martes, 22 de agosto de 2017

Rezo del Santo Rosario: día martes.


Pedimos hoy muchísimas bendiciones a Nuestra Madre Santísima.

Nuestras peticiones de hoy son:

ü Por la conversión de los pecadores y la nuestra.
ü En reparación de las injurias cometidas contra el Inmaculado Corazón de María.
ü En reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Nuestro Señor Jesús es ofendido constantemente.
ü Por nuestros sacerdotes y acólitos.
ü Por muchas familias católicas.
ü Por los enfermos y por las personas que lo cuidan.
ü Por nuestros grupos católicos que son constantemente cerrados.
ü Por nosotros y nuestros pedidos personales…
ü Hoy: El Corazón Inmaculado de María. Santo: San Sinforiano, mártir.
    


MISTERIO DOLOROSO


1.  La Agonía de Nuestro Señor en el Huerto de Getsemaní. Fruto: La contrición por nuestros pecados.
2.  La Flagelación de Jesús atado en la columna. Fruto: La mortificación del cuerpo y el espíritu de penitencia.
3.  La Coronación de espinas. Fruto: La mortificación del orgullo y del amor propio.
4.  Jesús lleva la cruz a cuestas. Fruto: La paciencia en las dificultades.
5.  La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor. Fruto: El don de uno mismo para la obra de la Redención.


                          


martes, 15 de agosto de 2017

LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA. — 15 de agosto


   
   Subió Cristo nuestro Salvador a los cielos, y dejó a su vendidísima Madre y Señora nuestra en la tierra, para que en ausencia de aquel sol de justicia, brillase ella como luna de serenos resplandores en medio de la primitiva cristiandad; y enseñase a los apóstoles, instruyese a los Evangelistas, esforzase a los mártires, alentase a los confesores y encendiese en el amor de la pureza a las vírgenes, y a todos consolase y ayudase con su ejemplo y magisterio. Quince años sobrevivió nuestra Señora a su Hijo bendito, observando, como dicen los santos padres, con gran perfección los consejos evangélicos, obedeciendo a lo que san Pedro como vicario de Cristo ordenaba, frecuentando los sagrados lugares donde se habían obrado los misterios de nuestra Redención, comulgando cada día de mano del discípulo amado san Juan, a quien Jesús la había encomendado. Dice san Dionisio que la vio y trató, que «resplandecía en ella una divinidad tan grande, que si la fe no lo corrigiera, pensaran todos que era Dios, como lo era su Hijo.» Aunque el Señor la preservó de la culpa original, no quiso preservarla de la muerte del cuerpo, para que en esto imitase a Jesús, y para que mereciese mucho, venciendo la natural repugnancia que tiene la carne a morir, y se compadeciese de los que mueren, como quien pasó por aquel trance, ya que había de ser nuestra abogada en la hora de la muerte. Es pía tradición que asistieron a su dichoso tránsito los santos apóstoles con Hieroteo, Timoteo, Dionisio Areopagita, y otros varones apostólicos que con velas encendidas rodeaban el lecho de la Virgen; y que en habiendo expirado, no por dolencia alguna, sino por enfermedad de amor y deseo de ver y abrazar a su divino Hijo glorioso; sepultaron honoríficamente su inmaculado cuerpo en el Huerto de Getsemaní, con muchas flores, ungüentos olorosos y especies aromáticas. Mas no era conveniente que aquella verdadera arca del Testamento padeciese corrupción, y así se cree que los tres días resucitó la Madre, como había resucitado su Hijo unigénito, el cual la vistió de inmortalidad y de claridad y hermosura sobre todo lo que se puede explicar y comprender, y la llevó sobre las alas de los querubines, en triunfal procesión hasta lo más alto del cielo, y hasta el trono de la santísima Trinidad. Allí fue coronada por las tres Personas divinas, con inefable gloria y regocijo de todas las jerarquías y coros celestiales. La coronó el Padre con diadema de Potestad, el Hijo con corona de Sabiduría, el Espíritu Santo con corona de Caridad. Allí fue aclamada por soberana Princesa de los ángeles, arcángeles, tronos, dominaciones, potestades, querubines y serafines, y por Reina de los apóstoles, de los mártires, de los confesores, de las vírgenes, y de todos los santos: y finalmente allí fue constituida Emperatriz del universo, y Reina soberana de todas las criaturas.

