.

   Esta fue la primera iglesia que se edificó en Roma con título y advocación de nuestra Señora.

   Se la llamó al principio Nuestra Señora de las Nieves, más después, como en Roma se hubiesen edificado muchas y muy grandes iglesias de nuestra Señora, dieron a esta de las Nieves título de santa María la Mayor, para mostrar la excelencia que tiene sobre todas las que hay en aquella ciudad; la cual se esmera mucho en honrar a la soberana Señora.

BASÍLICA SANTA MARÍA LA MAYOR

   No es maravilla, pues, que san Gregorio y otros soberanos pontífices mandasen que viniesen en solemne procesión a esta iglesia los fieles de todos los estados y condiciones, que había en Roma, cuando alguna pública calamidad los afligiese.

   Mucho milagro ha obrado el Señor en aquel templo y obra cada día, por intercesión de su purísima Madre, que en aquel lugar santo que ella misma escogió es tan señaladamente y de tantas gentes venerada.



Reflexión: Con este obsequio prestado a la Virgen por aquellos esposos nos enseñó Dios cuan bien empleadas están las haciendas que se gastan en edificar, restaurar y enriquecer los templos, y cuan bien remunera la Reina del cielo los servicios que los fieles le hacen acá en la tierra; demos también nosotros de cuando en cuando alguna limosna para la conservación y mayor esplendor de los templos consagrados a nuestra Señora, la cual, como Reina que es del cielo y de la tierra, recompensará magníficamente nuestros filiales obsequios.




OraciónTe rogamos, Señor Dios, que nos concedas la salud cumplida del alma y del cuerpo; a fin de que, por la intercesión de la gloriosa siempre Virgen María, nos veamos libres de los trabajos presentes y gocemos de la dicha sempiterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




FLOS SANCTORVM


DE LA FAMILIA CRISTIANA


NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES O DEL PESEBRE. —5 de agosto.

 





   Celebra la santa Iglesia la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves el 5 de agosto por la razón que aquí diré:

 

   Siendo sumo pontífice Liberio, hubo en Roma un caballero muy noble y rico, llamado Juan Patricio, el cual estaba casado con una señora principal, o igual suyo en todo, de la cual al cabo de muchos años no tenía hijos: y aunque los deseaban mucho estos caballeros; pero como eran tan temerosos de Dios, como ricos y no menos piadosos que ilustres, se conformaban con su voluntad, entendiendo, que no darles sucesión era lo que mejor les estaba; pues así lo ordenaba él con su paternal providencia. Eran muy devotos de la Virgen María nuestra Señora, y determinaron tomarla por heredera de sus grandes riquezas: y para acertar mejor a servirla, hicieron grandes plegarias, limosnas y buenas obras, suplicándole que los encaminase, y mostrase en que obra quería que ellos gastasen su hacienda en su servicio. Oyó la Reina del cielo las oraciones, que con tanto afecto Juan Patricio y su mujer le hacían; y una noche que fue la precedente al quinto día de agosto, cuando los calores son excesivos en Roma, habló entre sueños a los dos, cada uno por sí, y les dijo, que la mañana siguiente fuesen al collado Ezquilino, y que, en la parte de él, que hallasen cubierta de nieve, le edificasen un templo, donde ella fuese honrada de los fieles, y que haciendo esto, se tendría por su heredera y bien servida. 




   La mañana siguiente confirieron entre sí los dos buenos casados el sueño, o revelación que habían tenido: dieron parte de ello al sumo pontífice Liberio, al cual la Virgen había hecho la misma revelación.

 

  

   Se convocó el pueblo, se juntó el clero, y se ordenó una devota procesión. Llegados al monte, hallaron cubierto de nieve un espacio muy bastante para una iglesia capaz: se señaló el lugar para ella, y de la hacienda de los caballeros devotos de la Virgen, luego se comenzó a labrar, y se acabó suntuosamente. 




