Por Lucio Marmolejo.
Decretado por Lllmo. Sr. Lic. D. Clemente de Jesús Munguía, Obispo de Michoacán, así lo decretó y firmó. México 26 de Diciembre de 1851.
Librería de Rosa y Bouret, 18 calle San José el Real 18. 1868. Propiedad de los editores.
DIA TREINTA: 30 de mayo.
Visita a la Imagen de NUESTRA SEÑORA DEL ZAPE, que se
venera en la iglesia del pueblo de este nombre.
Esta Santa Imagen, que algunos suelen llamar Nuestra
Señora de los Mártires, por los religiosos que murieron en la sublevación de
los Tepehuanes, es sin duda la más venerada de todo el Estado y Diócesis de
Durango, siendo muchos los peregrinos que constantemente la visitan.
He
aquí su historia:
Estaba en las
misiones de Tepehuana el Padre Juan del Valle, que era devotísimo de la
Santísima Virgen, y la celebraba siempre con cuanta magnificencia podía: para
más promover el culto de la Señora, mandó hacer a México una bellísima Imagen
suya el año de 1616, y preparó entonces la fiesta con mayor solemnidad, para
colocar la Santísima Imagen en la iglesia del pueblo del Zape. Pero sobrevino la
espantosa sublevación de los indios tepehuanesa, y en 18 de Noviembre del
citado año 1616, entraron a dicho pueblo, dieron muerte a todos los misioneros,
y destruyeron la Santa Imagen, ultrajándola mucho y arrojándola por fin
despedazada en un pozo. Sabiendo esto un capitán que se hallaba en Guanacebí,
hizo voto a Dios de que, si le libraba de los indios, mandaría hacer otra Imagen
de la Santísima Virgen, y la adornaría cuanto pudiese. Esta Imagen a quien se
consagra este día, fue hecha, en efecto, en cumplimiento del voto, y colocada
con gran pompa en la iglesia del pueblo del Zape tan luego como calmó la
tempestad, siendo desde luego el amparo y consuelo de aquel pueblo y sus
contornos y de todo el Estado de Durango; de suerte que, según dijimos, esta
iglesia es el Santuario más venerado de todo él.
El autor del «Zodiaco
Mariano» asegura ser muchos los prodigios obrados por medio de esta
Soberana Imagen; de sanidades de
enfermedades peligrosas, de haberse libertado muchos caminantes de inminentes
peligros, y otros varios que no especificamos por no haberlos encontrado
descritos.
VIDA DE MARÍA
Asunción de la Santísima Virgen.
Murió María, y su cadáver Sacratísimo está ya depositado
en un lúgubre sepulcro; pero ¿qué será posible que allí permanezca hasta el día de la
resurrección general? Él cuerpo que llevó en su seno al Redentor, el
cuerpo que alimentó con la leche de sus purísimos pechos al Hijo del Altísimo,
el cuerpo castísimo de María, cuya pureza superó a la de los espíritus
celestiales, ¿podrá ser pasto de gusanos? ¿podrá
ser vuelto a la tierra de que fue formado? ¡Oh! no,
mil veces no: Dios extiende su omnipotente mano sobre
ese cuerpo, María resucita, sale triunfante del sepulcro; es asunta al cielo, y
toma posesión de un trono muy cerca del solio de la Santísima Trinidad.
IMM0RTALIDAD DE MARÍA
María, inmarcesible Siempreviva.
(Aizóon canariense)
La planta de la siempreviva, según lo indica su mismo
nombre, permanece fresca y lozana en todas las estaciones del año; jamás pierde el jugo de sus hojas,
nunca se aja, ni se marchita: he aquí por qué los poetas la han escogido con
muy justa razón, para simbolizar la inmortalidad. Nosotros
representémonos hoy a María como lozana siempre viva, inmortal, porque su
santísimo cuerpo jamás se marchitó; inmortal porque vive y vivirá en el cielo,
que es la mansión de los vivientes, por toda una eternidad: inmortal, porque su
memoria no se acabará jamás entre los hombres que la proclamamos nuestra vida,
nuestro amparo y nuestra felicidad, porque es nuestra Madre.
ORACIÓN
¡Sacratísima
Virgen María, Madre y Señora nuestra! llenos de admiración te
contemplamos hoy resucitada y asumpta al cielo en cuerpo y alma, para tomar posesión
del trono sublime de que te hicieron digna tus heroicas virtudes. Los espíritus
celestiales se ven unos a otros llenos de admiración, y se preguntan asombrados:
¿quién es esta que sube del desierto, hermosa como
la Luna, escogida como el Sol, y terrible como un ejército en orden de batalla?
Por esa única y singular prerrogativa que te concedió el Señor, te suplicamos humildemente, que nuestras
almas suban al cielo, así como tú subiste en cuerpo y alma, para alabarte y
bendecirte en aquella mansión de las eternas delicias por todos los siglos. Amén.
ORACIÓN
Que se dirá todos los días antes de la meditación.