    Reflexión: Creyendo, pues, ahora con viva fe, que esta excelsa Señora tan encumbrada y gloriosa no sólo es Madre de Dios, sino también Madre adoptiva nuestra, Reina de misericordia y dulcísima Abogada de los pecadores, acudamos todos los días a ella con gran confianza en su maternal bondad, suplicándole que no nos deje de su mano, a fin de que por su poderosa intercesión alcancemos seguramente la vida y gloria eterna.

   Oración: Te suplicamos, Señor, que perdones a tus siervos los pecados de que son reos, para que ya que no podemos agradaros por nuestras obras, seamos salvos por la intercesión de la santa Madre de vuestro Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina por todos los siglos de los siglos. Amén.




FLOS SANCTORVM


                                            DE LA FAMILIA CRISTIANA



lunes, 7 de agosto de 2017

SAN CAYETANO, fundador. — 7 de agosto (+ 1547)



   El seráfico y apostólico sacerdote san Cayetano, fundador de la orden de los Clérigos regulares, llamados Teatinos, nació en la ciudad de Vicencia, del señorío de Venecia, de padres no menos ilustres por su piedad que por su nobleza. Resplandeció en él, desde su temprana edad, un señalado amor a la pureza, a la caridad, y a la piedad con Dios y su Madre santísima; e hizo tales progresos en las ciencias y virtudes, que se ganó mucha estimación con los príncipes y prelados y con el papa Julio II, el cual le honró con la dignidad de protonotario apostólico. Pero mayor fue la honra que recibió de la soberana Reina de los cielos, la cual, en recompensa de la devoción que el santo le tenía, se le apareció llena de claridad y hermosura, y le regaló poniéndole su divino hijo en los brazos. Había entrado el santo en la Cofradía del Divino Amor que estaba instituida en Roma, y pasando a Vicencia la estableció en aquella ciudad, y prendió después el fuego de su amor divino en Venecia, Verona y otras ciudades, en las cuales le llamaban con razón serafín en el altar, y apóstol en el pulpito. Volviendo a Roma determinó fundar una religión de clérigos regulares, que con sus letras, y su modestia y santa vida, honrasen mucho a la Iglesia de Dios y la proveyesen de santos prelados, y confundiesen a los herejes. Favorecieron los intentos del santo varias personas muy distinguidas, que andaban en los mismos deseos, especialmente Pedro Carafa, y el papa Clemente VII, el cual aprobó la nueva religión, que se llamó de los Teatinos por haber sido su primer superior don Juan Pedro Carafa, que a la sazón era obispo de Teati, y después fue sumo pontífice con nombre de Paulo IV. Se vio el santo muy maltratado y preso con sus religiosos en un saqueo de Roma; mas nunca fueron tantas las penas que le hicieron sufrir los soldados herejes, como las que deseaba padecer por amor de Jesucristo; el cual una vez se le apareció y le convidó a poner sus labios en la llaga del costado para que gustase la inefable suavidad de su amor divino. Dice la Sagrada Rota que los resplandores de las virtudes con que fue adornado san Cayetano, como de una preciosa vestidura, le acompañaron desde la cuna hasta el sepulcro. Le ocasionaron su última enfermedad los alborotos suscitados en Nápoles (en 1547) por las resistencias que hicieron los enemigos de Dios y de la Iglesia para estorbar que se estableciese allí el santo tribunal de la Inquisición: y como el médico le ordenase que moderando sus penitencias;se acostase en cama blanda y regalada, dijo el santo: Si mi Jesús murió en el duro leño de la cruz, dejadme morir siquiera en un lecho de paja. Finalmente, recibidos los santos sacramentos, tuvo un éxtasis maravilloso en que se le apareció la serenísima Virgen acompañada de ángeles que llevaron aquella alma santísima a la patria celestial.

Reflexión: Vean otra vez aquí los sectarios del liberalismo quiénes han sido los amigos y quiénes los enemigos del santo Tribunal de la Inquisición: porque han estado muy bien con él y lo han alabado mucho todos los santos que desde que se fundó, han florecido en la Iglesia; y lo han aborrecido, calumniado y procurado derrocar, todos los impíos, herejes y libertinos. Te ruego, amado lector, que repares en esto para abrir los ojos y ver claramente esta verdad, ya que los malos porfían aún en desfigurarla o encubrirla.