   Esta fué la primera Iglesia que se edificó en Roma, con título y advocación de nuestra Señora. Se llamó al principio Nuestra Señora de las Nieves, por el milagro que aquí queda referido; y también la basílica o templo de Liberio, por haber acaecido este milagro en su tiempo, y después se llamó basílica de Sixto, por haber el papa Sixto III de este nombre, sucesor de Celestino, renovado y reedificado aquella iglesia, adornándola con excelentes imágenes y pinturas sagradas. Tuvo asimismo nombre de Santa María del Pesebre, por haberse puesto en una capilla de dicha iglesia el pesebre en que Cristo nuestro Señor, recién nacido, fué reclinado en el portal de Belén: más después como en Roma se hubiesen edificado muchas y muy grandes iglesias de nuestra Señora, dieron a esta de las Nieves título de Santa María la Mayor, para diferencia de las demás y mostrar la excelencia que tiene sobre todas las que hay en aquella ciudad: la cual así como en las demás cosas muestra su gran piedad; así en la devoción de la sacratísima Virgen se esmera mucho, y se aventaja sobre las otras ciudades del mundo: porque cierto es cosa que pone admiración y causa devoción el considerar los muchos y magníficos templos que hay de la Virgen en Roma, y que el clero y casi todas las religiones que hay en ella están debajo de la protección y tutela de la santísima Virgen, y tienen iglesia particular suya para servirla y honrarla: porque dejando aparte las iglesias colegiatas de canónigos seglares, como son las de Santa María Transtiberim, y la de la Rotunda, y la de Santa María in Via Lata, y no hablando de la de Santa María de la Estrada, que es de los padres de la Compañía de Jesús (que es religión de clérigos reglares), y pasando en silencio otras muchas iglesias particulares y de menor nombre; la religión de la Cartuja tiene en Roma por su principal morada, el nuevo templo de Santa María de los Ángeles; la de santo Domingo, el de Nuestra Señora de la Minerva: la de san Francisco, el de Nuestra Señora de Ara Cœli: la de los ermitaños de san Agustín , el de Nuestra Señora de la Paz: la del Carmen, el de Nuestra Señora Transpontina: la del Monte Olivete, el de Nuestra Señora la Nueva: la de los Servitas, el de Santa María in Via: de manera que si bien se mira, todas las religiones están debajo de las alas y amparo de la Virgen , y casi todas tienen en Roma templos (y muchos de ellos muy suntuosos) de su advocación, en los cuales ella es reverenciada, y más particularmente en este de las Nieves, cuya fiesta se celebra hoy: y por esto se llama Santa María la Mayor, y el Señor en ella ha obrado grandes maravillas, por los ruegos de su benditísima Madre. A esta iglesia mandó san Gregorio el Magno, que viniese la solemne procesión de todos los estados y condiciones de gente que había en Roma, cuando aquella cruel y horrible pestilencia la asolaba y destruía: de esta iglesia ordenó Estéfano papa II de este nombre, que saliese otra procesión para aplacar la ira del Señor; y León IV en tiempo de Lotario emperador, con otra procesión que mandó hacer desde la iglesia de San Adriano mártir, a la de Santa María la Mayor, libró la ciudad do Roma de una serpiente cruel y venenosa que la inficionaba. Y san Martin papa, estando celebrando en ella, y queriendo Olimpio, exarco, prenderle o matarle, por orden del emperador, su amo, que era hereje, quedó ciego y no pudo salir con su intento, por no haber permitido la sacratísima Virgen que en aquel templo suyo se cometiese tan gran maldad. Otros muchos milagros ha obrado el Señor en aquel templo, y obra cada día por intercesión de su purísima Madre, la cual preside en él.

 

Santa María la Mayor



   Y con haberlo escogido por morada y tabernáculo suyo, hizo mayor beneficio a Juan Patricio y a su mujer, que si les hubiera alcanzado de Dios hijos, los cuales ya estuvieran acabados, y no hubiera memoria de ellos como ahora la hay, y juntamente con este hecho nos enseñó, cuán bien empleadas son las haciendas que se gastan en edificar, honrar y enriquecer los templos, y cuán bien remunera la Reina del cielo los servicios que los fieles le hacen acá en la tierra.




LA LEYENDA DE ORO—1853.


sábado, 26 de julio de 2025

SANTA ANA, madre de la santísima Virgen. —26 DE JULIO.

