martes, 25 de marzo de 2025

ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR - SOLEMNIDAD - 25 DE MARZO.

 



La fiesta de la Anunciación es muy antigua y siempre ha sido considerada una de las más grandes.

En tiempos de San Agustín, como él mismo afirma, ya estaba fijado el 25 de marzo.

El X Concilio de Toledo, en el año 656, llama a la solemnidad de este día “la fiesta por excelencia de la Madre de Dios, la gran fiesta de la Virgen”.

Por coincidir esta solemnidad con el momento de la Pasión, la iglesia de Toledo la fijó el 18 de diciembre y la de Milán el domingo anterior a Navidad.

Pero como la Iglesia romana, en el siglo IX, la colocó en su propio día, fue imitada por las demás.

La fiesta de la Anunciación del Ángel a la Virgen María se celebra desde el siglo V en Oriente y desde el siglo VI en Occidente, nueve meses antes de Navidad, y se traslada cuando coincide con Semana Santa o en domingo.

 



 

LA FIESTA

 

Hoy celebramos la fiesta establecida para el 25 de marzo.  Celebramos el misterio de la encarnación de Jesús. El Arcángel Gabriel va a Nazaret y, ante la Virgen María, le manifiesta el deseo de Dios: que por obra y gracia divina se convierta en la madre del Salvador. María, aunque no comprendía la profundidad del misterio, se declaró totalmente dedicada a cumplir la voluntad del Señor.

 

María era una joven sencilla, comprometida con José, un carpintero del linaje de la casa de David. María quedó turbada al recibir el aviso del ángel de que había sido elegida para dar a luz al Hijo de Dios, a quien debería llamar Jesús, y que Él había sido enviado para salvar a la Humanidad y cuyo Reino sería eterno.

 

Con su sí, María aceptó la dignidad y el honor de la maternidad divina, pero al mismo tiempo también los sufrimientos y los sacrificios que a ella iban ligados. Ella se declaró dispuesta a cumplir la voluntad de Dios en todo, como su sierva.

Por eso la fecha de hoy marca y celebra este acontecimiento, que es uno de los misterios más sublimes e importantes de la historia del hombre sobre la Tierra: la llegada del Mesías, profetizado siglos antes, varias veces.

 

 


ILUMINACIÓN BÍBLICA EN NUESTRAS VIDAS

 

Ante la grandeza del misterio de la divina encarnación, nuestra reacción es de admiración y de fe.

 

Esto se ve respaldado por el pasaje de la Anunciación según Lucas 1:36-38: «También Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es el sexto mes para ella, que se decía que era estéril. Porque nada es imposible para Dios. Entonces María dijo: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Estas palabras del ángel Gabriel nos llevan mucho más allá de la razón.

La señal divina que fue dada es el milagro realizado en Isabel.

 

¡Arrodillémonos ante Dios, ante su misterio, y demos gracias por el sí de María! Y con Ella, con nuestra Madre divina, tengamos el coraje y la confianza de decir también sí al proyecto del Padre.

 

 


 

Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José. El nombre de la virgen era María. Y llegando a donde estaba ella, dijo: ¡Salve, llena eres de gracia! El Señor es contigo. Ella se turbó por sus palabras y se preguntaba qué clase de saludo sería este. El ángel le dijo: «María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y concebirás, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su padre David. Reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: ¿Cómo será esto, siendo virgen? El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por lo cual también el Santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios. 36 Y tu parienta Elisabet también ha concebido un hijo en su vejez, y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril. Porque nada hay imposible para Dios». Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra.

 


Dios, Padre santo,

que en tu benigna providencia

quisiste que tu Verbo tomara

verdadera carne humana

en el seno de la Virgen María,

concédenos que,

celebrando a nuestro Redentor

como verdadero Dios y verdadero hombre,

merezcamos también participar de su naturaleza divina.

Por nuestro Señor Jesucristo,

tu Hijo,

que es Dios contigo

en la unidad del Espíritu Santo.

 

 


 

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

es en verdad nuestro deber y

nuestra salvación darte gracias

siempre y en todo lugar,

por Cristo nuestro Señor.

 

Por la Anunciación del mensajero celestial,

la Virgen Inmaculada acogió con fe tu Palabra

y por la acción admirable del Espíritu Santo

llevó en su seno con amor inefable

al Primogénito de la nueva humanidad,

venido a cumplir las promesas hechas a Israel

y a revelarse al mundo como esperanza de todos los pueblos.

Por eso, con los Ángeles,

que adoran tu majestad y exultan eternamente en tu presencia,

proclamamos tu gloria,

cantando a una sola voz:

Santo, Santo, Santo...

 

 


 

SEÑOR,

GRACIAS POR VENIR AL MUNDO A SALVARNOS.

 

SEÑOR,

GRACIAS POR ELEGIR A MARÍA COMO VUESTRA MADRE Y NUESTRA.

 

SEÑOR,

GRACIAS POR LA IGLESIA QUE COMIENZA A NACER HOY EN EL VIENTRE DE MARÍA.

 

QUE VUESTRA IGLESIA CATÓLICA, APOSTÓLICA Y ROMANA,

QUE NACIO DESDE QUE VINISTE AL MUNDO,

QUE, CON TU FUERZA,

SEA LUZ Y PODER EN ESTE MUNDO RODEADO

DE TINIEBLAS Y FALSOS PROFETAS Y FALSAS IGLESIAS.




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