Oración: Oh Dios, que diste al bienaventurado Cayetano tu confesor la gracia de imitar la vida de los apóstoles; concédenos, por su intercesión y ejemplo, la gracia de poner en Ti toda nuestra confianza, y desear solamente las cosas celestiales. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



FLOS SANCTORVM


DE LA FAMILIA CRISTIANA

Rezo del Santo Rosario: día lunes.


Hoy comenzamos la semana pidiendo a Nuestra Madre muchísimas bendiciones.

Nuestras peticiones de hoy son:

ü Por la conversión de los pecadores y la nuestra.
ü En reparación de las injurias cometidas contra el Inmaculado Corazón de María.
ü En reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Nuestro Señor Jesús es ofendido constantemente.
ü Por nuestros sacerdotes y acólitos.
ü Por muchas personas, que necesitan trabajo; que nuestro santo de hoy les acompañe y les bendiga en dicha búsqueda.
ü Por los países que sufren el flagelo de la violencia, en especial por Venezuela.
ü Por muchas familias católicas.
ü Por la pronta unión en matrimonio de Lara y Nico, que nuestra Madre del cielo los acompañe siempre.
ü Por los enfermos y por las personas que lo cuidan.
ü Por nuestros grupos católicos que son constantemente cerrados.
ü Por nosotros y nuestros pedidos personales…
ü Santo de hoy: San Cayetano, fundador. — 7 de agosto.



MISTERIOS GOZOSOS


1.     La Anunciación y la Encarnación del Verbo Divino. Fruto: La virtud de la humildad.
2.     La Visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel. Fruto: La caridad fraterna.
3.     El Nacimiento del Niño Jesús en el portal de Belén. Fruto: El espíritu de pobreza.
4.     La Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de Nuestra Señora. Fruto: La obediencia y la pureza.
5.     El Niño Jesús perdido y hallado nuevamente en el Templo. Fruto: Buscar siempre la voluntad de Dios.




domingo, 6 de agosto de 2017

CUARTO MISTERIO GOZOSO




“LA PRESENTACIÓN AL TEMPLO”


   A los 40 días de nacido Jesús, subió la que ya era la “Sagrada Familia” de Belén a Jerusalén, a cumplir en el Templo la ceremonia de la Presentación y la Purificación.


   Según la ley de Moisés todo hijo primero debía ser entregado a Dios; y después rescatado por sus padres con cinco monedas de cobre llamadas “ciclos” o círculos; y toda mujer que había dado a luz debía ir a recibir una bendición del sacerdote y ofrecer a Dios un sacrificio de un cordero y una paloma; o de dos palomas si era pobre. 


   María Purísima no necesitaba ser purificada, y este Primogénito, que era Dios, no necesitaba ser entregado a Dios; pero los ritos fueron observados, y allí sucedió otra de las “explosiones” religiosas que dijimos: 


un anciano llamado Simeón y una anciana llamada Ana Ben Fanuel reconocieron por revelación al Salvador de Israel; y no solamente prorrumpieron en alabanzas a Dios, sino que hicieron correr la gran noticia o “buena-nueva”, contándola a muchos otros.


   
   Puede ser que Simón haya sido el sacerdote que “tomando al Niño en brazos” lo levantó al cielo ofreciéndolo a Dios, como lo han figurado los pintores cristianos. Era un varón justo y piadoso a quien el Espíritu había revelado no moriría sin ver antes al Ungido del Señor; y el mismo Espíritu de Dios lo llevó al Templo y se lo mostró; por lo cual lleno de gozo alabó a Dios improvisando el siguiente cántico:


   “Ahora Señor te llevas a tu siervo en paz
Según tú promesa
Porque ya han mirado mis ojos
Al Salud-Dador tuyo
Que nos diste ante la faz
De todos los pueblos
Luz que ilumine a los Gentiles
Y gloria de Israel tu pueblo”.


   Y volviéndose a la Virgen María profetizó diciendo:
   “Mira, este ha sido puesto
Para tropiezo de muchos
Y resurrección de muchos
Y para blanco de contradicción
En Israel
Una espada traspasará tu alma
Y serán descubiertos los secretos
De muchos corazones”.