 


   
   No se puede formar concepto más noble, más elevado ni más cabal del extraordinario mérito, de las heroicas virtudes y de la sublime santidad de santa Ana, que diciendo fué madre de la Madre de Dios. Esta augusta cualidad comprende todos los honores, excede todos los elogios; y así como el mismo Espíritu Santo no pudo decir cosa mayor de María, que decir que de ella nació Jesús, de qua natus est Jesús, así tampoco es posible elogio más glorioso de santa Ana, que afirmar que de ella nació María.




   Santa Ana, pues, a quien los santos padres apellidan el consuelo de los hijos de Dios, que suspiraban por la venida del Mesías, nació en Belén, de la tribu de Judá, a dos leguas de Jerusalén, llamada comúnmente en el Evangelio Ciudad de David, por haber nacido en ella este monarca. Tuvo por padre á Matan, sacerdote de Belén, de la tribu de Leví y de la familia de Aarón, que entre los judíos era la familia sacerdotal. Su madre se llamó María, de la tribu de Judá, ambos muy recomendables por su nacimiento, por su notoria bondad y por su ejemplar virtud. Tuvieron tres hijas. La primera, que se llamó María como su madre, casó con Cleofás, y fué madre de Santiago el Menor, de san Judas, de san Simeón, sucesor de Santiago, obispo de Jerusalén, y de san José, por sobrenombre Bársabas o el Justo. Estos son aquellos discípulos del Salvador, a quienes el Evangelio llama hermanos suyos, según el estilo común de los judíos; pero no eran más que primos, como hijos de una tía de la santísima Virgen. La segunda hermana de santa Ana fué Sobé, madre de santa Isabel, la cual por consiguiente era prima hermana de la misma Virgen. En fin, la tercera hija de María y de Matan fué santa Ana, destinada por el Señor para dar al mundo aquella de quien había de nacer el Salvador.

   Luego que Ana nació, se reconocieron en ella aquellas especiales y distinguidas gracias que anuncian y forman los grandes santos, habiendo sido todas las delicias de sus padres, cuyo especial amor a esta hija sobre todas las demás pareció tan justo, que nunca causó celos ni emulación en las otras dos hermanas. Se descubrió en ella un fondo de juicio, de prudencia, de modestia y de virtud, con cierto carácter de capacidad y de madurez, que igualmente la hizo amable que admirable. Hechizado el mundo de sus prendas, se dio priesa a ganarla para sí; pero ella miró siempre con desvió todas las cosas del mundo. Su mayor gusto era el retiro, y nunca le halló aun en aquellas inocentes diversiones que son más naturales y más comunes en las niñas de su edad y de su condición. Entregada a la oración, comenzó a gustar de Dios desde sus primeros años, no pensando en otra cosa que en servirle y en agradarle. Por el grande amor que profesaba a la virginidad, virtud tan poco conocida en el mundo antes del nacimiento del Redentor, hubiera pasado su vida en el celibato, a no haberla escogido la divina Providencia para ser la más dichosa de todas las madres. La pretendieron por mujer los más nobles de toda la nación y sus padres escogieron entre todos a Joaquín, que vivía en la ciudad de Nazaret, y era de la real casa de David, con cuyo enlace se unió la familia sacerdotal con la real: circunstancia indispensable para que la Madre del Mesías pudiese nacer de este matrimonio.

   Aquellas mismas virtudes que tanto habían resplandecido en santa Ana siendo soltera, brillaron con nuevo resplandor en ella cuando se vio esposa del hombre más santo que se conocía en el mundo a la sazón. No hubo matrimonio más feliz: en ambos esposos reinaban las mismas inclinaciones, el mismo amor a la virtud, la misma inocencia y la misma pureza de costumbres; porque la misma mano que había formado aquellos dos corazones, los unió con el dulce vinculo del mas casto y del más perfecto amor; y aquel mismo espíritu (dice san Juan Damasceno) que con el tiempo debía animar a los cristianos, anticipaba en la persona de los dos santos esposos el más ajustado modelo de la vida perfecta e interior. Joaquín en el monte (dice san Epifanio) ofrecía incesantes oraciones y sacrificios al cielo para acelerar la redención de Israel; y Ana en el retiro de su casa se sacrificaba continuamente al Señor en el fervor de su oración. Cuando se dejaba ver en público, edificaba a todos; su compostura, su modestia, sus palabras inspiraban admiración de su virtud y respeto a su persona. Por su gran caridad consideraba a los pobres como a hijos suyos; y cuando se acordaba de que era estéril, se consolaba con que tenía tantos hijos como pobres. No correspondían los bienes temporales a la nobleza de su calidad ni de su sangre, pero suplía la caridad a la medianía de su fortuna. Le bastaba a cualquiera ser pobre o estar afligido, para que, acudiendo a ella como á madre, fuese considerado con derecho a lo que ella tenía.