Advierte, alma mía, que estás en la presencia de Dios, mas íntimamente presente a Su Majestad, que a ti misma. Está mirando él Señor todos tus pensamientos, afectos y movimientos interior y exteriormente. Lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más: pobre, miserable é inmunda, con la abominable lepra de todos los pecados con que has ofendido hasta aquí su infinita bondad. Pero el Señor, obligado del peso de su misma infinita misericordia, desea más que tú misma darte el perdón general de todas tus culpas y el logro de esta meditación. ¿Qué hicieras, si supieras que era la última de tu vida? Puede ser que no tengas otra de tiempo tan oportuno. Ahora puedes conseguir con un pequé de corazón, lo que no conseguirán con eterno llanto los condenados en el infierno, que es el perdón de tus pecados. Alerta, pues: no pierdas tiempo tan precioso, por amor de Dios.
Creo, Señor, que estáis íntimamente presente a mi corazón. Os doy las gracias por los innumerables beneficios que he recibido, y recibo en cada instante, de vuestra infinita liberalidad y misericordia, especialmente porque me habéis conservado hasta aquí la vida, habiendo yo merecido tantas veces las penas del infierno por mis pecados. Concededme, Padre amorosísimo, un corazón agradecido a vuestras grandes misericordias, y el logro de esta meditación, a mayor honra y gloria vuestra y bien de mi alma. Esté yo en vuestra divina presencia con la humildad, atención y reverencia de alma y cuerpo que corresponde en una vilísima criatura, cual yo soy, que tantas veces os ha despreciado con ofenderos en vuestra misma presencia. Detesto de todo corazón mis pasadas ingratitudes; las aborrezco, por ser ofensas de vuestra infinita bondad: me pesa en el alma de haberos ofendido, por ser quien sois. Quisiera deshacer todos mis pecados, por ser desprecio de un Dios infinitamente bueno. Dadme, Criador y Dueño mío amabilísimo, verdadera contrición de todos mis pecados, y propósito firmísimo de la enmienda.
Bien conozco que no hay en mí otra cosa que la nada, y sobre la nada el pecado. No soy en vuestra divina presencia más que un condenado, y condenado tan innumerables veces, cuantas he repetido las ofensas de vuestra infinita bondad. Compadeceos, Dios mío, de mis tinieblas: no permitáis que pierda tiempo tan oportuno. Enseñadme a tener oración; regid mi memoria; alumbrad mi entendimiento; moved mi voluntad. Obligaos de vuestra misma bondad y de los méritos infinitos de vuestra Santísima vida, pasión y muerte, y de los méritos é intercesión de vuestra Santísima Madre. Poned, Señora, en mi corazón aquellos pensamientos, afectos y determinaciones que son del agrado de vuestro Santísimo Hijo.
MEDITACIÓN
1°—Meditemos en la gloriosa Asunción al cielo de
la Santísima Virgen María: contemplémosla
resucitada triunfante, que salió del sepulcro y fue elevada majestuosamente al
cielo, en alas de los espíritus celestiales, y démosle los más afectuosos
parabienes por tan extraordinario y singular honor.
2º—Demos humildes y rendidas gracias a Dios Nuestro Señor,
por este nuevo y magnífico don de su omnipotencia
infinita en favor de María Santísima, pues quiso
glorificar, no solamente su purísima alma, sino también su sagrado cuerpo, no
permitiendo que esperase la resurrección universal para ir al cielo.
3º—Pongamos a la vista de la misma Gran Señora todos
estos singulares honores que Dios le concedió, y pidámosle por ellos que nos mire con ojos de misericordia, que nos
proteja en las adversidades, que nos defienda en las tentaciones, y que nos
salve a la hora de nuestra muerte.
CANTO
Se alzó la Virgen como el Sol
radiante
Y su sepulcro lúgubre dejó,
Y la luz de su cuerpo fulgurante
Del arcángel la vista deslumbró.
Se alzó como se alza vencedora
La palma entre las flores del jardín,
Y postrado a los pies de su Señora,
Se humilló en su presencia el querubín.
Vinieron los espíritus del cielo
Cual pueblo ante caudillo triunfador,
Y a la Virgen alzaron desde el suelo
Hasta cerca del trono del Señor.
Los ángeles de asombro se
extasiaban
Al contemplar tan singular Mujer,
Y unos a otros luego preguntaban
Quién aquella Criatura podría ser.
¿Quién es,
decían, quién es esta Criatura
Bella como de aurora el arrebol,
Como la Luna y las estrellas pura,
Brillante y escogida como el Sol?
¿Quién
es esta que sube del desierto
En brazos de su Amado y su Señor,
Que abandonando su sepulcro yerto
Viene á reinar á la eternal mansión?
¡Ah! la Madre de Dios es la que sube,
Que sobre cielo y tierra va a reinar:
Por eso encima de una blanca nube,
En el espacio la miráis vagar;
Por eso veis que a recibirla viene
Hasta la tierra el eternal Jehová,
Y la conduce al trono que le tiene
Junto a su solio preparado ya.
PRÁCTICA PARA MAÑANA
La tercera parte del Rosario de misterios gloriosos.







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