   Siete espadas halló el pueblo cristiano que fue, en la invocación de la Virgen de los Dolores; que los ingleses llaman Nuestra Señora de las Siete Espadas.

   En ese momento estaba allí Ana hija de Fanuel que tenía 84 años y había vivido viuda cerca de 60 años, sirviendo a Dios “en ayunos y oraciones” y sirviendo en el Templo “de donde no salía” dice san Lucas. Sirviendo ¿de qué? ¿De estorbo? Porque para vestir santos no era el caso, pues los judíos no tenían imágenes de santos ni vestidas ni no vestidas; al contrario, las tenían prohibidísimas. Lo probable es que enseñara el Catecismo, es decir, la Biblia; como indica ese nombre de “profetisa”; lo cual se puede hacer incluso a los 84 años; pues la educación judía consistía entonces en aprender de memoria los “recitados” de la Biblia, o algunos de ellos; y después escuchar las explicaciones de los “rabinos” o doctores; como veremos en el 5ºMisterio.



   El santo viejo Simeón dijo que Cristo venía para ser luz, revelación y gloria “de todos los pueblos”, no solamente de los Judíos sino también de los Gentiles; e incluso puso a los Gentiles por delante; como san Mateo, que era judío, cuenta la adoración de los Reyes Magos, en tanto que san Lucas, que era gentil, cuenta a su vez la adoración de los pastores judíos. Esta era una verdad dura para los judíos, los cuales querían la prerrogativa y como si dijéramos el monopolio de la Salvación; a pesar de que todos los profetas, encabezados por Isaías, habían pregonado esta misma verdad. Tan duro les era a los judíos esto de que los mismos “gohim” iban a entrar en el Reino de Dios, que aún después de la muerte y resurrección de Cristo; y de su mandato de “id y enseñad a todas las gentes”, hubo dificultades; y fue necesario a san Pedro mismo tener un sueño o visión que se lo mandara, para que se decidiera ir a Joppe a bautizar a un militar romano con toda su familia; olvidado ya quizás de que el mismo Cristo había elogiado al Centurión romano de Cafarnaúm, diciendo: “De verdad os digo que entre vosotros no he encontrado tanta fe como en este gentil; de verdad os digo que muchos vendrán del Oriente y del Occidente y se sentarán en el Reino de Dios con Abrahán, Isaac y Jacob; y muchos ahora hijos del Reino, serán arrojados fuera”.


   
   Nosotros que somos hijos de la Gentilidad hemos sido recibidos felizmente en la fe y en la Iglesia de Cristo; y los hebreos que rechazaron al Mesías Jesús fueron arrojados fuera; ¡y de qué manera! ¡Y por cuánto tiempo! Pero nosotros también si somos infieles, seremos arrojados fuera; y está escrito que algún día los judíos volverán a entrar; porque para Dios lo mismo es Pedro que Juan; y la salvación eterna no depende de la sangre ni de la raza, sino de la buena voluntad del hombre.

   Cristo fue realmente como dice Simeón, un estandarte, un signo de lucha; y por él se revelan los secretos del corazón de muchos; porque lo que es cada hombre por dentro, se manifiesta en la posición que toma con respecto a Cristo y su doctrina. De modo que aunque Él ha venido,
no para mal de ninguno
sino para bien de todos
en cuanto es de su parte, de hecho ha venido también para tropiezo y ruina de algunos —por culpa de ellos.

   El Evangelio no tiene pelos en la lengua, ni la menor sensiblería o blandenguería. “Dichoso el que no tropieza en mi” — dirá más tarde Cristo. El no atropella a nadie; pero el que se encuentra con él, o lo acepta o tropieza. ¿Y el que no lo encuentra? Todo hombre con uso de razón lo encuentra de algún modo y en algún momento de su vida.

   “Y su padre y su madre escuchaban con admiración las cosas que de Él se decían”. Su padre nominal y su madre natural eran grandes santos, pero no eran dioses; y la revelación de los misterios de Dios se hacía en ellos como en nosotros, progresivamente y con gran asombro.