   Parece que el Espíritu Santo hizo el retrato de santa Ana en el que formó de la mujer fuerte y perfecta que no tiene precio. Lo que no admite duda es, que esta gran santa nos dejó el modelo más perfecto que tenemos de la vida interior y escondida, con un compendio de las más raras virtudes.

   Hacía más de cuarenta años que estaba casada santa Ana sin haber tenido sucesión, esterilidad que entre los judíos se reputaba por cierta especie de oprobio, con alguna nota de infamia, porque, asegurados de que el Mesías había de nacer de una mujer de la nación, consideraban en las infecundas uno como linaje de reprobación o de maldición de la familia. Vivía santa Ana en esta triste humillación, sin esperanza de salir de ella a causa de su avanzada edad. Llevaba, a la verdad, con paciencia las amarguras de su estado por su rendimiento a la voluntad de Dios; mas no por eso dejaba de mirar con una santa envidia a aquellas dichosas mujeres que algún dia habían de tener afinidad con el deseado Mesías.

   Estando en esta disposición, y haciendo un dia oración en el templo con extraordinario fervor, se le ofreció con tanta viveza la idea de su ignominia, que no pudo contener las lágrimas: y acordándose de que Ana, mujer de Elcana y madre de Samuel, callándose en las mismas circunstancias había clamado al Señor con tanta confianza, que al fin fue bien despachada su petición; animada Ana con el mismo espíritu, pidió fervorosamente a Dios se dignase mirar con ojos favorables a su humilde sierva, y se compadeciese de su extrema aflicción; ofreciéndole que, si la hacia la merced de concederle algún fruto, se le consagraría inmediatamente, destinándole al templo para su santo servicio.



   Oyó benignamente el Señor una petición que el mismo había inspirado. Se asegura que en el mismo punto tuvo Ana revelación del feliz despacho, y que también le fué revelado a Joaquín por el ministerio de un ángel. Lo cierto es que pocos días después se vio libre de la ignominia de su esterilidad, sintiéndose en cinta de la santísima Virgen. Se llenó el cielo de admiración y de alegría viendo en la tierra aquella dichosísima criatura concebida sin pecado, y más agradable a los ojos de Dios en el primer instante de su concepción, que todos los santos juntos en el último momento de su vida. Y si en el mismo punto que san Juan fué santificado en el vientre de su madre, resaltó tanto en santa Isabel la santidad del hijo, fácilmente se dejan discurrir los tesoros de bendiciones y la abundancia de gracias que la santísima Virgen mereció para su santa madre en el instante de su concepción. Siendo depositaría de este precioso tesoro por espacio de nueve meses, ¡de cuántos favores celestiales seria enriquecida santa Ana! ¡que luces sobrenaturales no la iluminarían! ¡que fervorosos afectos no inflamarían su corazón mientras llevaba en su vientre a la que había de llevar en el suyo al Salvador del mundo! Desde entonces fué la vida de santa Ana una contemplación continua, y su conversación únicamente en el cielo, desde entonces inundaron su alma aquellos torrentes de consuelos espirituales, que son como la prueba de los gozos de la gloria.




   Fué el colmo de este gozo el nacimiento de la bienaventurada Hija; se comunicó a la familia la alegría del cielo, y fué como presagio de lo que aquella Niña había de ser. Si el árbol se conoce por sus frutos, exclama san Juan Damasceno, ¡qué concepto no debemos formar de vuestra inocencia y de vuestra sublime virtud, o gloriosos esposos Joaquín y Ana! Era preciso que la santidad de vuestra vida correspondiese a la santidad de la hija que disteis a luz, y que habia de ser madre del santo de los santos; porque, siendo vuestra vida pura, inocente y ejemplar, tuvisteis la dicha de engendrar al tesoro de la virginidad.  

   Luego que santa Ana convaleció de su parto, se aplicó únicamente a conservar y a cuidar del precioso tesoro, cuyo depósito le había el Señor confiado. ¡O madre la más dichosa de todas las madres, vuelve a exclamar el mismo santo, qué mayor gloria para ti, que dar el pecho a la que con la leche del suyo había de alimentar al que sustenta todo el universo! Fáciles son de comprender los desvelos, la solicitud y la ternura con que criaría santa Ana a su querida Hija; bien presto conoció que la gracia nada había dejado que hacer a la educación. Aquel entendimiento iluminado con las más puras y más penetrantes luces, aquel corazón dulce, humilde, dócil, formado para la más elevada santidad; aquella alma que por singularísimo privilegio no había contraído ni aun el pecado original, común a todos los hombres, con todo el conjunto de prendas y de gracias que se unían en aquella purísima criatura, ¿cómo podían menos de ser las delicias de su dichosa madre? Mas al fin, era menester separarse de ella en cierto modo, para cumplir el voto que había hecho; y así, luego que cumplió la Virgen los tres años, aunque eran tan estrechos los vínculos que unían aquellos dos corazones, fue forzoso hacer el sacrificio. Había ofrecido a Dios santa Ana consagrarle en el templo el fruto que le diese, y llegado el tiempo de cumplir su promesa, la cumplió. Condujo ella misma a su querida Hija al templo de Jerusalén, como lo había ofrecido antes que naciese, y entregándosela al sacerdote, consagró a Dios aquella criatura que tan singularmente había nacido para solo él. Hasta entonces no había visto el templo ofrenda tan preciosa, ni víctima tan pura. Fué desde luego recibida la santísima Niña para el ministerio del templo, y colocada entre las vírgenes y las viudas que vivían dentro, o inmediatas a él en un cuarto separado, para servir en sus correspondientes oficios bajo las órdenes de los sacerdotes.




   No pudiendo santa Ana y san Joaquín alejarse de una Hija tan querida, que era todo su consuelo, se fueron también a vivir en Jerusalén en una casa cercana al mismo templo. San Joaquín sobrevivió poco al sacrificio que habían hecho de su Hija, y se dice que pocos días después murió dulcemente entre los brazos de santa Ana, lleno de días y de merecimientos, a los ochenta años de su edad. Los que restaron de vida a nuestra santa los pasó en mayor retiro y con mucho aumento de fervor, siendo su vida una continua oración. Abrasado su corazón con las puras llamas del amor divino, solo suspiraba por el único objeto de sus ansias que era su Dios, su soberano bien y su último fin. Llegóse el de su santa vida, y habiendo tenido el consuelo de ver crecer a su amada Hija en sabiduría, en virtud y en lodo genero de perfecciones, al paso que iba creciendo en edad, entrego suavemente el alma a su Criador a los setenta y nueve años de su edad, y fué enterrada junto a su esposo san Joaquín. Llama la Iglesia dulce sueño a la muerte de santa Ana, para dar a entender la tranquilidad con que espiró.

   Muchos años después trasladaron los fieles sus reliquias a la iglesia del sepulcro de la Virgen en el valle de Josafat, donde aún hoy se halla el de santa Ana en una capilla.




   La ciudad de Apt en Provenza, tan célebre por su antigüedad, y hecha colonia romana por Julio César, se gloria de poseer muchos años el cuerpo de santa Ana, que san Auspicio, su primer obispo, trajo de Oriente, y en el año de 772 trasladó a la catedral el obispo Magnerico. El gran concurso de peregrinos que la devoción a esta gran santa atrae de todas partes a venerar su sepulcro, y las singulares gracias que se reciben en él por su poderosa intercesión, acreditan visiblemente lo mucho que puede con Dios, y cuán grata le es la piedad de los que acuden a honrar reverentemente sus reliquias.