DE NUESTRA SEÑORA

EL CONSENTIMIENTO DE LA VIRGEN



   “Fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: « ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios»”.


   Oíste, Virgen, el hecho; oíste el modo también; lo uno y lo otro son cosa maravillosa; lo uno y lo otro son cosa jubilosa. Gózate, hija de Sión, grita exultante, hija de Jerusalén. Y pues a tus oídos ha dado el Señor gozo y alegría, oigamos nosotros de tu boca la respuesta de alegría que deseamos, para que con ella entre la alegría y el gozo en nuestros huesos humillados. Oíste, vuelvo a decir, el hecho, y lo creíste; cree también lo que oíste acerca del modo. Oíste que concebirás y darás a luz un hijo, oíste que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta, porque ya es tiempo de que se vuelva al que lo envió.


   Esperamos también nosotros, Señora, esta palabra de misericordia, nosotros, condenados a muerte por la sentencia divina. Mira que se pone en tus manos el precio de nuestra salud; inmediatamente seremos librados si consientes. Por la palabra eterna de Dios fuimos todos criados, y a pesar de ello morimos; pero por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para no volver a morir.


   Esto te suplica, piadosa Virgen, el triste Adán, desterrado del paraíso con toda su miserable posteridad. Esto Abraham, esto David con todos los santos Padres tuyos, los cuales habitan en la región de la sombra de la muerte; esto mismo te pide el mundo entero postrado a tus pies. Y no sin motivo aguarda con ansia tu respuesta, porque de tu palabra depende el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salud, finalmente, de todos los hijos de Adán, de todo tu linaje.


   Virgen, da pronto tu respuesta. Señora, responde aquella palabra que esperan la tierra, el infierno y también los ciudadanos del cielo. El mismo Rey y Señor de todos, cuanto deseó tu hermosura, tanto desea ahora la respuesta de tu consentimiento, en la cual, sin duda, se ha propuesto salvar el mundo. A quien agradaste por tu silencio, agradarás ahora mucho más por tus palabras, pues Él te habla desde el cielo diciendo: “Hermosa entre las mujeres, hazme oír tu voz”. Si le haces oír tu voz, te hará ver nuestra salud. ¿Acaso no es esto lo que buscabas, por lo que gemías, por lo que orando día y noche suspirabas? ¿Qué haces? ¿Eres tú aquella para quien se guardan estas promesas o debemos esperar a otra?


   No; no. Tú misma eres, no otra. Insisto, tú eres aquella prometida, aquella esperada, aquella deseada, de quien tu santo padre Jacob, estando por morir, esperaba la vida eterna diciendo: “Tú salud esperaré, Señor”. En quién y por la cual Dios mismo, nuestro Rey, dispuso antes de los siglos obrar la salud en medio de la tierra. ¿Por qué esperarás de otra lo que a ti misma te ofrecen? ¿Por qué aguardarás de otra lo que en seguida se hará por ti, si das tu consentimiento y respondes una palabra? Responde ya al ángel o, mejor, al Señor por el ángel; responde una palabra y recibe la Palabra. Pronuncia la tuya y recibe la divina. Emite la transitoria y admite en ti la eterna. ¿Por qué tardas?, ¿qué recelas?


   Cree, di que sí y recibe. Cobre aliento ahora tu humildad, y tu vergüenza, confianza. De ningún modo conviene que tu sencillez virginal se olvide aquí de la prudencia. Sólo en este negocio no temas, Virgen prudente, la presunción, porque, aunque es agradable la vergüenza en el silencio, más necesaria ahora es la piedad en las palabras. Abre el corazón a la fe, Virgen bienaventurada, los labios al consentimiento, las entrañas al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes está llamando a tu puerta. ¡Ay si, deteniéndote en abrirle, pasa adelante, y después vuelves con dolor a buscar al amado de tu alma! ¡Levántate, corre, abre! ¡Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento!

“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”




   Siempre suele ser familiar a la gracia la virtud de la humildad, pues “Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes”. Responde, pues, humildemente, para preparar de este modo conveniente trono a la divina gracia. “He aquí, dice, la esclava del Señor”. ¿Qué humildad es esta tan alta que no se deja vencer de las honras ni se engrandece en la gloria? Es escogida por Madre de Dios, y se da el nombre de esclava. No es pequeña muestra de su humildad no olvidarse de la humildad en medio de tanta gloria como le ofrecen. No es cosa grande ser humilde en el abatimiento, pero es muy grande y muy rara ser humilde en el honor (…)


   Oigamos, pues, los que somos así, lo que responde aquella Señora que era elegida para Madre de Dios, pero que no se olvidaba de su humildad. “He aquí, dice, la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Esta palabra, hágase, significa el deseo que la Virgen tenía de este misterio y no una duda de lo prometido. Por lo cual, el hágase en mí según tu palabra, debe entenderse más como expresión del afecto de la persona que desea, que como indagación del modo como se realizará el efecto en la persona que duda. Aunque nada impide que digamos que es palabra de oración, pues nadie pide orando sino lo que cree y espera. Quiere Dios que le pida aun aquello que promete. Y por eso, acaso, muchas cosas que dispuso dar, las promete primero, para que se excite la devoción por la promesa; y de tal forma lo mismo que había de dar gratuitamente, sea merecido por la oración devota.


   Así, el piadoso Señor, que quiere que todos los hombres se salven, saca de nosotros, para nosotros mismos, los méritos, y, anticipándose a darnos aquello con que nos recompensa, gratuitamente hace que esto no sea de balde.


   Esto sin duda entendió la Virgen prudente cuando, al anticipado don de la gratuita promesa, juntó el mérito de su oración diciendo: “Hágase en mí según tu palabra”. Hágase en mí del Verbo, según tu palabra. El Verbo que en el principio estaba en Dios, hágase carne de mi carne según tu palabra. Hágase en mí, suplico, la Palabra; no pronunciada, que pase, sino concebida, que permanezca; vestida ciertamente no de aire, sino de carne. Hágase en mí no sólo perceptible al oído, sino también visible a los ojos, palpable a las manos, fácil de llevar en mis hombros. No se haga en mi palabra escrita y muda, sino encarnada y viva; esto es, no escrita en mudos caracteres, en pieles muertas, sino impresa vitalmente en forma humana en mis castas entrañas, y esto no con el rasgo de una pluma, sino por obra del Espíritu Santo. 


   Para decirlo de una vez, hágase para mí de aquel modo con que para ninguno se ha hecho hasta ahora antes de mí y para ninguno después de mí se ha de hacer. “De muchos y varios modos habló Dios en otro tiempo a nuestros padres por sus profetas”, y también se hace mención en las Escrituras de que la Palabra de Dios se hizo para unos en el oído, para otros en la boca, para otros aun en la mano; pero yo pido que para mí se haga en mi seno según tu palabra. No quiero que se haga para mí predicada retóricamente, o significada figuradamente, o soñada imaginariamente, sino inspirada silenciosamente, encarnada personalmente, entrañada corporalmente. El Verbo, pues, que ni puede hacerse en sí mismo ni lo necesita, dígnese en mí, dígnese también para mí ser hecho según tu palabra. Hágase desde luego generalmente para todo el mundo, pero hágase para mí, particularmente, según tu palabra.     