AÑO CRISTIANO
ó
EJERCICIOS DEVOTOS
PARA TODOS LOS DÍAS DEL AÑO.

POR EL P. J. CROISSET, DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

miércoles, 16 de julio de 2025

Nuestra Señora del Carmen o del Santo Escapulario. —16 de julio.

 


   Celebra en este día la santa Iglesia la festividad de nuestra señora llamada del Carmen o del Monte Carmelo, porque de aquel santo monte, desde donde vio el profeta Elias aquella nubecilla maravillosa, que era figura de la Virgen santísima, trae su nombre la religión carmelitana, a la cual enriqueció la Reina de los cielos con la vestidura del santo Escapulario, que desde entonces acá ha sido la librea, el escudo y prenda de salud de todos sus fieles devotos.





   Se refiere, en las crónicas que ya desde los tiempos apostólicos muchos santos hombres se juntaron en la soledad del Carmelo para celebrar la gloria del Señor y dar culto especial a su Madre santísima, más cuando los sectarios del falso profeta Mahoma hicieron grande estrago en aquellas regiones, los solitarios hubieron de ocultarse en las cavernas, donde moraron hasta que los ejércitos de las Cruzadas pasaron a la Tierra Santa y persuadieron a aquellos devotos siervos de la Virgen que viniesen a las tierras de Europa; y hacia la mitad del siglo XIII, vinieron algunos de ellos en compañía de san Luis rey de Francia, quedándose unos en cierta ermita que está a una legua de Marsella, y embarcándose otros con rumbo a Inglaterra, a donde el Señor les guiaba.

   Allí les habló y conoció por divina revelación el admirable Simón Stock, el cual, habiendo abrazado el instituto de aquellos santísimos religiosos carmelitas, partió a Jerusalén, visitó con los pies descalzos los santos lugares, y se detuvo seis años en el Monte Carmelo, donde se dice que la Virgen le sustentó milagrosamente.




   Volviendo a su patria fué nombrado por voz común de todos sus hermanos, Superior general de la orden, y entonces se le apareció la gloriosa Reina de los cielos con majestad, acompañada de coros angélicos, y llevando en la mano un escapulario, que entregó al santo, diciéndole con muy blandas y amorosas palabras:

   «Toma, querido hijo, este escapulario de tu orden, como insignia de mi cofradía, y privilegio singular para ti y tus carmelitas; es una señal de predestinación y alianza de paz y pacto sempiterno: los que con él murieren no padecerán el fuego eternal».

   Apenas se publicó en el mundo tan provechosa devoción y tan rica prenda, los reyes y los pueblos se vistieron a porfía del sagrado escapulario y se alistaron en la cofradía de la Virgen del Carmen, los sumos pontífices la aprobaron y colmaron de alabanzas e indulgencias, y la misma Reina de los cielos la autorizó con estupendos y soberanos prodigios, librando a sus devotos de innumerables peligros del cuerpo y del alma.


ReflexiónEs, pues, el Santo Escapulario del Carmen la librea de los verdaderos hijos de la Virgen; es una prenda de eterna vida, y conforme se dice en el decreto del papa Paulo V, pueden los fieles piadosamente creer que todos los cofrades del Carmen, que religiosamente cumplen sus obligaciones, y mueren en gracia de Dios, adornados con el santo escapulario, si han de pasar por el purgatorio, experimentan allí el singular patrocinio dé la Virgen santísima, especialmente el día sábado, que a su culto tiene consagrado la Iglesia.




   No dejes pues de llevar el santo escapulario, que será para ti escudo soberano contra los enemigos visibles e invisibles, y al armarte con él, piensa que es un regalo que te hace la Virgen, y una prenda de eterna salvación.


Oración¡Oh Dios! que honraste la orden del Monte Carmelo con el título especial de tu Madre bienaventurada la Virgen María, concédenos benigno, que, amparados con la protección de esta soberana Señora, cuya memoria tan solemnemente celebramos, merezcamos llegar a los eternos gozos de la gloria. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

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