San Bernardo de Claraval




LA GLORIOSA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR. — 6 de agosto


En este día celebra la santa Iglesia el misterio altísimo y regaladísimo de la Transfiguración de nuestro Señor Jesucristo. Había avisado el Salvador a sus discípulos que padecería mucho en Jerusalén de los escribas y príncipes de los sacerdotes, y que moriría en sus manos y que después de muerto había de resucitar. Y para que cuando le viesen morir no se escandalizasen y entendiesen que era Señor de la vida y de la muerte, quiso el divino Redentor transfigurarse y darles un breve gusto de su gloria y una como muestra de la bienaventuranza que habían de alcanzar. Para esto tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan su hermano, los cuales habían de presenciar más de cerca los dolores de su pasión, y los llevó al monte Tabor. Habiéndose puesto allí en oración, se transfiguró delante de aquellos discípulos, y vieron su rostro resplandeciente y glorioso, y todo el cuerpo más claro que el mismo sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve. Vieron juntamente a Moisés y a Elías que estaban a sus lados y le tenían en medio, hablando con Él de la pasión y muerte que para cumplir las profecías había de padecer en Jerusalén. Y al haber el Salvador mostrándose glorioso con aquella nueva claridad en el monte, llaman los evangelistas transfigurarse, porque aunque no tomó otra forma ni figura, pero alteró la que antes tenía, dándole aquel nuevo resplandor y maravillosa claridad. Al tiempo que Moisés y Elías se partían y despedían de Cristo, dice el evangelista san Lucas que san Pedro, como más fervoroso y que con más disgusto oía hablar de la pasión y muerte de su maestro, le dijo: Señor, bien estamos aquí; hagamos en este monte tres moradas: una para vos, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía; porque se contentaba con sola aquella vista de la gloria del cuerpo del Señor, y tenía la por suma bienaventuranza, no siendo más que una gota de aquel río que alegra la ciudad de Dios y un pequeño reflejo de aquella gloria que hace bienaventurados a los moradores del cielo. Mientras estaba hablando san Pedro, súbitamente vino una nube del cielo clara y resplandeciente, que hizo sombra al Señor, y sonó en ella una voz que dijo: “Este es mi Hijo muy amado, en el cual siempre me he agradado; oídle a Él”. Y al sonar esta voz magnífica y testimonio divino del Padre Eterno, los apóstoles, despavoridos y llenos de temor y estupor, cayeron sobre sus rostros en tierra quedando fuera de sí y como muertos; mas entonces el Salvador se llegó a ellos y los tocó con la mano y les dijo que se levantasen y no temiesen; y bajando después del monte les mandó que no descubriesen ni dijesen a nadie lo que habían visto hasta que Él hubiese resucitado; y así lo callaron los apóstoles, como dice San Lucas, “hasta que el Señor hubo resucitado de entre los muertos”.

Reflexión: Siendo la gloria de Cristo el galardón de nuestras buenas obras y padecimientos, vivamos en este valle de lágrimas de tal suerte que merezcamos verle en el monte alto del cielo, no transfigurado, como le vieron los tres apóstoles en el monte Tabor, sino como Él es, y como es glorificador y remunerador de todos sus escogidos, donde como se dice en la Escritura, no hay llantos ni gemidos ni dolores, ni trabajo alguno, sino que todo es júbilo y gloria y felicidad cumplida y eterna.

Oración: Oh Dios que en la gloriosa Transfiguración de tu unigénito Hijo con la autoridad de los profetas confirmaste los ocultos misterios de la fe, y con la voz salida de una resplandeciente nube, admirablemente nos diste a conocer la perfecta adopción de hijos; concédenos la gracia de ser coherederos del Rey de la gloria y la participación de su misma bienaventuranza. Por Jesucristo, tú mismo Hijo y nuestro Señor. Amén.




FLOS SANCTORVM


DE LA FAMILIA CRISTIANA.

Rezo del Santo Rosario: día domingo.


Hoy día dedicado a la Santa Misa y a Nuestro Señor.

Nuestras peticiones de hoy en comunidad son:

ü Por la conversión de los pecadores y la nuestra.
ü En reparación de las injurias cometidas contra el Inmaculado Corazón de María.
ü En reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Nuestro Señor Jesús es ofendido constantemente.
ü Por nuestros sacerdotes y acólitos.
ü Por los países que sufren el flagelo de la violencia, en especial por Venezuela.
ü Por muchas familias católicas.
ü Por la pronta unión en matrimonio de Lara y Nico, que nuestra Madre del cielo los acompañe siempre.
ü Por los enfermos y por las personas que lo cuidan.
ü Por nuestros grupos católicos que son constantemente cerrados.
ü Por nosotros y nuestros pedidos personales…
ü Hoy: La gloriosa Transfiguración del señor. — 6 de agosto


MISTERIOS GLORIOSOS

1.    La Resurrección en gloria de Nuestro Señor Jesucristo. Fruto: La Fe.
2.    La ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los cielos. Fruto: La Esperanza y el deseo del Cielo.
3.    La Venida del Espíritu Santo sobre María Santísima y los Apóstoles. Fruto: La Caridad y los Dones del Espíritu Santo.
4.    La Asunción de María Santísima en cuerpo y alma al cielo. Fruto: La gracia de una buena muerte.
5.    La Coronación de María Santísima como Reina y Señora de todo lo creado. Fruto: La verdadera devoción a la Santísima Virgen.



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